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Zócalo
Publicado el viernes, 19 de diciembre del 2008 a las 03:54
Nueva York, EU.- Pese a la enorme celebridad que rodea a su apellido, la intención de Caroline Kennedy de ocupar el puesto que Hillary Clinton dejará vacante en el Senado, se ha enfrentado con la seria duda sobre su capacidad para ejercer el cargo.
Kennedy, quien nunca ha desempeñado un trabajo de tiempo completo, tampoco ha sido electa a ningún puesto público ni tiene experiencia administrativa, cuenta como su principal activo ser miembro de uno de los clanes más poderosos de la política estadunidense.
Hija del presidente John F. Kennedy, asesinado en 1963, y sobrina del actual senador Edward Kennedy, Caroline se había distinguido durante toda su vida por mantener una estricta privacidad en torno a su vida.
El lunes pasado, sin embargo, trascendió su intención de postularse como senadora en cuanto Hillary Clinton deje el cargo para ocupar la Secretaría de Estado en el equipo del presidente electo Barack Obama.
El anuncio lo hizo el gobernador del estado, David. A Paterson, quien aseguró haber recibido una llamada de Kennedy, indicando su intención de relevar a Clinton. Y, de inmediato, críticas tuvieron eco en la prensa.
El representante demócrata del distrito de Queens en Nueva York, Gary Ackerman, aseguró ese día en un programa de radio que desconocía cuáles eran las cualidades políticas de Kennedy, “excepto que tiene reconocimiento de nombre, pero eso también lo tiene J. Lo (en referencia a la cantante neoyorquina Jennifer Lopez)”.
Por su parte, el ex candidato a gobernador demócrata por Nueva York durante 2002, Carl McHall, aseguró al diario The New York Times que, a diferencia de muchos políticos neoyorquinos aspirantes al puesto, “ella nunca ha sido puesta a prueba”.
De hacerse con la curul, Kennedy debería refrendar su escaño durante las elecciones intermedias de 2010, y tendría que ser votada un par de años después si pretende mantener el asiento.
La revelación ha causado revuelo en los círculos políticos estadunidenses, pues Caroline se había distinguido por mantener un bajo perfil público y por su decisión de alejarse de los reflectores que han perseguido a su familia desde hace décadas.
Esposa del diseñador Edwin Schlossberg, Kennedy tiene tres hijos, todos ya adolescentes, lo que de acuerdo con sus allegados le permite dedicarse ahora sí a la política. De lograr la nominación, lograría mantener a su apellido como parte del Senado una vez que su tío Edward se retire.
Sus críticos, sin embargo, han señalado que su activismo social se ha concentrado en temas poco polémicos, como el patriotismo, la poesía y el mejoramiento del sistema educativo estatal, y que no ha probado sus habilidades políticas ni como negociadora.
Por ello, para muchos neoyorquinos, algunos candidatos menos conocidos para ocupar el lugar de Hillary Clinton han demostrado que su compromiso con la política es mayor que el de Caroline, una mujer privilegiada por nacimiento.
Kennedy nació en 1957, y apenas tres años más tarde ocupó una de las habitaciones de la Casa Blanca, cuando su padre ganó la presidencia. Tres años más tarde, Caroline se enfrentó a la primera gran tragedia que tendría en su vida: el asesinato de su padre.
Poco tiempo después del crimen, la familia Kennedy decidió mudarse del elegante barrio de Georgetown, cerca de Washington, a un penthouse en Nueva York, donde ha radicado desde entonces.
Y donde principalmente forjó su carrera como escritora y abogada.
Ahí fue donde recibió dos amargas noticias más: la muerte de su madre Jackie en 1994 y de su hermano John en 1999. Además, ahí supo del cáncer de su tío Edward, el actual senador.
Pese a que quedó como una de las pocas herederas del apellido Kennedy, Caroline no decidió explotarlo políticamente hasta hace unos meses, cuando en un editorial en el diario The New York Times aseguró que apoyaba a Barack Obama para presidente.
En el texto, Kennedy no dudo en llamar a Obama “un presidente como mi padre”, que lograría entusiasmar a muchos estadunidenses en torno a un mensaje de cambio y esperanza.
Como consecuencia, Obama la nombró como una de las encargadas de encontrar a su vicepresidente, que resultó John Biden. Para muchos, su labor había terminado ahí, tomando en cuenta su discreción.
De ahí las expectativas que ha generado su intención de ocupar un lugar en el Senado. Y aunque tiene detractores, los partidarios demócratas no pueden ignorar que el apellido Kennedy puede allegarles de algo valiosísimo durante la época electoral: dinero y atención.
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