Arte

Publicado el sábado, 11 de diciembre del 2021 a las 03:56
Saltillo, Coah.- Eduardo tenía 12 años, cuando en su natal Parras de la Fuente se enteró que iban a quemar una imagen al óleo de la Guadalupana. A tan corta edad, gestionó para que se la regalaran. Así comenzó una colección de más de 80 piezas centenarias de la Virgen de Guadalupe.
Cuatro décadas después de ese episodio, Jorge Eduardo Luna González abre las puertas de su museo privado La Casa de Santa María de las Parras, en Saltillo, para compartir su devoción por la Morenita del Tepeyac, mostrando 40 de sus piezas de arte sacro guadalupano.
Con una antigua casona de hace siglos como escenario, en el corazón de Saltillo, así celebrará este domingo el 490 aniversario de las apariciones de la Virgen en el Cerro del Tepeyac, con la exposición de este tesoro cultural de arte sacro guadalupano.

Pintada por el padre Carrasco
Frente a esa primera pintura de la Guadalupana que salvó siendo aún niño, Eduardo platica la historia de algunas de esas joyas artísticas de su principal devoción. De esa pintura al óleo que lo ha seguido toda su vida, cuenta que se enteró de su existencia cuando vivía en Parras y se enteró de que remodelaban una capilla antigua, por el rumbo de la Hacienda de Perote.
“ Fui y me enteré que, como había muchas pinturas e imágenes, dijeron que algunas las iban a quemar para usar los residuos para el miércoles de ceniza. Pero yo quería esa pintura, me gustó mucho, y una conocida me ayudó a intervenir, les dijo que yo la quería y la cuidaría mucho. Y pues sí me la dieron”, cuenta Eduardo.
Instaló la imagen en el cuarto de su casa y siguió recopilando otras obras de arte sacro, hasta que llegó a vivir a Saltillo, donde investigó el origen de la Virgen, donde se dio cuenta que el autor de la firma es Gonzalo Carrasco, famoso sacerdote jesuita que pintó los frescos y murales en la iglesia de San Juan Nepomuceno, por lo que ese óleo de la Virgen data de hace más de 100 años.
En la misma sala donde expone esta obra, esta otra que sí está fechada, correspondiendo a una época similar. El lienzo tiene una inscripción en una de las esquinas que dice: “México, 6 de octubre de 1884”. Este año esa imagen cumplió 137 años.

Virgen tlaxcalteca
Con el tiempo, su gusto por el arte sacro y los objetos antiguos lo llevaron a recopilar más piezas, entre ellas, una de las más antiguas y diferentes, que guarda como un verdadero tesoro mexicano, se trata de una imagen de bulto de una virgen con rasgos tlaxcaltecas.
“ Estaba en la casa de un conocido, una casa muy antigua de aquí de Saltillo y la vi, me pareció magnífica porque es una virgen con rasgos tlaxcaltecas. Esa persona la tenía ahí, puesta en el jardín de su casa, como un objeto cualquiera más, que me dice, perteneció a su familia desde varias generaciones”, platica el coleccionista.
Al darse cuenta de que para aquella persona no tenía ningún valor cultural se la compró. Una vez en su poder, se dio cuenta de que era una imagen única, tallada en piedra, al parecer volcánica, muy ligera, y que ese tipo de piezas datan de la llegada de los tlaxcaltecas a Saltillo, traídos para fundar San Esteban de la Nueva Tlaxcala, por lo que la imagen podría tener más de 3 siglos.

Tallada por una gota de agua
En una urna de la exposición está una piedra negra, de forma irregular, de no más de 20 centímetros de diámetro, que Eduardo guarda con mucho celo, porque ha pertenecido a su familia desde hace varias generaciones.
En esa piedra se alcanza a ver un orificio circular con una profundidad de unos dos centímetros, al fondo del cual se observa la silueta de la Guadalupana, como si hubiera sido tallada de forma milimétrica sobre la roca.
Pero no, cuenta Eduardo que en realidad se trata de una piedra que estaba expuesta a una gota de agua en algún paraje natural de Coahuila, y que el efecto del agua talló de forma natural esa figura, lo cual podría ser considerado un milagro de la naturaleza.
“ Es una pieza maravillosa que nos habla de que hasta en una piedra se puede manifestar la Madre de Dios. No sabemos de cuándo date esa pieza, pero sin duda, aunque no haya sido tallada por la mano humana, se considera artística y digna de admirar y venerar”, expresa.

Plasmada en metal
Entre las piezas hay una de especial fabricación, porque la Guadalupana fue pintada no sobre lienzos, sino en metal, durante la época anterior a la invención a la fotografía, cuando artistas llamados “santeros” iban casa por casa ofreciendo pintar el santo de la devoción de ese hogar.
Esa pieza también fue encontrada por Eduardo en una de las tantas casas antiguas de Coahuila, guardada por las familias como reliquias y que luego de tiempo le pierden el verdadero valor, por lo que cuando la encontró no dudó en obtenerla para su colección.
Si se tiene en cuenta que la fotografía no se popularizó en México, y en especial en Coahuila hasta finales de 1800, se puede deducir que esa pintura de la Morena del Tepeyac impresa en metal podría tener poco más de 100 años.
“ Ahora sí que son las imágenes las que vienen a mí, yo no las busco, ellas llegan hasta mí, las encuentro en mi camino con conocidos que tienen casas antiguas o familias de mucha tradición, busco la manera de adquirirlas o comprarlas, así se hizo mi colección”, destaca Eduardo.

Medallas de cristeros
Entre las piezas históricas rescatadas por Eduardo hay prendas de vestir del siglo pasado, que pertenecieron a coahuilenses que participaron en la llamada Guerra Cristera, entre 1926 y 1929, incluso cuenta con fotografías de quienes las portaron.
“ Pero también tenemos unas medallas más pequeñas que vamos a exponer, que son imágenes de la Virgen de Guadalupe que portaban los cristeros en sus ropas para solicitar su protección. Aquí las tenemos como muestra de ese fervor guadalupano”, indica el coleccionista.
Hay en la colección de arte sacro guadalupano otros lienzos antiguos y hasta tejidos del siglo pasado, que representan la unión entre el fervor y la cultura, basados en la figura de una Virgen venerada por millones de mexicanos.

Exposición
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