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Atrapado entre la vida y la muerte

  Por Zócalo

Publicado el jueves, 6 de octubre del 2011 a las 14:00


Una noche, hace más de 30 años, un joven indigente enloqueció bajo el influjo de las drogas y cometió en este lugar un crimen

Monclova, Coah.- Su leyenda se ha esparcido más allá del antiguo edificio que hoy alberga la Casa de las Artes, pues su vida terrenal fue arrancada de manera violenta por la barbarie humana, a tal grado que su alma presuntamente quedó atrapado dentro de este recinto, y hay quienes aseguran que “Barsobas” aún ronda los recovecos de lo que fuera su refugio.

Corría la década de los ochenta y la estructura que anteriormente fuera el Tutelar de Menores había sido abandonada, por lo que “Barsobas”, joven de aproximadamente 20 años de edad y que por circunstancias de la vida se convirtió en indigente, adoptó este espacio para dar rienda suelta a sus vicios y soportar las inclemencias del tiempo, haciéndolo su hogar.

Sin embargo, el destino le tenía reservada una muerte violenta “dicen que una noche entró todo loco, supuestamente que se le había pasado la mano con las dogas o algo así, y descontrolado empezó a atacar a dos de sus compañeros, éstos se defendieron, y como también estaban drogados o alcoholizados le quitaron el cuchillo con el que los amenazaba y le dieron muerte de una forma horrible”,
comentó Édgar Velázquez Riojas, profesor e integrante del equipo de trabajo de Casa de las Artes.

Desde aquel trágico mes de agosto, que arropó en sus días el cuerpo inerte de “Barsobas” en el segundo piso del edificio, acontecimientos extraños aterrorizan a quienes han trabajado en estas instalaciones, pues desde oficiales de policía, trabajadores municipales, intendentes y asiduos a la Casa de las Artes, han atestiguado de manera auditiva y hasta visual, la presencia de quien suponen es el alma de “Barsobas”.

“Eran como las 6:30 de la tarde y estaba la clase de guitarra, como me gustaban las canciones empecé a grabarlas (con el celular), pero al momento de querer reproducirlas se escuchaban ruidos extraños, no propios”, relató Seth Zavir Martínez Rivas, trabajador del recinto cultural.

La curiosidad le llevó a reproducir una y otra vez la grabación, y lo que encontró en ella le produjo terror “pensé que me estaban hablando (dentro de la grabación) porque se oía mi nombre (Seth Zavir), era una voz de hombre que decía mi nombre, me asusté y salí corriendo”, agregó Martínez Rivas al recordar los hechos ocurridos el año pasado.

Sin embargo, la incredulidad del relato hizo que su papá y varios amigos llevaran la grabación a revisar mediante la ayuda de técnicos expertos en audio, y lo que encontraron le fue aún más espeluznante.

Entre risas, más de nervios que de alegría, Seth continuó “ya ni quiero saber nada, pero lo que yo creí que era mi nombre (Seth Zavir), al aislar los sonidos, en realidad decía: Sal de aquí” aseguró el entrevistado “borré todo y ya no quise saber nada”, sentenció, pero su convicción fue rota por varias colegas de trabajo.

“Unas compañeras querían que volviera a grabar (para descartar una broma de los técnicos de audio) y accedí por seguirles la corriente; era en la mañana y al reproducirla (la segunda grabación) se oyó una exhalación a la bocina, como si le respiraran al teléfono, directo a la bocina como si se hubieran acercado a exhalar en ella, y nadie estaba ahí sólo nosotros, y ninguno se acercó directo a la bocina.

Me quedé frickeado, después de eso se me quitaron las ganas de hacerles caso”, finalizó Seth Zavir Martínez Rivas.

Pero Seth no es el único que ha sido testigo de hechos fuera de lo común, Édgar Velázquez Riojas accedió también a contar su historia sobre aquel joven de aspecto descuidado, con barba, en short grande de mezclilla, playera de resaque blanca, gorra y tenis, como se le recuerda en vida a “Barsobas”, descripción que coincide con el espectro que supuestamente habita este edificio.

“No he visto nada pero sí he escuchado, todos los agostos se escuchan gritos de lamento, como si se repitieran los hechos (donde perdiera la vida “Barsobas”); una vez los escuché como a las 4:00 de la tarde y no había nadie en las oficinas; trato de no darle importancia, no andar investigando, y seguir trabajando”, manifestó el entrevistado, quien desde hace 5 años labora en Casa de las Artes.

De acuerdo a su versión son varios los oficiales de policía, al menos cinco bien sustentados, que han visto físicamente el alma en pena de “Barsobas”.

“En una ocasión el oficial andaba afuera del edificio platicando con un amigo, eran como las 12:30 de la madrugada y vieron cómo un muchacho iba entrando, traía short y playera de resaque; el oficial le grita que no hay acceso pero el chavo no hace caso y sube por las escaleras, él se viene corriendo detrás de él, lo ve entrar a uno de los cuartos de arriba, pero cuando entra a buscarlo no había nadie”, indicó el entrevistado.

Decenas de estos relatos son vertidos por quienes han trabajado de una u otra manera dentro de esta vieja estructura; como aquellos oficiales que vieron cómo el agua que contenían dos garrafones empezaban a borbotear como si estuvieran hirviendo.

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