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| "San Francisco de Asís representa, por así decirlo, a través de su testimonio y de su vida, de alguna manera, a Jesús mismo". Jorge Salvador Guzmán Cortez, Sacerdote.

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Celebran hoy a San Francisco de Asís

  Por Silvia Mancha

Publicado el domingo, 4 de octubre del 2026 a las 04:00


Vivió durante el siglo XIII, en plena Edad Media, y su historia continúa sorprendiendo por la manera radical en que decidió abrazar el Evangelio

Monclova, Coah.- Este domingo 4 de octubre, la Iglesia Católica celebra la fiesta en honor a San Francisco de Asís, uno de los santos más queridos y representativos de la Iglesia, cuyo ejemplo de humildad, pobreza evangélica, misericordia, paz y amor por la creación permanece vigente ocho siglos después de su muerte.

El padre Jorge Salvador Guzmán Cortez señaló que San Francisco de Asís es una de las figuras más entrañables para los católicos, pues a través de su testimonio y de su manera de vivir, buscó reflejar en su propia existencia los rasgos de Jesús y llevar el Evangelio hasta sus últimas consecuencias.

“San Francisco de Asís representa, por así decirlo, a través de su testimonio y de su vida, de alguna manera, a Jesús mismo”, expresó el sacerdote.

¿Quién era?

San Francisco vivió durante el siglo XIII, en plena Edad Media, y su historia continúa sorprendiendo por la manera radical en que decidió abrazar el Evangelio. Nacido en una familia rica y con un futuro lleno de posibilidades, conoció desde joven los placeres, el prestigio y las comodidades que podía ofrecerle la vida.

Sin embargo, una serie de experiencias comenzaron a transformar profundamente su manera de mirar el mundo. Durante su juventud fue prisionero de guerra y posteriormente atravesó un periodo de enfermedad que lo llevó a reflexionar sobre la fragilidad de la existencia. Comenzó entonces a comprender que la vida podía ser como un suspiro y que las riquezas y los privilegios no eran suficientes para llenar el corazón del ser humano.

Camino a la conversión

Uno de los episodios que marcaron su conversión ocurrió cuando se encontró con un hombre enfermo de lepra. En aquella época, quienes padecían esta enfermedad eran profundamente rechazados y marginados. Francisco, que inicialmente también experimentaba ese rechazo, decidió acercarse, vencer el miedo y abrazar al leproso, llegando incluso a besarlo como un acto de misericordia hacia uno de los sectores más marginados de aquella sociedad.

Aquel gesto representó mucho más que un encuentro con una persona enferma: significó para Francisco el descubrimiento de Cristo en aquellos que la sociedad había colocado en los márgenes.

Posteriormente, su vida daría un giro definitivo en la pequeña capilla de San Damián, que se encontraba en ruinas. Mientras oraba frente al crucifijo, Francisco sintió que Jesús le decía: “Francisco, ve y repara mi casa, porque está en ruinas”.

En un primer momento, Francisco interpretó aquellas palabras literalmente y comenzó a reconstruir el templo. Sin embargo, con el paso del tiempo comprendió que aquella llamada iba mucho más allá de las paredes de una capilla: se trataba de contribuir a la renovación espiritual de toda la Iglesia.

Abraza vida de pobreza

El padre Jorge Salvador mencionó que en aquella época también existían escándalos dentro de la Iglesia y entre sus ministros, situaciones que podían presentarse cuando se perdía la cercanía con Dios. La vida de Francisco se convirtió entonces en un llamado a recuperar los valores esenciales del Evangelio y a vivirlos con autenticidad.

Francisco llegó al punto de renunciar públicamente a las riquezas que le correspondían. Para muchos de sus contemporáneos aquello parecía una locura. Nadie entendía cómo un joven que lo tenía todo, podía decidir abandonarlo para vivir en pobreza y dedicar su existencia al servicio de Dios y de los demás.

Pero Francisco no se arrepintió. Abrazó lo que llamaba la “dama pobreza” y eligió caminar descalzo, vestir un hábito sencillo de tela áspera y llevar una cuerda alrededor de la cintura, como símbolo de una vida que ya no dependía de los bienes materiales, sino completamente de Dios.

Se convirtió en un hombre que pedía limosna y trabajaba para obtener lo necesario, compartiendo aquello que recibía con quienes tenían menos. Su ejemplo comenzó a atraer a otros hombres que deseaban seguirlo y vivir aquella radicalidad de la pobreza evangélica.

Pero había algo que distinguía especialmente a Francisco: vivía su pobreza con alegría. El padre Jorge Salvador subrayó que muchas veces se piensa que la santidad debe estar acompañada de una actitud seria y solemne, cuando para Francisco seguir a Jesús también significaba vivir con alegría, servir a los demás y encontrar felicidad en una vida sencilla.

Amaba a toda criatura

El amor que Francisco sentía por Dios también lo llevó a contemplar de una manera diferente toda la creación. Veía en cada criatura una manifestación del amor del Creador y llegó a llamar “hermano sol”, “hermana luna”, “hermano fuego” y “hermana agua” a los elementos de la naturaleza. También se refería a los animales como hermanos y hermanas.

De ahí que San Francisco sea reconocido como uno de los grandes patronos de la ecología. Su famoso “Cántico de las Criaturas” representa una de las expresiones espirituales más bellas de su pensamiento: una alabanza a Dios a través de la creación.

Su mensaje adquiere especial relevancia en la actualidad, cuando el deterioro del medio ambiente y el uso desmedido de los recursos naturales ponen en riesgo el futuro del planeta. El padre Jorge Salvador recordó que Francisco invita a mirar la naturaleza como una casa común que Dios entregó para beneficio de todos y que debe ser protegida pensando también en las futuras generaciones.

Otro aspecto que distingue a San Francisco fue su capacidad para buscar el diálogo en una época marcada por conflictos religiosos y militares. Mientras se desarrollaban las Cruzadas, Francisco buscó acercarse de manera pacífica a otras culturas y religiones. Su encuentro con el sultán de Egipto es recordado como uno de los grandes ejemplos históricos de diálogo entre personas de distintas creencias.

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