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Atrás de la Gran Manzana

  Por Sylvia Georgina Estrada

Publicado el miércoles, 23 de marzo del 2011 a las 15:00


El periodista Wilbert Torre retrata en su libro el lado pocas veces visto de ocho artistas mexicanos que se comieron Nueva York

Saltillo, Coah.- Wilbert Torre vivió en Nueva York un lustro. Al igual que miles de personas, el periodista llegó a la ciudad que nunca duerme con un montón de proyectos y sueños. No salió defraudado, ahí corrió su primer maratón, descubrió una secreta pasión por la cocina, concibió al primero de sus hijos, perdió el empleo y encontró una idea, el germen del libro “Todo por una Manzana”.

El periodista habló con Zócalo sobre los perfiles que creó sobre ocho mexicanos (Eugenio Derbez, Magos Herrera, Alondra de la Parra, Bianca Marroquín, Antonio Sánchez, Víctor Rodríguez, José Limón, Enrique Norten) quienes, al igual que el autor, fueron devorados por Nueva York para resurgir “transformados en otra cosa para enriquecer el carácter universal de la Gran Manzana”.

-De la música al hiperrealismo, del teatro a la arquitectura. Varias disciplinas artísticas se muestran en el libro ¿cómo hiciste la selección de los entrevistados? ¿Algunos se quedaron fuera?

“Cuando imaginé el libro decidí que la selección tendría que ver con dos coincidencias: que los artistas vivieran en NY el tiempo que viví en NY, cerca de cinco años, y que estuvieran dispuestos a participar en el libro. No deseaba escribir una serie de perfiles y biografías frías o distantes, sino historias con movimiento, diálogos, escenas, así que para lograrlo era necesario que los artistas accedieran a abrirme su obra y sus vidas durante un tiempo.  Ellos accedieron, me permitieron visitarlos en sus casas, durante ensayos, los vi dirigir una orquesta, comenzar a pintar un cuadro y terminarlo, dirigir una obra de teatro. Me hubiera gustado hacer un libro más experimental e incluir a Gabriel Orozco, el artista mexicano vivo más importante, pero también otras expresiones de arte popular, por ejemplo el Mariachi Ponce de Nueva York, creado por Ramón Ponce, que fundó la Academia de Mariachi, en donde enseñan música de mariachi a cientos de niños neoyorquinos”.

-Nueva York ejerce una seducción irresistible en el imaginario de artistas y creadores. Cuando comenzaste con tu labor ¿cómo viste que tus entrevistados percibían ahora, en el día a día, a esta ciudad?

“Me parece que hay una fusión de percepciones. Para todos, Nueva York era un destino inevitable y un sitio de posibilidades infinitas. En ningún caso representaba la vida de glamour que muchos imaginan. En ese sentido, el libro es desmitificador de esa y otras ideas. Varios de ellos son artistas probados que tenían carreras sobresalientes en México y decidieron expatriarse a Nueva York para reinventarse, y algunos  han hecho sus carreras en Nueva York, pero en todos los casos estas historias describen la batalla diaria y los sacrificios para sobrevivir en una ciudad tan descarnada, competitiva y exigente como puede ser NY”.
 
-¿Cómo fue la experiencia de hablar con tus entrevistados en Nueva York, tal vez en una situación de igualdad porque ustedes forman parte de un grupo de mexicanos que decidió probar suerte fuera del país?

“Fue un proceso complicado. No es fácil que una persona, y menos si se trata de un personaje publico, te abra la ventana y te permita no sólo asomarte a su vida, sino compartir sus frustraciones, sus anhelos, sus fracasos. No sé si son exitosos porque al final el éxito como todo es relativo, pero en todo caso representan a una nueva generación de artistas mexicanos que están hacienda cosas distintas a las que hicieron sus antecesores. Un país está lleno de estereotipos y en México el arte no es la excepción. Hay gente de otros países que al escuchar México piensa en hombres a caballo, con una pistola al cinto, cuadros de Rivera o de Frida Khalo y edificios rosa mexicano. Esas imágenes no corresponden con la realidad y si algo distingue a estos artistas es que han tenido la valentía de asumir riesgos y lanzar propuestas nuevas. Han soportado el rechazo sin rendirse”.

-Es cierto que el éxito es una palabra relativa, como lo señalas en el prefacio de tu libro, pero Eugenio Derbez, Enrique Norten, Bianca Marroquín, Magos Herrera, Alondra de la Parra, Víctor Rodríguez, José Limón son nombres que para muchos representan el llamado “sueño americano”. ¿Tú qué opinas sobre esto?

“Creo que existe una confusión sobre lo que significa vivir el ‘sueño americano’. Mucha gente piensa que todos los mexicanos que viven en Estados Unidos han abierto las puertas del paraíso y han podido acomodarse en las nubes del ‘sueño americano’. Es una idea falsa. La mayor parte de los inmigrantes viven en un laberinto de olvido y pobreza y sólo unos cuantos alcanzan el sueño anhelado. En los artistas esto no es diferente. Todos tienen que trabajar muy duro para sobrevivir en una ciudad que si bajas la guardia y te confías, te puede aniquilar. Me parece que más que un sueño, lo que estos artistas han demostrado con su trabajo es la posibilidad de verse a sí mismos como algo distinto, al arriesgarse y exponerse a otras influencias, desafíos y posibilidades”.
 
