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Por
Cristal Romo
Publicado el sábado, 19 de marzo del 2011 a las 15:00
Espinazo, N.L.- Fe, misticismo, ignorancia, magia, curiosidad, veneración, todo un cúmulo de emociones se vertió en un sólo punto: la ex hacienda de Espinazo, Nuevo León, lugar en donde no se puede evitar que se erice la piel de quienes se congregaron a celebrar el primer milagro efectuado por el sanador de almas, El Niño Fidencio, perpetrado un 19 de marzo, día del nacimiento “espiritual” de este personaje.
La infinita devoción hacia José Fidencio de Jesús Síntora Constantino, el inmortal Niño Fidencio, es palpable en estas fechas en cada milímetro de distancia que se recorre para llegar a su santuario, ubicado a 130 kilómetros al sur de Monclova, justo en los límites de Coahuila y Nuevo León, donde su espíritu se mantiene más vivo que nunca alimentado por la ciega adoración que se le profesa.
La caminata de más de 24 kilómetros que separan la Carretera 53 hacia Espinazo inicia la serie de sacrificios que se otorgan este día en ofrenda a los innumerables milagros que se le adjudican, preparándose así para la fiesta de la Iglesia Fidencista Cristiana, que inicia desde el 18 de marzo y culmina al día siguiente con la entonación de las Mañanitas durante todo el día y hasta el amanecer.
El primer símbolo de gratitud hacia el Niño Sanador desemboca en las repetidas e incansables danzas. El ritmo frenético de los tambores acompañado por el golpeteo de los huaraches de madera sobre la losa invaden mente, espíritu y materia; su eco no sólo resuena en el recinto que fue mudo testigo de las tan sonadas curaciones, sino en el alma misma, incitando al misterio a través de una extraña energía que recorre el cuerpo; indudablemente la fiesta a comenzado.
El panorama de verbena popular se engrandece en los pasillos repletos de puestecitos que ofrecen multitudinarios productos comestibles, de ornato y religiosos, que a decir verdad son los que sostienen la vida en este punto del semidesierto; todo cobijado por constantes murmullos que ensordecen, y para aquel que aún puede escuchar algo están el acordeón, trompeta, tuba, guitarra y demás instrumentos que se suman en rabiosas interpretaciones.
Sin embargo, la verdadera importancia de esta celebración radica en los miles de fieles que sin pensar ponen su destino en manos de las llamadas “materias” o “cajitas”, que ataviadas cuales enfermeras o con trajes multicolor, profesan los rituales de curación sin importar el lugar en el que se encuentren.
Cualquiera puede acceder a las manos curativas de quienes se suponen herederas de los poderes sanadores de El Niño Fidencio, se habla de ellas porque la mayoría son mujeres, las cuales atienden a miles de enfermos, en su mayoría de procedencia extremadamente humilde, para concederles el milagro de la sanación a través de ungüentos, dulces, jabones, estampitas, e infinidad de artículos.
Cual si fueran unos infantes, con una delgada voz que despierta incredulidad y hasta risa en algunos, adoración en muchos, se escucha “yo quiero que sientas mi energía entrando en tu cuerpo, nada te puede vencer, mi poder todo lo salva, acércate a él”, “quiero que dejes atrás el sufrimiento y te llenes de felicidad, el mal que te aqueja abandonará tu cuerpo”, por mencionar alguna que otra frase de las diversas que resuenan a voz de las “cajitas” mientras posan su cabeza contra la del enfermo, o danzan a su alrededor, siempre con los ojos cerrados.
Considerada por muchos una secta religiosa que mezcla el catolicismo con la santería a través de técnicas de sugestión, el hogar del Niño Fidencio se convierte en el epicentro de enfermos que acuden para obtener la deferencia de este personaje y alcanzar así el remedio a los dolores que les aquejan.
“Raíz de chivo milagrosa, llévele que se acaba, si padece del riñón, de mala circulación, para la tos que no sana, para la vista cansada, llévele que se acaba”, grita con pasión uno de los tantos vendedores locales y foráneos que tratan de posicionar sus productos y que convierten el hogar del Niño Fidencio en un mega mercado donde se encuentra prácticamente de todo, eso sí, adornado con la figura del venerado personaje.
Al avanzar del reloj la multitud se va multiplicando, la misa en honor del Niño Fidencio se pactó en punto de las doce del mediodía del viernes, para después ofrendarle las Mañanitas a partir de las 8:00 de la noche y hasta la madrugada del 20 de marzo.
No obstante la concentración se plasma en la muchedumbre, que convencida del poder que transmiten las herederas del Niño Fidencio, se baña gustosa bajo su supervisión en la pestilente agua y fango de “El Charquito”, o se arrodillan ante la tumba del sanador después de una “curación” de las también llamadas “materias”.
También están “El Columpio”, “El Pirulito”, “La Dicha” y “El Círculo de Curación”, lugares en los que El Niño Fidencio acostumbraba a realizar sus milagros u operaciones para devolver la salud a sus pacientes; todos ellos ahora testigos de la adoración y fe ciega de la gente que acude al lugar.
A pesar de que las oraciones pululan en honor del Niño Fidencio, no faltan aquellos que prefieren demostrar su fe ciega en el guía espiritual de esta región con actos como avanzar de rodillas por los pasillos, irse rodando desde la entrada del lugar hasta el santuario y entregar su retablo de agradecimiento, o arrojarse con los ojos cerrados al famoso “Charquito”, todo sirve para celebrar la virtud del sanador de leprosos, cáncer, parálisis y cualesquiera otra enfermedad.
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