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Coahuila

Carta a las y los graduandos: La lección que no termina.

Por Alfonso Yáñez Arreola

Hace 8 meses

Se sienten días distintos, hay algo en el aire, en el paso más lento por los pasillos, en los saludos que duran más, se sienten las despedidas. Es el cierre de un ciclo más, uno que se midió en años, desvelos, en primeras veces y en muchos sueños.

Mientras algunos se preparan para vacaciones, hay quienes están viviendo sus últimos días como estudiantes universitarios. Les toca empacar no sólo libros, sino historias. Guardar en la memoria momentos que marcaron un antes y un después: repetirse que están listos, aunque el corazón tiemble.

Nos enseñaron a ser estudiantes desde niños, pero a pocos, o casi nadie, nos prepararon para dejar de serlo. No hay clase, taller o seminario que te enseñe a cerrar la puerta del aula sabiendo que ya no volverás, al menos como estudiante.

Hay algo que sí nos dijeron y que hoy adquiere sentido: que el aprendizaje no termina con un título, en realidad, nunca dejamos de ser estudiantes.

Ser estudiante no es solamente estar inscrito en un sistema educativo, es una actitud frente a la vida. Es seguir cuestionándonos, seguir observando, seguir aprendiendo y aceptar que la vida nos pondrá nuevas materias, nuevos exámenes y nuevas oportunidades de crecimiento.

A quienes pronto se gradúan, quiero hablarles desde la memoria, desde ese lugar que ustedes ayudaron a construir con su paso por las aulas; porque cada generación deja algo a su universidad y se lleva algo, aunque no lo entienda de inmediato. Las generaciones con sus causas, sus logros y sus derrotas, dejan huella.

No minimicen ni aceleren este cierre, vivan su despedida. Agradezcan, abracen, recorran sus campus una vez más, tómense fotos, pero sobre todo, tomen conciencia.

No todos tienen la oportunidad de cerrar un ciclo con la frente en alto, con la mochila llena de recuerdos y con el espíritu listo para el siguiente reto.

A quienes se quedan, a quienes todavía les faltan semestres, parciales y exámenes, no vean estos días como una pausa; véanlos como un recordatorio de que están viviendo una de las etapas más intensas y significativas de su vida. Aprovechen el tiempo, equivóquense sin miedo. Porque nadie sale igual de como entró a la universidad y eso es el mayor valor de este importante proceso.

La Facultad de Jurisprudencia, que tanto amamos, no es sólo un espacio de formación académica, es una escuela de vida.

Aquí se aprende Derecho, justicia, empatía, se aprende a construir y a disentir con respeto. Se aprende a servir y a ser agentes de transformación social con sentido y con responsabilidad.

Algunas de las lecciones más valiosas las darán sus compañeros, sus docentes que sembraron una inquietud que durará años, o las derrotas que les mostraron de qué están hechos.

La universidad, como la vida, es un viaje de ida; no se regresa igual. No se piensa igual y eso significa que crecimos, aprendimos y cambiamos.

Hoy, más que una despedida, esto es una promesa. La promesa de seguir aprendiendo aunque cambien los salones, los maestros y los horarios.

La promesa de mantenernos curiosos, críticos y comprometidos. La promesa de no olvidar que ser egresado no es dejar de ser estudiante… es serlo de otra forma.

A quienes concluyen su etapa universitaria, la generación 77 de la Facultad de Jurisprudencia, mi reconocimiento: ustedes como generación y yo como director, comenzamos juntos, en uno de los momentos más inciertos de nuestra historia: la pandemia.

A la distancia y entre pantallas, aprendimos a hacer universidad. Les deseo éxito y propósito. Con talento, memoria y causa, sé que van a transformar el mundo; sigamos aprendiendo, porque nunca dejamos de ser estudiantes.

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