-¿Cuáles son las anécdotas más divertidas o entrañables que te dejó ‘Todo por una Manzana’?

“Es curioso porque tu pregunta me ha puesto a pensar en varias cosas que no están en el libro y que tal vez deberían estar. Cada vez que visité a Enrique Norten fue en un taller distinto. Lo conocí en un momento estelar de su carrera de arquitecto en NY, cuando tenía un taller enorme cerca del Flatiron Building, un taller con cerca de 50 arquitectos y diseñadores. Tiempo después lo fui a ver y se había  cambiado a un lugar menos grande. Un año después ya no estaba ahí, sino en otro taller más pequeño. La crisis financiera se llevó casi todos los proyectos que había iniciado y tuvo que despedir a mucha gente y mudarse varias veces.  Sin embargo, Norten nunca se derrumbó. Alondra de la Parra es una mujer que creció en una familia acomodada pero que ha debido sudar la gota gorda para construir su orquesta y financiarla, y eso me quedó muy claro las veces que la vi ensayar y dirigir. Durante años ella hacía todo en su orquesta, era su publicista, la directora, recaudadora de fondos. Era la mujer orquesta.

“Eugenio Derbez es un caso singular y creo que el libro lo retrata como nadie se lo imagina. Es un tipo exigente, metódico, obsesivo. Un día me llamó por teléfono para que fuera a verlo a una cantina en Brooklyn. Se había levantado a las 4 de la mañana y estaba filmando una película, ‘Padre Nuestro’. El tipo tenía tres o cuatro programas con ratings altísimos en Televisa y trabajaba como un novato para ganarse un papel de actor dramático en una película. Tal vez  el recuerdo más entrañable de todos sea una libreta de bocetos que Víctor Rodríguez me envió hace unos días a mi casa. La abrí y vi algunos dibujos que conocía y muchos otros que jamás había visto”.

-Hablas de que a través de los perfiles se conocen anhelos, deseos y frustraciones de los entrevistados ¿cuáles fueron algunas de esas emociones o “confesiones” que encontraste en el proceso de elaborar el libro?

“Lo más significativo es que a partir de las experiencias de estos artistas el libro es un espejo en el que se puede mirar cualquiera. Todos estos artistas han disfrutado triunfos y como todos, alguna vez han padecido derrotas. No sé si sea una confesión, pero todos me compartieron el mismo sentimiento: decidieron expatriarse a Nueva York porque en su país se sentían frustrados porque no podían encontrar nuevos puertos para evolucionar, o porque fueron incomprendidos. Magos Herrera me dijo que se miraba al espejo y se decía: ‘Tengo mucho por aprender, tengo  que retarme’.

“Víctor Rodríguez, el líder de una nueva generación de pintores hiperrealistas, me contó que en la Ciudad de México ninguna de las cuatro galerías que existían hace 15 años aceptó una sola de sus pinturas. Me dijo que gracias a ello está vacunado contra el rechazo. Creo que todos los ocho que conforman esta colección son un ejemplo de pasión y tenacidad”.

-¿Por qué decidiste trabajar en el perfil de José Limón, el único artista mexicano al que no pudiste entrevistar?

“Me parece que no hay ningún artista mexicano que haya influido  tanto una rama del arte en el mundo como Limón lo hizo con la danza. Fue uno de los fundadores de  lo que hoy conocemos como la danza moderna americana, que convirtió a NY en la sede mundial de la danza en la primera mitad del siglo pasado. Fue un artista extraordinario y desafortunadamente su historia es casi desconocida en México”.

-En el prefacio hablas de que vivimos en el tiempo de la información rápida ¿cómo ves entonces la recepción de los lectores frente a los perfiles periodísticos, un género que si bien es muy seguido en EU o en AL no se lee con frecuencia en México, al menos no en los medios impresos de gran tiraje?

“Creo que no hay nada tan íntimo como compartir una historia y que por medio de las historias es posible acercarte a la gente para intentar descifrar subculturas y mundos distantes. Es la mejor forma que conozco de intentar traducir el mundo y sus efectos. Si en México la gente no lee algunas cosas es porque no nos hemos preocupado por ponerlas a su alcance”.

-¿Y habrá una segunda parte? ¿encontraste otros perfiles en los que te gustaría trabajar?

“Creo sin exagerar que hay suficientes artistas como para escribir tres o cuatro libros. El problema es que las editoriales están demasiado sujetas a las leyes del mercado y los libros se han convertido en un producto más. Me parece que deberíamos volver los ojos hacia otras historias.

“Un joven periodista me escribió desde Berlín para decirme que había un buen número de artistas mexicanos haciendo cosas interesantes. La pregunta es si alguna editorial va a apostar por un proyecto así”.

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