Arte

Publicado el sábado, 9 de agosto del 2025 a las 04:05
Ciudad de México.- En lo alto de la Media Luna de su vestíbulo, el Museo Nacional de Antropología (MNA) exhibe algunas de las primeras piezas de las que México dispuso para dar forma a un recinto de este tipo en el país.
Está entre ellas, por ejemplo, un Xiuhtecuhtli, señor del fuego y del año en la cosmovisión mexica, que fue incorporado al naciente acervo del Museo Nacional de México (MNM) al poco tiempo de haberse establecido.
Esta institución, ya extinta, pero de la que se evoca ahora el bicentenario de su fundación, antecedió a todo el sistema de recintos museísticos que vendrían después.
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(A este Xiuhtecuhtli) se le conocía como el ‘Indio con turbante’, y se pagaron 2 pesos por él”, destaca en entrevista el director del MNA, el historiador Antonio Saborit, sobre este “idolito de media vara de alto”, como se describe en el recibo del pago que el Gobierno mexicano realizó por esta escultura de basalto, con fecha del 30 de abril de 1825, en una época en que no extrañaba una transacción de este tipo, hoy prohibidas por el país.
Esta y otras piezas arqueológicas y etnográficas, además de documentos históricos, publicaciones hemerográficas, grabados, fotografías y dibujos, integran la muestra 200 Años del Museo Nacional de México, dedicada a reconocer la importancia de este espacio que fue instituido el 10 de marzo de 1825 por decreto del entonces presidente Guadalupe Victoria.
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Lo que queríamos hacer era, primero que nada, que no pasara de largo la efeméride. “Decía Edmundo O’Gorman que había que celebrar todos los aniversarios, y este es uno importante”, apunta Saborit, quien coordinó al equipo de especialistas encargados de la curaduría de esta exposición en el MNA.
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Hace 200 años, la joven República Mexicana decidió darse un Museo Nacional sin saber bien a bien qué era, en qué consistía”, continúa el historiador, refiriendo que ya el propio Francisco Javier Clavijero había planteado en su libro Historia Antigua de México, a finales del Siglo 18, la necesidad de construir un espacio de esta naturaleza.
Saborit relata que el antiguo Fontanero Mayor de la Ciudad de México, Diego de la Rosa y Landa, el hombre encargado de atender los drenajes de la naciente urbe, había resguardado 18 piezas arqueológicas recuperadas del subsuelo capitalino.
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En su trabajo encuentra lo que llamaban entonces ‘ídolos’, los recoge y se los lleva”.
Estos formarían la primera colección del MNM.
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Hay una carta muy bonita que Lucas Alamán (entonces Ministro de Relaciones Interiores y Exteriores) dirige al Fontanero, y le dice: ‘Esos que tiene usted, mándemelos para acá para meterlos al Museo Nacional’.
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Hay desde 1825 la idea de que el Museo Nacional va a ser el espacio que va a salvaguardar este patrimonio, que va a impedir que sea saqueado”, prosigue el director del MNA. “De hecho, junto con el (establecimiento del) Museo Nacional hay una disposición aduanal que impide la exportación de estos objetos”.
El recinto arrancó su labor, pues, con esas 18 piezas, ubicado originalmente en el Salón de Matemáticas de la Real y Pontificia Universidad de México –antecedente de la UNAM–. Posteriormente, entre 1865-1866, se trasladó a la antigua Casa de Moneda, la cual hoy alberga el Museo Nacional de las Culturas del Mundo, en el mismo inmueble que Palacio Nacional.
Y al no haber en ese entonces espacio semejante que sirviera de referencia, el trabajo se fue llevando a cabo de forma pragmática, sorteando cuestiones como la falta de recursos, misma que limitaba la apertura al público a solo unos días de la semana y por unas cuantas horas.
La muestra 200 años del Museo Nacional de México, con un total de 60 objetos, permanecerá montada en la Media Luna del MNA hasta el 28 de septiembre próximo.
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