“Toda esta novela está obviamente dirigida a una audiencia de uno”.
Así respondió un periodista del New York Times, a una pregunta que le hicieron en un panel televisivo tras la ridícula comparecencia de Pam Bondi, fiscal general de Estados Unidos ante el comité judicial de la Cámara de Representantes para revisar algunos aspectos sobre el manejo gubernamental de los archivos de Jeffrey Epstein.
¡Y vaya que fue una telenovela!
“Nunca había visto algo así, el comportamiento de Bondi es aberrante. Más que responder, tenía el equivalente a ‘investigación de oponentes’ para responder con un ataque ante una pregunta hostil. Tenía preparadas carpetas enteras para posibles preguntas de legisladores específicos”, comentó otra periodista que participaba en la mesa de discusión.
Por supuesto, por eso es tan divertido y tan completamente inútil presenciar este tipo de espectáculos.
Los gritos y sombrerazos tienen un extraño atractivo, el morbo entretiene.
Pero hoy voy a otra cosa.
Voy a eso de “la audiencia de uno”.
Claramente, ya adivinaste quién es, ¿no?
El espectador en jefe, Donaldo J. Trump.
Veamos.
Antes que nada, habrá que decir que nada de malo tiene el prestarle atención a los objetivos del jefe.
A fin de cuentas es el jefe, y por eso, por un lado, en teoría debe saber más y, por el otro, siendo totalmente prácticos, tiene poder.
Y mientras más importante la oficina, mayor el poder.
Por eso un superior que sabe ejercer su poder puede ser tan benéfico. O tan maléfico.
El ejemplo perfecto es Donaldo, que en su segundo término está utilizando su poder sin contrapesos y tapujos.
El problemita (ironía) es que lo usa para una agenda retrógrada en lo político y en lo económico. El problemita es que lo utiliza para concentrar poder y debilitar a la democracia. El problemita es que lo utiliza para amenazar a aliados y desmantelar las instituciones globales. El problemita es que lo utiliza para su lucimiento personal.
El problemita es que el jefe es un narcisista maligno.
Donaldo es un caso dramático, pero no único. Este tipo de sociopatías abundan en la política y los negocios.
El poder marea.
¿Qué hacer ante un energúmeno en jefe así?
Antes que nada, respetar tu función.
Tomemos el caso de Bondi. Su función es impartir justicia de forma profesional e imparcial, cumpliendo las leyes a cabalidad.
Su función no es cumplirle los caprichos al jefe, sobre todo cuando esto implica de hecho abandonar la razón de ser de su puesto.
Cuando un jefe demanda que traiciones tu función, existen dos opciones.
La más determinante y congruente es dejar el puesto antes de traicionar su razón de ser. Actuar con dignidad y no convertirse en un instrumento de venganza, o peor aún, del mal.
Sin embargo, esto es muy drástico. No todos los jefes son Trump y no todas las circunstancias son tan dramáticas. Muchas veces este tipo de situaciones avisan, se ven venir.
Ahí la recomendación es ampliar tu función.
O sea, buscar otros horizontes, otros jefes o puestos, particularmente en organizaciones grandes donde no todos los jefes serán tan malos.
Mi segunda recomendación es aprender, en la medida de lo posible, a manejar al energúmeno al que se le reporta.
Aquí tomó una página del libro “La regla de no más cabrones” del profesor de Stanford, Bob Sutton. Siete recomendaciones:
1. Espera lo mejor, prepárate para lo peor.
2. Desarrolla indiferencia y distancia emocional.
3. Busca triunfos pequeños.
4. Limita qué tan expuesto estás. Evítalos y encuentra espacios de tranquilidad.
5. Evidéncialos. Ojo, sólo si estás seguro en tu puesto.
6. Despresuriza y reeduca. Responde con calma, platica y trata de cambiar comportamiento. De nuevo, con cuidado. No es una misión suicida.
7. Confróntalos. Cuando se pueda, los “bullies” muchas veces son cobardes.
Ojalá que nunca tengas que servir de rodillas a una “audiencia de uno”.
Pero sí te toca, seguro te servirán estos consejos.
Posdata. Por cierto, a veces no funciona hacer hasta lo imposible por satisfacer a una “audiencia de uno”. Por lo menos no le funcionó a otra aduladora trumpiana: bye bye Kristi Noem, ¡no te vamos a extrañar nada!
En pocas palabras…
“Los mejores jefes no dañan a sus subordinados”.
Bob Sutton
Más sobre esta sección Más en Coahuila