Espectáculos

Publicado el lunes, 13 de diciembre del 2021 a las 04:09
Saltillo.- La figura de Vicente Fernández alcanzó a una época cultural de México en la que su voz no solamente rompió el silencio, sino que su cara se hizo conocida al presentarse en la gran pantalla de los cines nacionales. Su trabajo como actor, si bien menos longevo que su trayectoria de cantante, dejó algunas películas que trasladan algunos de sus temas más conocidos al mundo audiovisual.
Pues de las 33 películas que grabó durante sus 20 años de carrera como actor, su debut en el celuloide fue Tacos al Carbón, dirigida por Alejandro Galindo en 1971, en la que interpretó a Constancio, un humilde taquero cuya vida cambia al ganar un auto, pero de una forma que no esperaba: ganándose la envidia de El Ciclamatos, interpretado por el primer actor Fernando Soto “Mantequilla”.
Esos primeros pasos frente al mundo de las cámaras lo llevaron a nuevos proyectos como Entre tu Camino y el Mío, de Chano Urueta, y la comedia Uno y Medio Contra el Mundo, de José Estrada, y donde participó junto a Ofelia Medina, le siguió Entre Monjas anda el Diablo, de René Cardona. Todas ellas filmadas en 1973.
Primeros pasos
El siguiente año participa en otros dos filmes: Crónica de un Amor, de Toni Sbert, Jalisco Nunca Pierde, y El Hijo del Pueblo, ambas de René Cardona, dan vida y forma al corrido compuesto por José Alfredo Jiménez, mismo al que Vicente Fernández le puso voz en la canción.
Así, ‘Chente’ exploró las diferencias entre clases sociales a través de una historia que relataba el encuentro de su personaje con un grupo de personas de la alta sociedad, cuya avioneta en la que viajaban se estrella cerca de su rancho. En esta película canta, además del clásico de José Alfredo Jiménez, otros temas que serían clave en su repertorio como Que te Vaya Bonito y Las Llaves de mi Alma.
Para 1975, en cambio, da vida a El Albañil, junto a la voz de la cantante Manoella Torres, ambos bajo la dirección de José Estrada. Pero es hasta el siguiente año que consigue uno de sus primeros grandes éxitos en la pantalla, pues después de aparecer en Jalisco Nunca Pierde, de Pancho Zamorano, rueda La Ley del Monte, drama en el que da vida a una de sus canciones icónicas, con la dirección de Alberto Mariscal.
Así, amparados bajo aquel verso clave del cancionero mexicano que dice “Grabé en la penca de un maguey tu nombre, unido al mío, entrelazados”, la mancuerna entre Fernández y Mariscal daría a luz a la película que catapultó al estrellado cinematográfico al Charro de Huentitán: El Arracadas, en 1978, en la que participó junto a Mario Almada, y también presentando a su hijo Alejandro Fernández.
En la cima
La dupla entre padre e hijo se repitió en El Tahúr, de Rogelio A. González, que supuso otro de los éxitos de público para el cantante que comenzaba su etapa de más éxito en el mundo del cine, de la mano del director Rafael Villaseñor Kuri, con quien trabajó en 19 películas de las 33 que conforman su filmografía: Picardía Mexicana 2, El Coyote y la Bronca, Como México no hay Dos, Juan Charrasqueado y Gabino Barrera, Todo un Hombre, Una Pura y Dos con Sal, así como Un Hombre Llamado Diablo. Estas en los tres primeros años de los 80.
“
Vicente era disciplinado hasta morir, se sabía las líneas de todo mundo. No era difícil de dirigir, era un profesional en todas las instrucciones que se le daban porque las seguía al pie de la letra”, recordó Villaseñor en 2020 en entrevista con Grupo Reforma.
El resto de esta década, Vicente Fernández participó en 10 películas también con Villaseñor Kuri, como El Sinvergüenza, Acorralado, Matar o Morir, en 1984; El Embustero y Sinvergüenza, pero Honrado, en 1985; El Macho, en 1986; El Diablo, el Santo y el Tonto, de 1987, y finalizó su etapa más cercana al cine, la de los 80, con Entre Compadres te Veas y El Cuatrero.
En los 90, en cambio, solo protagonizó dos filmes: Por tu Maldito Amor y Mi Querido Viejo, en donde volvió a compartir escena con su hijo, Alejandro.
A 30 años de la última película en la que Vicente Fernández participó, la distancia con el celuloide ha sido también personal. Pues como apuntó en una entrevista con Reforma, él veía “películas del cine mexicano de la Época de Oro, menos las mías, no sé por qué, pero no porque no me gusten. Creo que hice muy buenas películas, excepto dos o tres que andan por ahí. Cuando no puedo dormir, las pongo y me duermo”.
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