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Notimex
Publicado el viernes, 5 de diciembre del 2008 a las 01:32
Los Angeles, EU.- Con notables logros en su carrera, el gobernador del estado de Nuevo México, Bill Richardson, quien aspiró a ser el primer mandatario latino de Estados Unidos, será secretario de Comercio en la administración del presidente electo Barack Obama.
El próximo titular de Comercio, que aún debe ser ratificado por el Senado, tiene una amplia trayectoria con cargos administrativos y políticos que le han permitido ser ubicado como el político hispano más influyente en los últimos años.
En la pasada campaña Richardson contendió por la nominación presidencial demócrata, pero abandonó su sueño a pesar de tener la etiqueta del más experimentado, luego que su candidatura atrajo poca atención a nivel nacional.
Por su apoyo a Obama fue criticado por algunos demócratas que le reprocharon a Richardson no haber respaldado a la entonces pre candidata Hillary Clinton por haber trabajado en las dos administraciones del ex presidente Bill Clinton.
Richardson pasará a formar parte de la administración Obama después de ser rivales, ahora serán aliados junto con Hillary Clinton en el equipo que deberá llevar a nuevo puerto a la nación más poderosa del mundo.
Nacido el 15 de noviembre de 1947 en Pasadena, California, Richardson, quien pasó parte de su niñez en la ciudad de México, es hijo de la mexicana María Luisa López Collado y el estadunidense William B. Richardson, quien fuera ejecutivo de Citibank.
En su camino como representante popular Richardson permaneció 15 años en el Congreso de Estados Unidos; fue embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas y durante cuatro años fungió como secretario de Energía en la administración Clinton.
Bill Richardson fue también candidato al Nobel de la Paz y consumado diplomático que ha negociado la liberación de soldados de Estados Unidos y otros temas en Irak, Corea del Norte, Birmania, Vietnam, Haití, Sudán y Cuba.
El experimentado político demócrata solicitó licencia para dejar de ser gobernador del estado de Nuevo México, cargo en el que concluiría en 2010 y con el que tenía la distinción de ser el único mandatario estatal de origen hispano en el país.
Durante su frustrada campaña presidencial se pronunció contra el muro en la frontera; apoyó la legalización de millones de indocumentados y el retiro inmediato de las tropas estadunidenses en Irak, además de respaldar un plan universal de salud.
Con una pasión personal por los caballos, que gusta montar en su rancho para reflexionar y serenarse, Richardson es conocido por su carácter firme, impaciente e intenso que en ocasiones le ha traído conflictos por lo impetuoso.
William Blaine Richardson, su nombre completo, ha vivido una paradoja muy peculiar similar a la de muchos inmigrantes, ya que cuando vivió en la ciudad de México era llamado “gringo” y en Estados Unidos lo catalogan como “hispano”.
Egresado de la Fletcher School of Law and Diplomacy de la Universidad Tufts, Richardson fue clave en la aprobación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), además de servir de enlace con México.
De forma paralela se dedicó a labores diplomáticas extraoficiales que le valieron ser nominado al Premio Nobel de la Paz.
Entre sus logros figura su trabajo para liberar a soldados estadunidenses y otros cautivos en Irak, Corea del Norte, Birmania, Vietnam, Haití, Sudán y Cuba. A finales de 2006 se reunió con líderes sudaneses para dar fin a la violencia en Darfur.
También negoció por la transferencia pacífica del poder en el antiguo Congo y para conseguir el paso seguro a través de Uzbekistán de unos siete mil refugiados de Tajikistán que estaban atrapados en el norte de Afganistán.
En el segundo período de Clinton, en 1996, Richardson se convirtió en embajador de Estados Unidos ante la Organización de Naciones Unidas (ONU). Sus actividades fueron múltiples y le tocó la crisis con Irak que culminó en el bombardeo de 1998 ordenado por Clinton.
Este le pidió a Richardson su retorno al gabinete como secretario de Energía tras la salida de Federico Peña. Ahí, el casado desde hace 34 años con Barbara, nacida en Nicaragua, se mantuvo hasta que demócratas salieron de la Casa Blanca en 2000.
Siendo embajador ante la ONU, a Richardson le pidieron un “favor para Betty” (la secretaria privada de Bill Clinton) que le buscara un trabajo en Nueva York a una señorita recomendada.
La señorita en cuestión era Mónica Lewinsky y hacerle el favor a “Betty” o más bien, a Bill, que en ese momento estaba tratando de quitarse de encima a la pasante, le costó a Richardson su credibilidad y un citatorio para declarar bajo juramento ante el Congreso, en el juicio político contra Clinton.
Aunque nunca se comprobó que Richardson hiciera algo ilegal o que incluso supiera en aquel momento quién era Lewinsky, lo cierto es que muchos creen que el gobernador, quien ofreció a la joven un trabajo en la ONU, no dijo toda la verdad ante el Congreso.
Es decir, se arriesgó al perjurio por proteger al presidente.
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