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Paola A. Praga
Publicado el martes, 25 de febrero del 2014 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Sobre la copa de un árbol está de pie. Su pecho es amarillo brillante, como el sol que se le refleja, el pico es corto y los ojos pequeños. Sus alas son negras y están inmóviles al costado de su cuerpo abultado.
Es un Vireo huttoni, conocido como vireo, que vive en la sierra Zapalinamé, en el Cañón de Las Norias, donde come semillas y espera reproducirse. Esta ave, endémica de la región, es una de las 400 especies que habitan en el estado.
Coahuila tiene el 40% de las mil 60 especies que residen en México, en una zona de rutas migratorias que es un espacio para albergar a las aves foráneas y para ser morada de las locales, que viven en el ecosistema desértico.
La forma clásica de avistamiento de aves sigue reuniendo a ornitólogos y voluntarios para el conteo. Para conocerlas es necesario observarlas en su hábitat, conocer el espacio en el que vuelan y se alimentan todos los días. Es un avistamiento de aves la mejor manera de adentrarse en sy mundo habitual.
Por ser actividades silenciosas y tranquilas, el avistamiento y fotografía de aves se realiza con dos personas, con una ruta preestablecida. Las mejores horas para realizar esta actividad son temprano por la mañana y al caer la tarde.
EL SANTUARIO DE ZAPALINAMÉ
Parecieran invisibles, pero no lo son. Aunque muchas veces sólo se escuche su canto, aparecen con timidez poco a poco, con vuelos cortos o largos. Con escándalo y sin bullicio. Son las aves endémicas, propias y migratorias se encuentran en esta zona de avistamiento permanente.
A las 8 de la mañana el Cañón de Las Norias, en el ejido Chapultepec, está iluminado por el sol norteño. El ambiente es frío en las hectáreas en las secciones de pastizal, bosque de pino y bosque de encino en las que están desarrolladas las seis estaciones, entre cada una ellas existe una distancia de 500 metros.
Gustavo Cano Padilla, encargado de Proyectos de Investigación y Monitoreo de Profauna; Efraín Ramírez Briones, encargado de la zona de manejo del Cañón de Las Norias, y el médico veterinario Felipe Blanco Barraza, encargado de Monitoreo de Vida Silvestre de la Secretaría de Medio Ambiente en Coahuila, comandan el recorrido en el que los protagonistas tienen alas.
El sendero está trazado y las aves cantando. Los expertos reconocen la especie fácilmente con sólo detenerse por unos segundos y analizar lo que escuchan. “Es el pájaro azul, ese pájaro es como el pandillero de la sierra, te siguen a todo momento por montones”. dice entre risas Gustavo Cano.
El canto, la forma, el tamaño, cola y pico, colores y particularidades de su plumaje se deben observar para identificarlas. Los especialistas llevan también guías taxonómicas, cámaras fotográficas de todo tipo de aves, binoculares, un GPS y mucha paciencia.
Las especies de aves endémicas, aquellas que sólo se hallan en una región en particular, y las semiendémicas, son las que más atraen a los observadores de aves. Y en la región de Zapalinamé hay más de 15.
“Zapalinamé es una de las zonas más ricas del estado, para mí es una terapia observar aves. El estar en contacto con la naturaleza es una experiencia que te enriquece, tiene un valor muy grande el poder observar las aves”, cuenta el veterinario Felipe Blanco.
En el mundo hay más de 10 mil especies de aves; en una mañana al menos identificar una a través de su canto es una gran victoria, porque cuando el ave canta lo hace de alegría, demuestra que está viva, pero también busca el fin de muchos humanos: reproducirse.
Conforme avanza el recorrido, se inunda de diferentes sonidos que hacen eco en los pinos, en las delgadas ramas de las moradas especies como la paloma guilota, cuyo nombre científico corresponde a Zenaida Asiática.
CONTADORES DE AVES
Entre las ramas de los pinos de la sierra Zapalinamé también se encuentra un ave pequeña, con pluma rojizas y pico pequeño y corto, conocido comúnmente como pinzón mexicano, pero cuyo nombre científico obedece al de Carpodacus mexicanus.
El azulejo mexicano, Sialia mexicana, es otra de las aves que se anidan entre las copas de los árboles y que forman parte de la diversidad saltillense, además del chipe corondo, Dendroica coronota, que tiene un canto suave.
Felipe Blanco, apasionado de las aves, explica que el que sea visible la presencia de aves cantantes es señal de un ecosistema sano, pues de lo contrario si no habitan especies se trata de un espacio deteriorado, en el que no hay lugar para la vida.
En el recorrido los expertos identificaron el canto y el plumaje del dominico, Spinus psaltria; el Reyesuelo, Regulus caléndula; el azulejo, Sialia sialis; el carpintero frente dorada, Melanerpes aurifrons, y el gorrión pálido, spizella pallida.
“Ellas sienten, las aves perciben que uno está aquí, algunas se aparecen, otras no, pero es pasión lo que se necesita y mucha paciencia para poder observarlas, tomarle una foto y luego estudiarla y descubrir qué tipo de especie es”.
El sol sigue imponente encima del Cañón de Las Norias; Efraín Ramírez, quien recorre todos los días esta zona, asegura que no hay mejor experiencia en su jornada de trabajo que escuchar el canto de las aves, que aún sigue descubriendo.
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