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Medio Tiempo
Publicado el jueves, 3 de febrero del 2022 a las 17:33
Ciudad de México.- Uno de los días más tristes en la historia del deporte mexicano fue el 29 de enero de 1994, cuando Julio César Chávez sufrió su primera derrota como boxeador profesional tras 14 años y 90 peleas. El máximo ídolo de nuestro país perdió el invicto contra Frankie Randall por decisión dividida y entregó el Campeonato Mundial Súper Ligero del CMB.
Esa noche también marcó la primera vez que Chávez cayó a la lona y fueron tales los estragos que El César del Boxeo olvidó esa pelea horas después de bajarse del cuadrilátero y fue Omar Chávez, uno de sus hijos, quien en la madrugada le contó qué pasó con toda la inocencia de un niño que quería cuidar a su padre.
Siempre rodeado de un enorme séquito, muchos de ellos rodeándolo solamente por su fama y adicciones, a Chávez González quisieron darle de beber tras la golpiza para que “olvidara” el dolor de la derrota, pero la leyenda mexicana asegura que no quiso tomar una gota de alcohol tras ver a miles de paisanos llorando en Las Vegas.
“ Veía a la gente llorando y me llevé a mis hijos al cuarto, todos bebiendo y me querían dar cerveza para que se me olvidara la derrota y juro que ese día fue el único que no tomé nada. No lo podría creer que había perdido tras 14 años invicto, 90 peleas”, rememoró en plática con TUDN.
“ Me llevé a Omarcito y a Julio Junior al cuarto, nos quedamos dormidos. Como a las 3 o 4 de la mañana me levanté y te juro por Dios que no recordaba que había perdido la pelea. Me paré al baño y Omarcito estaba muy pendiente de mí: ‘¡Apá, qué bárbaro!’ y yo le preguntaba qué pasaba. Me dijo que si no me acordaba de anoche y respondí que no, ya fue que dijo: ‘Perdiste y caíste de culito’, me solté la carcajada y entonces sí me dieron ganas de pistear (beber)”.
‘Entendí lo que Julio César Chávez significaba’
Desmoralizado porque sentía que había decepcionado a todo un país e incluso dubitativo de cómo sería recibido en México tras su primera derrota profesional, el histórico pugilista dijo que al arribar a Culiacán por fin comprendió la magnitud de ser Julio César Chávez.
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“ Llegar a Culiacán y ver más de 100 mil personas recibiéndome, me pasearon y celebraron como si hubiera ganado, pero había perdido. Fue en ese momento que me di cuenta lo que yo valía, el increíble cariño de la gente. Habré perdido muchas cosas en mi vida como dinero, coches, joyas y más, pero lo que nadie jamás me quitará es el cariño de la gente hasta que me muera”.
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