Monterrey

Publicado el domingo, 19 de junio del 2022 a las 08:36
Monterrey, NL.- En su auto Tsuru al que le quitó la tapa de la cajuela, Joel llena un tambo con 200 litros de agua hasta 12 veces al día, para llevarlo a la Colonia Lomas de Aztlán, situada en la parte alta del Cerro del Topo Chico, en Escobedo.
Sin su esfuerzo, muchos de sus vecinos la pasarían muy mal.
“Nadie tiene carro, y las pipas no suben, así que me alivianan con la gas y así llevo agua”, cuenta Joel.
Como él, otras personas llegan a la toma ubicada en la esquina de Raúl Salinas y Las Torres, para acarrear agua a sus familiares, amigos y vecinos.

“Nadie se pelea”, explica Apolonio Garibay, empleado municipal que coordina el relleno de pipas.
Con la escasez de agua que padece la zona metropolitana, otros ejemplos de solidaridad han “brotado” en diferentes sectores de la Ciudad.
En la Colonia Ricardo Flores Magón, también en Escobedo, hay un tinaco colectivo de 10 mil litros. Allí, los vecinos se organizan para tomar agua.
“Los abuelitos tienen preferencia”, dicen la señora Lucía Arizpe, “y si no pueden, vemos quién los ayuda a llevar el agua a sus casas”.
Algunas personas llegan hasta con 10 botes.
“Ya se va a terminar el agua, de aquí en adelante sólo un bote por persona para que alcancen todos”, pide la señora Lucía.
No hay reclamos: todos entienden la situación.
Pilar y María Guadalupe no se hablaban a pesar de que sus casas en Laderas del Mirador, en Monterrey, están a menos de 20 metros de distancia.
Eso era antes de que todos en la calle se quedaran sin agua.
Ahora se coordinan para llamar a Agua y Drenaje y al Municipio regio pidiendo pipas, y avisan a otros vecinos para que puedan surtir agua.
Cuando tres pipas de 10 mil litros llegaron a una zona de la colonia que cumplió 10 días sin agua, otra mujer demandó que se surtiera casa por casa, una práctica que el Estado no aprueba porque los recorridos se hacen más lentos.
“Hay muchos adultos mayores, están enfermos, malos de un pie”, señaló la vecina, “¿cómo van a andar acarreando el agua pa’ arriba?”.

La vecina acompañó al operador en su recorrido por más de dos horas en las empinadas calles del sector, para dirigir la manguera cubeta por cubeta, garrafón por garrafón.
Lucero, otra vecina, echaba chorritos de cloro a los recipientes llenados, preocupada por la calidad del agua.
En la calle más alta de la colonia, Blanca Eréndira cuenta que el jueves recorrió kilómetros buscando al menos una botella de agua para preparar el biberón de su bebé, y al final tuvo que pedir ayuda en una casa de la colonia vecina.
“Le dije a la señora que si me vendía poquita de agua porque no tenía para el biberón de la niña, y me dejó llenar un garrafón”, comparte.
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