Arte

Publicado el lunes, 11 de agosto del 2025 a las 04:04
Ciudad de México.- La matriz negra africana, presente desde el desembarco de personas esclavizadas en el continente, ha sido históricamente borrada y desatendida en Latinoamérica, pero desde la danza se impulsa su
reconocimiento.
El primer Festival de Danzas Negras, Reflexiones Afroindígenas tiene contemplados más de 60 espectáculos y 300 artistas de Brasil, Cuba, Colombia y México, en particular de Guerrero, Veracruz y Oaxaca.
El encuentro inició este fin de semana en el Palacio de Bellas Artes, y se extenderá hasta el 31 de agosto, Día Internacional de los Afrodescendientes.
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Nos parece que reconocernos como mexicanos con matriz negra africana es algo muy importante”, dijo en entrevista el curador e investigador veracruzano Alonso Alarcón, quien se asume como pardo por la mezcla de tres raíces: de padre negro, madre blanca y abuelas indígenas totonacas.
Su investigación posdoctoral en danza sobre los travestismos ancestrales en Brasil, en particular sobre La Ballena Rica, nombre artístico de Manuel Jiménez, quien ha explorado los ritmos africanos, en especial el maracatu, reforzó esta convicción y decidió ponerla sobre la mesa cuando aceptó ser titular de la Coordinación Nacional de Danza del INBAL.
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Cuando hablamos de danzas negras, hablaríamos por un lado de las danzas de la cultura popular o de las danzas de los pueblos originarios que están ahí y en las que podemos reconocer las negritudes, lo que en México está recientemente estudiado, a diferencia de países que nos llevan la delantera en este tipo de investigaciones y de activismos, en Brasil, Colombia o Cuba”, agrega Alarcón.
El festival, organizado por su Coordinación, aglutina el trabajo de coreógrafos y bailarines que reflexionan sobre la negritud y lo afromexicano, con expresiones tradicionales y espectáculos contemporáneos, que contrarrestan el pensamiento colonial de que estas danzas son reliquias del pasado.
La programación incluye funciones, conferencias magistrales, conversatorios, presentación de documentales, exposición fotográfica y talleres, para mostrar la riqueza de los ritmos y las tradiciones de estas raíces.
Compartieron la función inaugural del festival, el pasado sábado, la compañía colombiana Memorias Danza Teatro, con Tierra fértil, Homenaje danzado a Manuel Zapata Olivella, y estudiantes de la Escuela Nacional de Danza Folklórica del INBAL, acompañados por músicos de Llano Grande y Cuajinicuilapa, Guerrero, quienes interpretaron la pieza Raíz que No Muere.
Con un fandango serán celebrados los 100 años de Elena de la Luz Ramírez Aguirre, “Doña Elena” o “Mamá Elena”, bailadora de son jarocho y transmisora de esta tradición, y merecedora de la Medalla de Bellas Artes 2025.
Entre las obras, el cartel contempla Akilawa, Manos Prodigiosas, con Obiní Batá, el primer grupo de mujeres que toca los tambores batá de manera profesional, de Cuba, y Construida en Ébano, de la agrupación veracruzana Jóvenes Zapateadores, así como Animeros, basada en la leyenda colonial sudamericana, de la Corporación Cultural Atabaques, de Colombia, entre otras propuestas.
El festival será clausurado, en el Teatro del Bosque, con Yanga… Resistencia Negra en México, de Serafín Aponte, uno de los primeros coreógrafos contemporáneos en reconocerse como afromexicano.
En esta última función será develada una placa por los 25 años de esta pieza, creada a partir de la historia real de Yanga, un esclavo que logró escapar y consolidar una población de cimarrones en Veracruz.
El festival tendrá extensiones en Tlacotalpan, Veracruz, y Pinotepa Nacional, Oaxaca.
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