El cerebro empieza su construcción en la primera infancia, que abarca desde la gestación hasta aproximadamente los seis años de vida, esta constituye la etapa más decisiva para el desarrollo humano en muchos sentidos. Durante este período, el cerebro no es simplemente una versión más pequeña del órgano adulto, sino una estructura biológica en pleno ajetreo constructivo, que se caracteriza por una extraordinaria “plasticidad” que moldea la arquitectura neuronal en función de las experiencias y el entorno. La plasticidad cerebral, o neuro plasticidad, es la capacidad del cerebro para reorganizar su estructura y función a lo largo de la vida, adaptándose a nuevas experiencias, aprendizajes, lesiones o cambios en el entorno.
Este proceso es fundamental para el aprendizaje y la memoria, permitiendo al cerebro formar nuevas conexiones neuronales y reforzar o eliminar otras.
Es muy importante comprender la relación íntima que existe entre el neurodesarrollo temprano y el aprendizaje, ya que las bases biológicas y cognitivas que se establecen en estos años definirán la trayectoria de la vida de cada individuo, y sienta las bases para su futuro.
El proceso de aprendizaje en la infancia temprana está íntimamente ligado a dos fenómenos biológicos, que aparentemente son opuestos, pero a la vez, también son complementarios: La sinaptogénesis y la poda neuronal. La sinaptogénesis, cuyo origen gramatical proviene de dos raíces griegas que, al combinarse, describen el proceso biológico al que se refiere.
Sinapsis: Esta primera parte proviene del griego synapsis, que significa “unión” o “conjunción”; que a su vez, deriva del verbo synaptein, formado por: syn: “juntos”, y haptein: “sujetar”, “abrazar” o “unir”.
Génesis: Esta segunda parte proviene del griego génesis, que significa “origen”, “nacimiento” o “creación”. En el ámbito médico, este sufijo se utiliza para indicar la creación o formación de algo, así que, la palabra sinaptogénesis significa literalmente “la creación de uniones” o “el origen de las uniones”.
Este término describe el proceso de formación de las conexiones (sinapsis) entre las neuronas del sistema nervioso.
Concretando, la sinaptogénesis es la creación masiva y rápida de sinapsis, las conexiones neuronales a través de las cuales las neuronas se comunican.
Durante los primeros dos años de vida, el cerebro produce una cantidad muy profusa de estas conexiones, muchas más de las que finalmente necesitará.
Pero esta sobreproducción está planeada, ya que es una estrategia evolutiva que maximiza el potencial de adaptación del niño.
El contexto y ambiente que el niño va experimentando son determinantes en su desarrollo positivo, o, negativo.
La relación íntima con su madre y las personas que lo rodean, lo que ve, lo que oye, lo que toca, la exploración de su entorno, los límites y el afecto, moldean su carácter y personalidad como un escultor da forma al mármol u otro material.
Las sinapsis, o conexiones neuronales que se utilizan y se refuerzan mediante la repetición y la interacción se vuelven más fuertes, más rápidas y más permanentes.
Por el contrario, las sinapsis que no se usan se debilitan y, finalmente, son eliminadas en un proceso llamado poda neuronal.
La poda es una palabra o acción que se toma de la agricultura, o jardinería, y que consta de la eliminación selectiva de ramas, hojas, flores o frutos de una planta para controlar su crecimiento, mejorar su salud, su productividad o su forma.
Es una técnica de jardinería, horticultura y silvicultura que busca mantener los árboles y otras plantas fuertes, sanos y estéticamente atractivo.
La “poda neuronal, realmente no elimina neuronas literalmente, sino sus conexiones, las sinapsis.
Este es un proceso biológico en el que el cerebro elimina las sinapsis menos utilizadas para volverse más eficiente.
Esto fortalece las conexiones que se usan con más frecuencia.
Es un proceso fundamental durante la infancia y la adolescencia para el desarrollo cognitivo.
La verdadera poda de neuronas se llama “apoptosis” y es un proceso que elimina las neuronas completas.
En el desarrollo temprano, se producen muchas más neuronas y sinapsis de las necesarias, y la apoptosis se encarga de eliminar las que no son viables.
Este mecanismo, de “poda neuronal”, que se intensifica después de los dos años, es esencial.
No se trata de una pérdida, sino de una optimización, ya que el cerebro se vuelve más eficiente al eliminar todo lo que no utiliza o no le sirve, y consolidar los circuitos más relevantes para el entorno en el que el niño crece.
La plasticidad cerebral es la capacidad del sistema nervioso para reorganizar sus estructuras y funciones en respuesta a la experiencia.
Si bien el cerebro es plástico durante toda la vida, esta maleabilidad alcanza su punto máximo en la primera infancia.
Esto se debe a los llamados períodos críticos o sensibles, que son ventanas temporales en las que el cerebro está biológicamente predispuesto y es excepcionalmente eficiente para adquirir habilidades específicas.
El ejemplo más clásico y utilizado, es el de la adquisición del lenguaje.
El período crítico para establecer las bases del lenguaje se extiende aproximadamente desde el año hasta los cinco o seis años. Durante este tiempo, la exposición constante al habla, ya sea un solo idioma o varios, permite que los circuitos neuronales se consoliden con una facilidad que resulta inalcanzable en etapas posteriores.
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