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Coahuila

Carta al Presidente (II)

Por Gerardo Hernández

Hace 5 años

¿Por qué no ser un antiAMLO rabioso? Primero, porque pienso en los más de 30 millones de mexicanos que votaron por usted como última esperanza, agraviados por el PAN y el PRI; de lo contrario, Ricardo Anaya o José Antonio Meade ocuparían hoy la silla del águila. El país no volvió al PRI en 2012 por propia voluntad. Grupos de poder, contratistas extranjeras y una mafia de gobernadores impusieron a Peña Nieto; después les sirvió de marioneta. Un presidente de telenovela, corrupto y sin carácter, no podía salvar a México.

Tampoco me uno al «coro de los esclavos», pues muchos de quienes lanzan abominaciones contra usted, Andrés Manuel, son enchufistas que durante sexenios amasaron fortunas mientras la inmensa mayoría de los mexicanos carecía de lo indispensable y era tratada con desprecio. Sin embargo, no todas las fortunas han pasado por los lodazales: ocho o 9 de cada 10 son producto del trabajo, la disciplina y el sacrificio de generaciones. Por tanto, es injusto denostar la iniciativa individual y colectiva y presentar a los empresarios, micro o pequeños, medianos o grandes, como enemigos de México, cuando sin ellos, sencillamente, no habría país ni bienestar.

El Gobierno no genera empleos ni riqueza, se adorna con ellos o los destruye según su ideología. Para crecer, desarrollarse y acortar la brecha entre ricos y pobres hace falta liderazgo político, democracia, energía social, leyes, libertad, confianza en las instituciones y una Iniciativa Privada robusta. Presidente López Obrador, polarizar puede generarle a su movimiento ganancias electorales en el corto plazo, pero al final los costos serán mayores. Camina usted por el filo de la navaja. El periodista y político británico George Bulwer-Lytton lo plantea así: «El prudente puede dirigir un Estado, pero es el entusiasta el que lo regenera o lo arruina». Hoy, donde usted ve regeneración («vamos muy bien»), muchos observan ruina.

Incluso en casos de presidencias fuertes como la suya, la cual procede de las urnas, no de las armas ni de la dictadura, el periodista y escritor José Luis Cebrián advierte: «Gobernar no es mandar, por mucha mayoría que se tenga». Además, en democracia, las mayorías son efímeras; y el control total, un anacronismo. Las oposiciones, mientras más sólidas y congruentes sean, mejores democracias y gobiernos producen. La función de la prensa es fundamental. Es cierto, Presidente, un amplio sector de los medios de comunicación y un buen número de periodistas se beneficiaron del régimen venal y corruptor.

Apriete clavijas, pero no caiga en la tentación de la censura ni en la creencia de que la prensa forma parte de la enfermedad, cuando es parte del remedio. Igual que a los políticos y a los partidos, la ciudadanía castiga a los medios de comunicación que la engañan y la toman por tonta e ignorante. Es cierto: mucha de la ojeriza contra usted y la Cuarta Transformación no nace de un repentino celo patriótico o de una preocupación genuina por el país, sino de la afectación de intereses y la cancelación de prebendas. Es mil veces preferible una prensa crítica que una aduladora o genuflexa. La primera le dio voz y votos y le ayudó a llegar al poder; la segunda le secó a Peña Nieto el poco seso que tenía y lo convirtió en piltrafa. Si usted no es igual, como asegura, demuéstrelo. Ser bueno y honrado no basta. México necesita un estadista, no un «mesías tropical».

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