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Agencias
Publicado el domingo, 10 de febrero del 2013 a las 02:53
Revista ‘Caras’ | Saltillo, Coah.- Tenía 5 años cuando leyó su primer libro, y a los 10 escribió sus primeros cuentos, al mismo tiempo que soñaba con ser torero en su natal Saltillo. Actualmente, el periodista de 74 años escribe sus columnas políticas en más de un centenar de publicaciones, y también promociona su reciente libro sobre la vida de Antonio López de Santa Anna.
“Nací el 8 de julio de 1938 en Coahuila, y aunque ya voy por los 75 años, estoy viviendo una gozosa segunda juventud, incluso creo que mejor que la primera. No sé si he vivido bien, pero he gozado mucho toda mi existencia”, mencionó el escritor, a quien entrevistamos en la librería Porrúa de Polanco.
Entre risas y tazas de café. Catón nos compartió algunas de sus anécdotas más significativas a lo largo de 60 años en el mundo de las letras, del que dice, no se piensa retirar.
-¿Cómo fue su infancia en Saltillo?
“Fue muy feliz, aunque éramos pobres, pero no nos dábamos cuenta. Aprendí que la felicidad no depende de lo que tenemos, sino de lo que podemos imaginar y vivir. La casa de mis padres era de una condición humilde, no diré que pobre, para no caer en el dramatismo, pero bueno, mi padre era un empleado de oficina que ganaba escasamente lo suficiente para mantener los gastos de la casa. Éramos a la vez muy ricos porque en mi casa había libros, y esa era una riqueza que yo notaba que faltaba en otros hogares mejores que el mío.
“Tengo tres hermanos, uno mayor y dos menores. Saltillo era una ciudad tranquila donde todos nos conocíamos. Cuando mi hermano menor nació, yo tenía 6 años, así que mi madre me mandó con los vecinos a decir: ‘dice mi mamá que le diga a usted que ya tiene un nuevo criado a quien mandar’. Ponía a sus órdenes al nuevo inquilino; era la usanza de aquellos tiempos”.
-¿A qué edad leyó su primer libro?
“A los 5 años; se llama “El Filtro de los Califas”, de Emilio Salgari , es sobre los piratas de Malasia. Lamento que la nueva generación no lea y que sólo esté inmersa en las nuevas tecnologías. Creo que la mayor herencia que aquellos tiempos me dejaron fue la lectura, porque mis padres eran devotos lectores”.
-¿Qué quería ser de grande?
“Todos mis compañeros y yo queríamos ser toreros, porque las figuras taurinas eran lo máximo, eran famosísimas. Se hablaba mucho de ellas, pues además salían en estampas que coleccionábamos celosa y entusiastamente, así que creo que mi primera vocación fue la de ser torero. Creo que más que ser escritor me hubiera gustado ser un buen banderillero”.
-¿Por qué optó por estudiar leyes?
“Porque era la única profesión que se enseñaba en mi ciudad en la que no había números, pues aunque me seducen, no tengo ningún talento para las matemáticas. Sistemáticamente las reprobé a todo lo largo de la primaria y la secundaría, así que cuando supe que en el bachillerato de humanidades no había aritmética y álgebra, en automático me inscribí. Soy abogado y estoy contento con mi profesión, porque la formación académica es muy buena, de hecho también estudié francés y traduje desde documentos jurídicos hasta novelas. También aprendí latín y griego”.
-¿En qué momento descubrió su fascinación por la lectura?
“Tengo el primer texto que escribí, un intento de libro dedicado a los niños que está fechado el 8 de julio de 1948, el día que cumplí 10 años. Soy de los pocos escritores que pueden mostrar la prueba documental del principio de su ejercicio periodístico. Mi gusto por la literatura empezó cuando tuve la inquietud de escribir en un periódico. Empecé con una columna que se llamó ‘Entre Usted y Yo’”.
-¿Cómo surge ‘De Política y Cosas Peores’?
“Mirador era una columna muy leída, pero noté que no llegaba a cierto sector de lectores muy importante: las mujeres, quienes no me leían mucho. Eso me afligía porque tampoco los jóvenes lo hacían. Tenía que hacer algo para cambiar eso y pensé en el humor, porque a los mexicanos nos gusta reírnos hasta de nosotros mismos. Otro elemento que no falta en nuestra vida es el sexo, así que al mezclar estos ingredientes con la política pude llegar a todos los públicos. Desde que nació, en 1974, ha mantenido la misma línea editorial”.
-¿Qué opina sobre las controversias que surgen al escribir sobre temas como política y sexualidad?
“Recibo muchas cartas y mensajes, sobre todo de mis lectores, quienes a veces se quejan porque mis chistes son un poco subidos de color. Me reprenden y hasta me dicen: ‘Debería usted aprender de su colega de la columna de abajo, el señor Armando Fuentes Aguirre, que escribe ‘Mirador’; él es un hombre espiritual, elegante y educado’”. ¡No saben que somos la misma persona! ”. (Risas)
-¿Cree usted que la política es una de las peores cosas de la sociedad?
