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Grupo Zócalo
Publicado el miércoles, 5 de agosto del 2026 a las 01:45
Ciudad de México.- En cuestión de días, decenas de miles de migrantes ingresaron a una pequeña península en la costa de Marruecos que España administra desde hace siglos, lo que reavivó una tensión fronteriza que por décadas ha marcado la relación entre ambos países.
Al menos 60 personas han muerto en los últimos días al intentar llegar a Ceuta, según un vocero del gobierno local. Para la tarde del viernes 31 de julio, la gran mayoría de quienes cruzaron ya habían sido regresados a Marruecos.
Un enclave estratégico
Ceuta es una de las dos únicas ciudades del continente africano que forman parte oficial de Europa. A lo largo de los años, miles de migrantes han intentado ingresar escalando una valla fronteriza de alrededor de seis metros de altura o llegando por mar en oleadas masivas.
Sin embargo, el pasado 30 de julio, la magnitud de la afluencia llevó al gobierno español a movilizar a sus fuerzas militares, lo que desató una fuerte reacción de la oposición de derecha, que acusa al presidente Pedro Sánchez de mantener una política laxa de control fronterizo.

Junto con Melilla, otra ciudad autónoma española más al oriente sobre la misma costa, Ceuta concentra las únicas fronteras terrestres de la Unión Europea con África, por lo que se ha convertido en un punto habitual de cruce para migrantes que buscan mejores oportunidades, muchos de ellos procedentes del propio Marruecos.
El fenómeno no es nuevo: en 2021, más de 10 mil personas cruzaron hacia Ceuta en solo dos días, y en 2022 al menos 23 migrantes murieron en una estampida durante un intento de cruce masivo en Melilla, además de las numerosas muertes registradas en el mar a lo largo de los años.
Una afluencia sin precedentes recientes
Las autoridades españolas estiman que entre 50 mil y 60 mil migrantes llegaron a Ceuta durante el jueves 30 y viernes 31 de julio. Para la tarde del segundo día, más de 48 mil ya habían regresado a Marruecos, de acuerdo con el Ministerio del Interior de España. La magnitud de este episodio superó incluso los niveles registrados durante el punto más alto de la crisis migratoria europea de 2015.
En respuesta, el gobierno español anunció el envío de pelotones militares, refuerzo aéreo y naval, así como equipos de buceo para vigilar las aguas cercanas al enclave. La Unión Europea, por su parte, ofreció apoyo a través de Frontex, su agencia de fronteras y guardia costera, para ayudar a restablecer el orden. Sánchez aseguró que su gobierno trabaja para repatriar a quienes ingresaron de manera irregular.
Del lado marroquí, las autoridades no han emitido una postura oficial sobre la afluencia, aunque desplegaron policía y fuerzas de seguridad cerca de Castillejos, localidad próxima a la frontera con Ceuta donde se registraron enfrentamientos el viernes.

Sin salida hacia la España peninsular
Pese a que Ceuta forma parte de la Unión Europea y del espacio Schengen —que permite la libre circulación entre los países que lo integran—, opera bajo reglas especiales que impiden a los migrantes continuar su viaje hacia la España peninsular. Hasta el 31 de julio, ninguna de las personas que cruzaron había logrado salir del enclave hacia otro punto del bloque europeo, según un alto funcionario comunitario.
En el pasado, muchos migrantes eran repatriados de forma casi inmediata, pero una decisión reciente del Tribunal Supremo español prohibió la devolución sumaria de quienes son interceptados en el mar. Mientras tanto, pueden ser retenidos en un centro temporal en Ceuta cuyas condiciones de hacinamiento e insalubridad han sido cuestionadas por organizaciones de derechos humanos. Un portavoz del gobierno local indicó que las autoridades buscarían que los migrantes irregulares abandonaran la ciudad, y que no se ofrecería alimento ni refugio la noche del viernes.
Un conflicto también político
La frontera se ha convertido en un foco de tensión tanto interna como diplomática. En el ámbito nacional, Sánchez ha impulsado una imagen de España como un país abierto a la migración, particularmente de origen latinoamericano. Pero el manejo de Ceuta le ha valido críticas de dos frentes: sectores conservadores y antiinmigrantes que lo acusan de laxitud, y organizaciones promigrantes que cuestionan la dureza de las medidas de control aplicadas en la práctica.
La oposición de derecha aprovechó el episodio para vincularlo con el nuevo plan del gobierno español que busca otorgar una vía de regularización a migrantes indocumentados ya establecidos en el país. Santiago Abascal, líder del partido de ultraderecha Vox, calificó la situación como “una invasión” y acusó al gobierno de propiciar deliberadamente las llegadas, además de insinuar sin pruebas vínculos con actividades delictivas. El gobierno español, en contraste, sostuvo que el alto volumen de cruces irregulares no forma parte de su estrategia migratoria.

En el plano internacional, España busca mantener una relación estable con Marruecos, clave para contener nuevas llegadas. Tras el episodio de cruces masivos de 2021, funcionarios españoles señalaron que Marruecos utiliza el control del flujo migratorio como una forma de presión para obtener beneficios financieros y políticos; horas después de aquel episodio, España aprobó 30 millones de euros en ayuda para reforzar la vigilancia fronteriza marroquí.
Hasta la noche del 30 de julio no había claridad sobre qué originó esta nueva aglomeración de personas en Ceuta. Diversos migrantes señalaron a The New York Times que autoridades marroquíes los habrían alentado a cruzar, mientras que Sánchez afirmó que Marruecos se mostró dispuesto a colaborar en las labores de repatriación.
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