Internacional
Publicado el domingo, 21 de septiembre del 2025 a las 16:33
Washinton, EU.– El reciente asesinato del activista conservador Charlie Kirk ha provocado una oleada de llamados al discurso civil por parte de figuras políticas de alto perfil.
Líderes como el gobernador de California, Gavin Newsom, y su homólogo de Utah, Spencer Cox, han condenado la violencia y pedido un retorno a un debate más constructivo y respetuoso, reconociendo la importancia de “relacionarnos entre nosotros, cruzando ideologías”.
En un panorama político cada vez más polarizado, donde los algoritmos de las redes sociales fomentan el conflicto, la idea de un debate honesto y con buenas intenciones puede parecer utópica. Sin embargo, este trágico evento ha puesto de nuevo sobre la mesa la pregunta de cómo, y si es posible, “practicar la política de la manera correcta”.
El debate sobre el discurso civil se complica cuando se examinan las prácticas de figuras como el mismo Kirk.
A pesar de ser conocido por su disposición a debatir con estudiantes universitarios, la organización que cofundó, Turning Point USA, mantuvo una base de datos llamada “Professor Watchlist”, la cual ha sido vinculada a campañas de acoso que incluyeron amenazas de muerte y llamados a despidos.
Para muchos analistas, este tipo de tácticas, combinadas con la actitud de “cambia mi opinión”, exacerban la polarización al presentar el diálogo como una batalla que se debe ganar. El enfoque de “convertir” a un oponente crea un ambiente de frustración, un concepto que la teórica cultural Lauren Berlant describió como “optimismo cruel”.
Una alternativa más fructífera que intentar ganar un argumento es redefinir el objetivo de la conversación. En lugar de buscar una conversión inmediata, el diálogo podría enfocarse en “plantar semillas” de ideas, ofreciendo a la otra persona algo para considerar después. Este enfoque transforma el intercambio en una conversación genuina, donde no hay perdedores.
Otra estrategia es reconocer que las conversaciones a menudo tienen múltiples audiencias. Por ejemplo, en un debate familiar, el objetivo no sería solo convencer a un familiar con opiniones extremas, sino modelar un diálogo respetuoso para otros miembros de la familia que están escuchando, demostrando cómo abordar valores en conflicto con un ser querido.
Para sanar el discurso cívico, es vital no solo hablar con quienes piensan diferente, sino también escucharlos. La académica Krista Ratcliffe ha propuesto el concepto de “escucha retórica”, que invita a los oyentes a prestar atención no solo a las palabras, sino también a las experiencias de vida y las ideologías que las moldean.
Este enfoque evita el deseo de superar al oponente y, en cambio, promueve el diálogo desde una posición de curiosidad. Aunque la tarea de la democracia deliberativa se asemeja al trabajo de Sísifo, que empuja una roca cuesta arriba una y otra vez, la labor colectiva va, lenta pero perceptiblemente, alterando el terreno de la sociedad, haciendo que el esfuerzo no sea en vano.
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