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Zócalo
Publicado el viernes, 18 de julio del 2008 a las 19:27
Saltillo, Coah.- La temperatura ambiental se siente más en los tejabanes de Las Candelarias, un asentamiento ubicado al oriente de la ciudad, donde las techos de los hogares son de láminas y lonas.
Las familias prefieren estar fuera de las casitas hechas con restos de cartón y madera cuando las temperaturas se elevan, ya que el calor llega a ser insoportable dentro. Los niños juegan con los pantalones cortos, incluso descalzos entre los tejabanes.
Los climas de las oficinas, centros comerciales, autos, casas son un gran alivio cuando el termómetro sube. En Las Candelarias no se encuentran siquiera ventiladores. “Pues tomamos un refresco, agua con mucho hielo se antoja, pero pues ni refri tenemos”, comentó Carlos Medina, quien descalzo y en playera sin mangas se encontraba en la puerta de su casa, una puerta hecha de alambres de colchones.
Ya presentándose la época de lluvias, el calor y el frío son “cosa de nada”. Aunque en invierno las bajas temperaturas congelen las paredes de cartón y los techos de lámina, las brasas y las fogatas ayudan a salir del apuro a todos los que viven en tejabanes, que con poca ropa abrigadora salen adelante.
“Cuando hace calor, pues buscas cómo quitártelo (…) es preferible este calorón y el frío allá en diciembre que las lluvias, porque ahí sí no sabes ni dónde meterte ni dónde recostarte, porque todo está mojado”, comentó Carlos Medina, mientras cargaba a su hija Melisa de 1 año 3 meses, quien caminaba descalza en las piedras.
En la temporada de lluvias es común ver que tejabanes se volteen con el aire y las fuertes lluvias. Los pisos se hacen ríos de lodo y los techos de lámina escurren por todo el interior, mojando hasta las camas.
“Es más fácil quitarte el calor y el frío que cubrirte del agua, que se mete donde quiera (…) los niños se enferman más en diciembre pero también cuando llueve, pues andan todos mojados”, comentó Carmela Gómez, mientras lavaba la ropa de su esposo en una tina debajo de un techo de lámina.
Los niños en los tejabanes están acostumbrados a andar descalzos, aunque algunos admitan que si traen sólo un zapato es porque el otro lo han extraviado. En época de invierno es común ver a los jefes de la casa, prendiendo maderas, recolectándolas y metiendo a los tejabanes brasas. Los ojos de los niños, quienes se pelean por estar cercanos al fuego, están llorosos por el humo que desprende.
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