“A veces me arrepiento de haberle puesto ese nombre a mi columna porque da esa idea: que la política es mala, pero no es cierto, la vocación política es hermosa, pero cuando se ofrece para hacer cosas buenas. Es la oportunidad máxima para hacer el bien a un mayor número de personas, es una lástima que no se ejerza como debe ser, porque es un medio para tener poder, pero se tuerce cuando pierde su esencia. Lo peor de ella, y más en México, son los políticos. Tenemos muchos partidos, muy ricos, pero con una población gobernada muy pobre”.
-¿Cómo surge ‘Catón’ como seudónimo?
“Ese seudónimo, apodo, mote o remoquete no me gusta porque yo no lo elegí. Esto es algo que confieso por primera vez: me lo puso el primer director del periódico para el que escribí. ‘Catón’ fue un personaje severo y áspero de la antigua Roma, alguien que censuraba salvajemente las costumbres de sus contemporáneos. Yo no soy así, yo soy benévolo y tolerante con los defectos de mi prójimo, pero me conocen más por ‘Catón’ que por mi propio nombre; incluso me ha pasado que me presentan como Armando Fuentes Aguirre y me dicen con indiferencia: “mucho gusto”, pero cuando agregan que soy ‘Catón’, me dicen “¡guau!”, me abrazan y me felicitan. No puedo dejar de llamarme así ahora”. (Risas)
-¿De dónde salen todos esos chistes?
“Tengo que aclarar que no son un gancho para que me lean, sino para reflejar el espíritu vital de los mexicanos de siempre reír, pero recuerdo que cuando empecé a escribir la columna imaginé que se me iba el sueño pensando en lo que les iba a escribir a mis cuatro lectores. No se acaban nunca los chistes, siempre surgen más y más. Me fío de mi memoria para no repetir, porque no llevo un archivo; temo caer en la tentación de recurrir a ellos y publicarlos otra vez cuando ande de prisa”.
-¿Cómo surgen todos los personajes que aparecen en su columna?
“Se originan en una anécdota real. En un principio usaba nombres raros en mis chistes que podían ser cómicos, pero dejé de hacerlo porque una vez conté uno sobre una señorita que era algo ligera de cascos, en el que un tipo le pregunta a otro: “¿Oye sabes si fulanita de tal es tan ligera como muchos dicen?” Contesta el otro: “Mira cómo será de fácil esa muchacha: ¿cuántos tipos llamados Omobono conoces?, pues ella ya lleva tres en su lista de amores”. Recibí cartas de lectores llamados así, incluso de uno de cuyo padre se llamaba de esa forma. Todos protestaban, así que opté por usar mis propios nombres inventados, quería que tuvieran que ver con la personalidad del cuento. Los lectores quieren a mis personajes. Muchos me dicen ‘don Armando, le presento a mi esposa doña Jodoncia’, o que ellos mismos dicen que son Babalucas”.
-¿Tiene algún favorito?
“Babalucas, porque en realidad soy yo mismo, es un personaje autobiográfico”. (Risas).
-¿Cómo describe su carrera literaria hasta ahora?
“No todos los libros que he escrito tratan sobre política; uno de mis favoritos es uno que se llama “De Abuelitas, Abuelitos y otros Ángeles Benditos”. Eres el primero con quien comparto algo muy especial para mí: mis editores de Planeta me acaban de dar la noticia de que en la colección de libros Austral, para mí la mejor en español, van a incluir mi libro. Antes prefería ayunar para poder comprar esos libros, ahora uno mío será parte de ellos. Estaba tan contento que hasta les dije que ya no me pagaran regalías de mis otras publicaciones”. (Risas).
-¿Cómo se interesó por un personaje como Santa Anna?
“Precisamente por eso, porque es odiado por muchos e incluso querido por algunos. Siento que en todos nosotros hay algo de ángel y algo de demonio, que los más buenos personajes, los más espléndidos personajes de la raza humana, tienen algún secreto demoniaco”.
-¿Qué descubrió en él?
“No encontré nada bueno sobre él. Santa Anna es un personaje que en ninguna manera es admirable, creo que con justicia está en el lugar que se le ha asignado. Lo que sí encontré, y lo que creo que es el gran descubrimiento de este libro, es que no estaba solo en sus maldades, de hecho, lo acompañaron algunos que incluso ahora figuran como héroes, siendo que son tan culpables como él de lo que le sucedió a México en aquellos tiempos”.
-¿Cambió su visión sobre Santa Anna después de este libro?
“No mucho, pero aprendí la lección de que si bien ningún hombre puede salvar un país por sí solo, tampoco lo puede dañar sin compañía o cómplices”.
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