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Aniversario de Monclova: “Nos divertíamos aquí en la plaza, había el cine Hidalgo”

  Por Silvia Mancha

Publicado el miércoles, 12 de agosto del 2009 a las 14:00


Doña Elba Contreras, como expresidenta del Hospital Campo San Antonio y del Asilo de Ancianos

Monclova, Coah.- Doña Elba Contreras, como expresidenta del Hospital Campo San Antonio y del Asilo de Ancianos, es parte de la transformación de Monclova quizá por su carácter fuerte y entrón.

La mujer, en su juventud vio nacer Altos Hornos de México y juntas, Doña Elba y la planta no sólo alcanzaron la madurez, sino que dieron frutos. A la siderúrgica le debe el haber conocido a Don Luis Saldaña, su difunto esposo, quien le construyó el hogar donde ha vivido 60 de los 87 años de su vida.

Nacida en 1922 en Piedras Negras, Coahuila, Doña Elba aclara que nació allá por casualidad, porque su mamá Doña Antonia Campos estaba de visita en casa de sus abuelos, pero que su infancia la vivió en Monclova.

En el Monclova de ayer, en el que uno de los mayores atractivos era el Río Monclova, por donde pasaban grandes cantidades de agua. En el Monclova de color oscuro, verde por tanto nogal que había. En el Monclova que exportaba nuez en vez de acero.

“Se llamaba la Feria de la Nuez porque había mucha nuez, esto era una cosa que tu veías, oscuro, verde todo por tanto nogal que había, de aquí embarcaban cajas de nuez para Estados Unidos para otras partes”, relató.

Hija de padre ferrocarrilero, en el hogar de Doña Elba no había apuro. “Jugábamos a la pelota y al bebeleche, papá de aquí se iba a Frontera en el tranvía a tomar el pasajero que salía a la 1 de la tarde, iba a Piedras Negras o Saltillo, de allá lo ganchaban a México, en el tren papá primero fue de pasacarbón y después fue maquinista”, contó.

“Yo iba al colegio La Corregidora, que estaba frente a la iglesia, yo vivía en la calle Allende, en unas casas donde ya tumbaron todo porque se estaba cayendo, en donde está el kasbah en la calle Zaragoza hasta la esquina, era un solar grande y cuando venían los circos ahí metían todas las jaulas de los animales, por cierto que una vez yo andaba arriba de la pared y se salió un tigre, salió corriendo y se metió en la casa de una viejita y luego los cirqueros me decían: No se baje, no se baje, ahí quédese, no se mueva, y se metieron corriendo a la casa de la viejita y ahí con lanzas y todo pescaron al tigre y ya salieron con el tigre y entonces mi mamá me dio unos buenos…”, relató.

La infancia de Doña Elba transcurrió entre buenos momentos, en una ciudad en la cual incluso no hacía tanto calor como ahora, donde las carencias y la inseguridad asomaban el rostro.

“Nos divertíamos aquí en la plaza, había el cine Hidalgo, había bailes en el casino, hacían las posadas en diciembre, el 16 de septiembre se hacía una kermes en la plaza y nosotros hacíamos la cárcel, los presos, vendían confeti, serpetinas y también en la plaza se hacía la Feria de la Nuez”, recordó.

VIO NACER AHMSA

Cuando Doña Elba tenía unos 18 años, vio nacer altos Hornos de México. Dice que por medio de volantes avisaron que venía un tren cargado con todos los fierros que venían de Estados Unidos para ensamblar lo que ahora es Altos Hornos de México.

“Todo Monclova, todos los ricos y los pobres, todos fuimos a Frontera a esperar el tren que ya venía con todo lo de Altos Hornos y nosotros fuimos porque venía de maquinista el Señor José Contreras, mi papá venía manejando el tren”.

“Desmontar y bajar todos los fierros del tren les llevó mucho tiempo, pusieron una vía hasta donde está Altos Hornos y así empezaron hasta que se hizo la primer vaciada y luego la otra, para entonces yo ya estaba grande”.

A la siderúrgica Doña Elba Contreras le debe el haber conocido a Don Luis Saldaña García, su difunto esposo, con quien procreó a sus hijos, Luis, Cecilia, María Teresa y Yolanda, ahora adultos.

Don Luis Saldaña, de quien asegura es fundador de la Sección 147 en la ciudad, llegó a Monclova de Nuevo León para trabajar en Altos Hornos.

“Yo fui de las primeras que viví en las casas de la colonia La Loma porque mi esposo tenía el departamento de Mantenimiento Eléctrico General de la planta a su cargo, entonces el señor Pape quería que viviera cerquita para que cuando se descompusiera algo, llegara rápido a Altos Hornos de México”.

“Le dieron un jeep ya viejo para que se fuera de ahí, no era muy lejos de La Loma a Altos Hornos, ahorita se hace más largo porque está muy enredado todo”.

Su carácter fuerte y entrón además su ánimo por ayudar, fueron según Doña Elba quizá lo que provocó que la invitaran cuando se iba a fundar el campo San Antonio.

“Yo creo que como me veían que siempre andaba en la kermes, que vendía flores, nieve o lo que vendiéramos, yo creo que le dijeron a la señora Pape que yo era muy activa y me invitó, eran puras señoras grandes”.

“Yo fui presidenta del Campo San Antonio, también fui presidenta del Asilo de Ancianos, fui de las fundadoras de la Cruz Roja, también del Instituto Central Coahuila junto con el ingeniero Beyer, mi esposo, el señor Gustavo Galaz, Luis Barranco”, dijo.

Junto con AHMSA, Monclova se pobló. Llegó gente de todas partes para trabajar en la planta, no había ya casas dónde vivir, la gente se amontonaba como podía.

“Mi mamá rentaba casas y le hicieron un jacal con techo de zacate en el patio porque los jacales son muy frescos, lo tenía para guardar cosas y ahí se iban a dormir la siesta, no hacía tanto calor como ahora, pero a última hora una señora que vino de Progreso, de donde era mi mamá se lo rentó”.

También con la llegada de AHMSA, las fiestas se animaban más y había más manera de sacar dinero para fundar escuelas, hospitales, lo que fuera, fue entonces que la señora Pape invitó a Doña Elba Contreras para que ayudara porque se iba a fundar el Hospital Campo San Antonio, que dejó de funcionar cuando llegó el Seguro Social.

“Luego la señora Pape nos dio el Campo San Antonio para el asilo, ahora ya tenemos asilo aquí,todo este tiempo hemos luchado por escuelas, todavía no me casaba cuando estuve en el Patronato del Colegio México-Americano cuando empezó, también sin ser alcohólica ayudé para que se abriera en Monclova la primera oficina de Alcohólicos Anónimos”.

Sin embargo, esta monclovense reconoce que así como la industria trajo cosas buenas para su pueblo, hubo otras que no fueron tan buenas, como el hecho de que haya sido el fin del Río Monclova y de los nogales.

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