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Coahuila

Bordos que nos atrapan

Por Guillermo Robles Ramírez

Hace 5 dias

Las calles en nuestras ciudades coahuilenses cada vez parecen más un laberinto de obstáculos. Cuando uno va manejando, pensando en el día sobre las actividades diarias y las rutas a tomar para evitar el congestionamiento vehicular y de pronto, ¡zas!, un bordo que te sacude el alma.

Hay veces que se cree conocer de memoria todos los caminos y baches que podrías jurar que el carro hasta se pudiera manejar solo en automático, pero de la noche a la mañana y sin previo aviso aparece uno de esos bordos o bollas.

Por un lado, nosotros los conductores sí, incluyéndome, porque quién no ha pisado el acelerador un poquito de más en un momento de prisa; somos parte del problema. Pero por el otro, las autoridades de tránsito, que deberían estar ahí para poner orden, también llevan su tajada de responsabilidad.

Es como esa vieja frase que escuché de mi abuelo: tanta culpa tiene el que mata la vaca como el que le agarra la pata. ¿Verdad que tiene sentido? Y pensando en un momento, podríamos cuestionarnos, ¿por qué hemos llegado a esto?

Nosotros, detrás del volante, ya sea en un coche particular o en un camión de servicio público, muchas veces ignoramos las consecuencias. Aceleramos sin fijarnos si hay una escuela cerca, o si es una zona con mucho movimiento de gente.

Recuerdo alguna vez en mi juventud en Torreón, donde vivía, que iba tarde a una cita y pasé volando por una calle residencial; gracias a Dios no pasó nada, pero después me quedé pensando en lo imprudente que fui.

Y no soy el único, ¿eh? Todos hemos visto a esos taxistas o choferes de autobuses que parecen competir en una carrera invisible. Pero ¿y las autoridades? Ellos son los que tienen el deber de implementar medidas preventivas, como señales claras, límites de velocidad bien marcados, o incluso patrullas que hagan respetar las reglas.

Sin embargo, a menudo brillan por su ausencia. Esa indiferencia los convierte en cómplices, porque al no actuar, dan pie a la impunidad. Es frustrante. Y lo que quiero decirles es que tanto ustedes como yo, que manejamos día a día, y ellos, los responsables de la vialidad, debemos asumir nuestra parte. Porque si no, seguimos viendo cómo nos “bordan” las calles con montones de asfalto y cemento, o con boyas que supuestamente moderan la velocidad.

Y no solo en avenidas principales con tráfico intenso, sino hasta en colonias tranquilas donde no hace falta. A veces me pregunto si es por influencia de algún vecino con conexiones, o peor, por un “arreglo” bajo la mesa. Sucede igual en Torreón y en Saltillo, que son las ciudades con más vehículos en el estado y no lo digo yo sino según datos recientes del INEGI, Torreón cerró el 2024 con unos 273 mil vehículos registrados, y Saltillo con alrededor de 427 mil, lo que suma a todo Coahuila más de 1.3 millones en circulación. El motivo principal por el cual existe el caos que eso genera si no hay control.

Para los que vivimos en Coahuila, no importa si es en una ciudad grande o en un pueblo más chico, esto de los bordos y boyas aparece por cualquier pretexto. Es notorio en zonas habitacionales donde antes no se permitía ni un topetazo; ahora, de repente, surgen porque ahí reside algún “personaje importante”.

Es una lástima, pero el plan urbanístico parece ser solo papel mojado. Con dinero o influencias, se saltan las reglas, y desgraciadamente, eso pasa por alto como si nada. No quiero sonar amargado, pero ¿cuántas veces hemos visto eso?

En mi experiencia, caminando por las calles de Saltillo durante una visita familiar, noté cómo en ciertas avenidas elegantes hay bordos que parecen hechos a medida para proteger mansiones, mientras que, en barrios populares, el tráfico fluye sin control hasta que ocurre un accidente.

No faltarán quienes se sientan ofendidos por estos comentarios, pero insisto; ni nosotros los conductores ni las autoridades tenemos razón para quejarnos solos. La culpa es compartida, como en una mala sociedad.

Antiguamente, se respetaba más; las prohibiciones eran firmes contra levantar bordos para frenar a los “correlones”, esos conductores particulares que van a toda prisa, o a los taxistas y choferes de cumbias y autobuses que parecen ignorar las leyes.

Había un control estricto, o al menos eso me contaban mis tíos, que manejaban en los setenta. Pero ahora, la indolencia ha llegado a tal punto que, hasta los policías de tránsito, en sus patrullas, se unen al desorden. Los ves pasando a toda velocidad, como si las reglas no aplicaran para ellos.

Esa hipocresía es la justificación perfecta para que los particulares también hagan lo mismo y hasta se mofan de las autoridades de tránsito cada vez que los rebasan debido a su apatía o indiferencia.

Tan solo en Torreón, el bulevar Revolución es un claro caso. Antes era una arteria fluida, pero ahora está plagada de boyas que dividen carriles innecesariamente, causando embotellamientos que duran horas. ¿Por qué? Bueno, se dice que fue por quejas de residentes influyentes cerca de ahí.

Y en Saltillo, el periférico Luis Echeverría ha visto un aumento similar; con el crecimiento vehicular de casi 350 mil en 2020 a más de 427 mil en 2024, uno esperaría inversiones en semáforos inteligentes o ampliaciones, no solo en topes que desgastan los coches y frustran a la gente. Lo anterior no solo afectaría el tráfico, sino también pudiera bajar la cantidad de accidentes. Ya que reportes locales, en Coahuila, los choques por exceso de velocidad han subido, y aunque los bordos ayudan a reducirlos en spots específicos, crean congestión en otros, lo que lleva a más contaminación y estrés para todos.

¿Y qué pasa en comunidades más pequeñas, como en Piedras Negras o Monclova? Ahí el tráfico es menor, pero igual aparecen estos obstáculos, a veces por capricho. Es como si las autoridades copiaran el modelo de las grandes ciudades sin pensar en el contexto. En mi opinión, deberíamos empujar por soluciones más integrales: educación vial desde la escuela, multas efectivas que se apliquen sin favoritismos, y planes urbanos que prioricen la movilidad sostenible.

Ahora bien, si también se invirtieran en ciclovías seguras o transporte público eficiente; eso sí reduciría la dependencia de los autos. Pero mientras tanto, seguimos atascados en este ciclo. No es solo un problema de Coahuila; pasa en muchas partes de México, pero aquí, con nuestro clima extremo y distancias largas, se siente más.

Me acuerdo todavía al taxista de confianza que mueve a mi mamá en Torreón, antes llamados “ruleteros”, platicó que una vez, un bordo nuevo le rompió la suspensión del carro, y cuando se quejó en el municipio, le dijeron que era “por seguridad”. ¿Seguridad para quién?, se preguntó él.

Y tiene razón; si las autoridades no actúan preventivamente, y nosotros no respetamos, todos perdemos. En resumen, asumamos nuestra responsabilidad. Ustedes, que quizás manejan en estas mismas calles, piensen dos veces antes de acelerar. Y las autoridades, por favor, intervengan con justicia, no con parches. Porque si no, seguiremos “bordeados” en un mar de asfalto que nos frena a todos. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org

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