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Cáncer de tiroides; enemigo silencioso

  Por Orquídea López Allec

Publicado el miércoles, 2 de marzo del 2011 a las 16:00


En pacientes avanzados puede haber afección en nervios que mueven las cuerdas bucales

Piedras Negras, Coah.- Leonor jamás imaginó que un dolor de garganta e inflamación, a la que no le tomara mucha importancia, le llevara a casi perder el habla.

“Toda la vida he tenido molestia con las anginas, así que no le tomé mucha importancia”, precisa con voz clara la joven madre soltera de 34 años de edad.

Con el paso de los días, comenzó a sentir dolor en el pecho.

“Mi hijo que ahora tiene casi 5 años, tenía 9 meses de edad, a mí me dolía mucho el pecho”, indica.

Los años pasaron y ante la desidia y el pronóstico de algunos médicos que le decían que lo único que tenía era infección en la garganta, no puso más empeño en su padecimiento.

No fue hasta que su cuello comenzó a inflamarse y en una parte se le empezó a ver un tono verde.

“Me empecé a ver como si fuera la esposa de Hulk”, dice riendo y bromeando un poco.

La verdad es que la joven madre ahora puede reír, pero antes, la incertidumbre de verse envuelta en un cáncer la había devastado, principalmente al pensar en su pequeño hijo, Ángel Alexis, quien cumplirá 5 años el próximo 8 de abril.

Leonor Gutiérrez García, de 34 años de edad, recuerda que fue hasta que llegó con el doctor José Antonio Conde Arroyo, médico del IMSS quien al revisarla le mandó a hacer un ultrasonido.

“Resultó ser un nódulo frío, me mando a hacer un examen de tiroides también”, indica.

Sin embargo, en esos días su madre falleció y su familia se vio muy afectada por la ausencia.

Las molestias siguieron, acompañados ahora con dolores de cabeza muy intensos y una incapacidad para hablar correctamente.

Entonces regresó a atenderse nuevamente, tras otros exámenes, se le detectaron ahora cuatro nódulos, tras tomarle una biopsia, ya su voz no era la misma.

“Cuando hablaba todos se callaban, porque hablaba muy quedito, ya no podía hablar bien, hasta había alguien que casi casi me traducía en el trabajo”, precisa.

Al regresar a consulta, la trabajadora social ya no la llevó con el médico familiar, sino le dijo que la atendería el doctor Gerardo Olivares, oncólogo del Hospital General de Zona número 11 del IMSS.

“Fue devastador para mí saber que me atendería un oncólogo, era evidente que se trataba de algo más grave”, dice.

“La trabajadora social me empezó a dar ánimos, me hablaba de que era un cáncer al que le daríamos batalla”, rememora.

Sin embargo, a pesar de las palabras de aliento, Leonor sólo pudo pensar en una cosa: En la muerte.

“Yo estaba helada, no podía pensar en otra que cosa que en mi hijo, en ¿qué iba pasar conmigo y con él?”, indica.

“Una enfermera me vio muy mal y me regaló un dulce tratando de hacerme sentir bien, pero yo sólo pensaba en que soy el único sostén de mi hijo y ¿cómo llegaría a darles la noticia a mi familia?”, agrega.

Al llegar con el oncólogo, éste le explicó la situación y entonces le dio una gran esperanza, su cáncer era de los más tratables que hay y le dio palabras de aliento de que todo saldría bien.

“Échale ganas, estás muy joven y eso ayudará en mucho, me dijo el doctor Olivares”, apunta.

Leonor señala que en ese momento no tenía cabeza para nada, estaba prácticamente en shock.

Sin rumbo fijo caminó, preguntándose el porqué de su situación.

Lloraba por dentro y pensaba en su hijo, en su padre también, a quien la muerte de su mamá le había afectado más.

Llegó entonces a la casa de una amiga y fue donde no pudo más y soltó en llanto, comenzando a digerir su diagnóstico.

“-Dios es tan grande y sabe que tu hijo te necesita- me dijo mi amiga”, rememora con lágrimas en sus ojos.

Y es que es inevitable para Leonor llorar al recordar ese momento en el que sintió que la luz de su vida se apagaba.

Al llegar a su casa, dio vueltas y vueltas, pues primero quería asimilarlo y ver cómo daría la noticia a su padre y a sus siete hermanos.

Les dijo entonces que el resultado de sus exámenes habían sido positivos en cáncer de tiroides.

En ese mismo momento, precisa Leonor, le encargó a uno de sus hermanos a su pequeño hijo, de nueve meses de edad.

Y entonces se puso en manos de Dios y de los médicos para combatir su enfermedad.

Leonor fue operada en Piedras Negras por el oncólogo Gerardo Olivares, en el Hospital General de Zona número 11 del IMSS.

“He tenido muchas bendiciones gracias a Dios, el doctor Olivares, que me operó muy bien y que ha sido hasta sicólogo conmigo, dándome ánimos para salir adelante, mis vecinas que también han hecho rosarios, mi familia”, dice.

“Gracias a Dios he estado rodeada de mucho amor, de palabras de aliento y de apoyo”, agrega.

Leonor, en los próximos días será enviada a Monterrey, a la Clínica de Especialidades, donde le aplicarán yodo radioactivo para erradicar por completo el cáncer de tiroides, tras ser operada del mismo.

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