Piedras Negras
Publicado el lunes, 9 de febrero del 2026 a las 04:04
Piedras Negras, Coahuila.- En medio de uno de los periodos más difíciles que vivió Piedras Negras, cuando la violencia marcaba el ritmo de la ciudad, una puerta comenzó a abrirse para los niños y niñas más vulnerables. Hoy, 15 años después, Casa Omnia atiende a casi 200 menores.
La madre Lupita Bastida, comparte cómo la Casa Omnia que se ha convertido en un refugio para muchas niñas y niños, nació de una necesidad de atender, acompañar y mostrar amor a quienes serán el futuro de la comunidad.
La religiosa quien llegó años atrás a esta frontera como directora del nivel secundaria del Colegio México, supo que era momento de atender una necesidad imperante, luego de llevar a unos estudiantes de misiones a una de las colonias más vulnerables en 2008.
“ Tuve la oportunidad de llevarme a un grupo de jóvenes de misiones a la colonia Lázaro Cárdenas”, indica.
“ En esas misiones, mis jóvenes que ahorita ya son profesionistas, me llevaban a los niños, me acercaban a los niños y me decían: Madre trae la ropita muy ligerita, madre mire, tiene hambre, madre mire, no trae zapatitos”, añade.
Fue entonces que surgió un cuestionamiento a la madre Lupita: ¿Quién atiende a estos niños y cómo podría la iglesia atenderlos?
“ Creo que fue ahí donde Dios puso en mi corazón la certeza de hacerlo, yo ya traía desde tiempo atrás el deseo de ayudar a los niños que tenían más necesidad, pero ahí fue donde dije yo lo quiero hacer”, comparte.
Sin recursos económicos, pero con el respaldo de la comunidad y del entonces obispo monseñor Alonso Garza Treviño, inició en una pequeña casa de la colonia Mundo Nuevo.
“ Hablé con el señor obispo, el señor Alonso y me dice pues si tú quieres yo te apoyo y empezamos en el 2011”, apunta.
El entonces le fue asignado un espacio que estaba habilitado como un comedor para infantes en la colonia Mundo Nuevo, a quienes invitó a quedarse para ayudarles en sus tareas, para que tuvieran esparcimiento sano y rezar. Empezaron con cuatro niños y niñas, pero pronto creció el grupo.
“ En mi pensamiento siempre fue que los niños estén bien, coman bien, puedan tener un lugar seguro, donde no corran peligro, donde no estén solos”, subraya.
En 2011, cuando la violencia se presentaba en Piedras Negras, las infancias se tornaron muy vulnerables, ante ello, la fundadora de Casa Omnia precisa que era mucha la necesidad de cuidar a los niños y niñas.
“ ¿Cómo le van a hacer, qué va a pasar con ellos?, entonces gracias a Dios aceptaron la invitación y sus mamás me permitieron ser parte de su vida y de su crecimiento, entonces en octubre, noviembre de 2011 yo ya tenía 30, 40 niños”, indica.
Primero fueron apoyos pequeños. Luego se formó un patronato con personas que impulsaron la estructura que permitiría que la obra creciera con orden. Después llegaron más manos, más donativos, más puertas abiertas.
“ Yo inicié sin un peso en la bolsa, nada, nada, no tenía nada, pero tenía la certeza de que la gente apoyaría, había sido directora de secundaria, entonces tenía alumnos y exalumnos que me conocían y que conocía yo a las mamás”, apunta.
“ Entonces mi primer gran apoyo fueron mis mamás, las exmamás de mis niños. Esa fue la primera señal de que la gente de Piedras Negras es generosa”, agrega.
Pero fue el patronato lo que llevó a multiplicar el apoyo a los infantes y mantenerlo dirigido por dos grandes personas.
“ La señora Finita y el señor Salvador Chavarría que en paz descanse, logran hacer el patronato, gracias a ellos, gracias a todo el apoyo que nos dieron, toda su generosidad y su enseñanza, pues esto funcionó”, resalta.
“ Gracias a ellos, a sus contactos, a sus amistades, a su misma generosidad nos dieron a conocer y fueron ganando donativos y ayudas y poco a poco nos van conociendo y van viendo el trabajo que se hace”, añade.
Con el paso de los años se abrieron más casas en diferentes colonias hasta contar hoy en día con cuatro espacios activos. Actualmente atienden entre 150 y 200 niñas y niños.
“ A los dos años, 2013-1014 se abre la segunda casa que es ésta la de Tierra y Esperanza”, detalla.
Recuerda que la señora Diana Davis quien era representante de un grupo de voluntarios, decidió donar el espacio para la segunda Casa Omnia.
“ Le dice al señor Fernando Purón que en paz descanse, estas instalaciones que yo voy a dejar las utilizan para atender a estos niños, para una obra así como ésta”, indica.
Precisa que en la colonia Lázaro Cárdenas empezaron a presentarse sucesos terribles y se decidió abrir una tercera casa, no obstante tuvieron que cerrar un tiempo por la pandemia de Covid-19, pero volvieron con la ayuda.
Después indica que la señora Cristi Berain ayudó para poner bonita la casa donde se había iniciado y luego el señor Urbano de los Santos ayudó para reparar la casa que tiene poco que entró en funciones, ubicada en la calle Zaragoza, con lo que se logran cuatro casas.
Algunos llegan callados, con la mirada baja. Otros traen historias de violencia tan duras que es necesario intervenir con autoridades para protegerlos. Pero la mayoría vive procesos silenciosos: Pequeños despertares.
“ Omnia es como el lugar seguro de los niños, un lugar donde comen bien, donde están tranquilos, donde hacen tareas, donde hacen oración, cantan, juegan, vamos de paseo, es un lugar donde los niños están bien, aprenden a amar, aprenden a dejarse amar”, expresa.
“ Creo que la vida es tan rápida, la vida la vivimos tan rápido, tan rápido y con tantos problemas, tantas situaciones, tantas carencias y se nos olvida que tenemos niños al lado y que un niño requiere de la palmadita, del trato bonito, de la sonrisa, del abrazo”, añade.
Lamentablemente indica que han tenido algunos casos de infantes que están en un entorno violento.
“ Niños que vienen de violencia cruel, grave, fuerte y que de alguna manera o les hemos podido ayudar a la familia o hemos podido hacer que la Procuraduría de las Niñas, los Niños y la Familia tome cartas sobre el asunto y se resguarde la integridad del niño”, subraya.
No todas las historias tuvieron final feliz. Pero muchos de los llamados “niños Omnia” hoy son profesionistas, padres y madres de familia.
“ Puedo ver que la ayuda ha dado resultado en muchos casos y en muchos otros casos pues no, no se vio gran cambio, pero en los niños que ahorita son jóvenes que ya son profesionistas, que ya son papás, ya son mamás, que han sido niños Omnia, pues veo que su vida es bonita, veo que su vida no fue como pintaba”, resalta.
“ Como que Dios los blindó y pudieron formar una familia bonita, ahorita estar trabajando bien, tener una vida bonita”, agrega.
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