Coahuila
Hace 2 meses
Estimados y estimadas lectoras:
Dice el dicho: “renovarse o morir”, y es tan cierto como que me llamo Verónica. Me ha tocado ver familias, amistades, compañeros, empresas, que se han venido abajo en todos los sentidos. Se preguntarán algunos: ¿por qué? Pues bien:
Los factores pueden ser muchísimos, pero les nombraré algunos que creo son los que más influyen: falta de paz en el alma sería para mí la primera causa. Recordemos que si no tenemos paz nosotros en nuestro interior, seremos susceptibles a las malas energías que existen a nuestro alrededor.
Recordemos que los malos pensamientos vienen de personas heridas por la propia vida, que no han sabido, o querido —también puede ser—, o porque no es su momento de evolución, así de sencillo; ah, pero cómo ponen lata, ¿verdad?
Cuando alguien nos agrede, tal vez sin motivo alguno; cuando uno dice algo con toda la buena intención y la otra persona responde de forma grosera, con gritos, con violencia, seguramente es porque al nosotros decir algo, tocamos su herida, que obvio no tenemos por qué saberlo.
Y tal vez la persona que responde de manera alterada, o como ya mencioné anteriormente, de una manera agresiva, poco cordial, digamos, es porque le detonamos algún mal recuerdo que no ha sanado.
Esto se da en todos lados, en todas las esferas socioculturales y económicas; nadie nos salvamos. Pero si nosotros estamos conscientes de nuestras heridas, si nos interesa, nos pondremos a trabajar en sanarlas, yendo a terapia sicoemocional, incluso con el siquiatra muchas veces.
Créanme que antes, por ignorancia, las personas no asistían a tratarse y se morían enfermas del alma, de la mente, del cuerpo, por ese rencor, por esa herida, por esa falta de perdón.
Porque a veces el orgullo es tanto que se prefiere seguir con él que bajar la guardia y entablar una conversación tranquila, pacífica, con el objetivo de que ambas partes se escuchen, dialoguen y lleguen a acuerdos, con la sencillez de aceptar cada uno sus errores, que es lo más difícil: reconocer en uno mismo de qué pata estamos cojeando.
RENOVARSE O MORIR… qué dicho tan sabio. Ahora, quien no le sabe a la tecnología más esencial, quien no tiene celular, ya no puede viajar a China, por ejemplo, porque todo es mediante aplicaciones en el celular. Quien no usa celular hoy en día, qué bendición, pero también es un grave problema.
Sin embargo, yo hablo de la renovación del ser, del alma, del pensamiento, del sentimiento y de las acciones como resultado. Si nosotros estamos sanos, si estamos con luz en el alma, si vemos con amor al prójimo, sin envidias, esas envidias no son más que dolores del alma que se llevan dentro de sí.
Y se va por la vida dando trancazos a diestra y siniestra, porque sólo así se siente la persona, entre comillas, mejor; lo que no sabe es que cada vez se sentirá peor, hasta que toque fondo.
Y no es malo tampoco tocar fondo, estimados lectores y lectoras, pues esa es una gran oportunidad para renovarse, pedir ayuda, pedir perdón, mirar en qué fallamos, qué área de oportunidad tenemos.
Si estamos sanos, uff, qué milagro de verdad. Recordemos todas las bendiciones que tenemos, que son muchísimas. Si empezamos a enumerarlas —y les reto a que empiecen a enlistar sus bendiciones—, se sorprenderán de cuántas tenemos.
La renovación nos da la oportunidad de sanar también, y si estamos sanos, estamos bien con los demás. Un alma enferma siempre va a querer molestar y hablar mal del prójimo.
Pero ojo: si alguien te está poniendo el pie, no te dejes. No quiere decir que le vas a poner tú el pie también, sino poner límites, para que no abusen.
Empecemos ahora a pensar en qué puedo renovarme, cuál es mi dolor. Puede ser físico, remordimiento moral, opresión en el pecho, y todo o casi todo se puede quitar o sanar volteando a nuestro interior y volver a avivar esa luz que todos tenemos.
Yo le llamo la luz del Espíritu Santo, pues cada uno habla de cómo le va en la feria, y en la feria de la vida, para mí, mi todo es el Espíritu Santo, que me fortalece día con día y es quien me da las fuerzas, los dones, la alegría, la sabiduría.
Recuerden que mientras haya vida, tenemos esa gran oportunidad de perdonar y perdonarnos. Lo importante es empezar hoy con esa lista de áreas de oportunidad de cada uno, ser muy sinceros con nosotros mismos.
De verdad que poco a poco verás cómo va tu vida mejorando con el agradecimiento diario, con vernos hacia dentro: qué puedo mejorar, sanar, para ser mejor persona, para que no me afecten las malas intenciones de algunas personas.
Los invito a renovarse en todos los sentidos. Hoy es el día. No dejarlo para mañana. Empezar con ese amor a uno mismo, para empezar a dar amor a los demás.
Recordar también que es a veces triste, pero hay amistades entrañables que un día dejan de serlo. ¿Por qué? Pues sencillo: empezamos a vibrar en otra frecuencia, a sintonizar en otra estación, como en la radio.
Vamos cambiándole de estación hasta que nos gusta lo que escuchamos y le dejamos ahí. Así es con las personas. A veces uno va evolucionando más que el otro, y se van desfasando.
Aceptar que no tenemos que estar juntos para amar a una persona. Pueden estar hasta el otro lado del mundo y ya no sintonizar, pero el amor es otra cosa.
Es cuando los matrimonios se aman, pero el carácter de ambos hace imposible vivir juntos y en paz, y se tiene a veces que tomar decisiones muy dolorosas. La mejor sería ir a terapia, hacer el último intento.
Les dejo esta reflexión en estos días que quedan de diciembre. Sé que ha habido bajas de seres muy amados, pero ellos nunca dejan de vivir en el alma y la memoria de quienes los aman.
Su amiga, Verónica, terapeuta y mediadora certificada.
Hagan uso de la mediación para esos conflictos que no han podido resolver, los espero. Diosito por delante.
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