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Publicado el domingo, 17 de enero del 2010 a las 05:05
México, D.F.- Luego de tres siglos de su existencia, la China Poblana, sobrenombre con el que se le conoce desde el periodo colonial, ha perdurado y se ha forjado como el arquetipo de la legítima hija de México.
Ni fue china, ni fue poblana, pero, al igual que la Virgen de Guadalupe, viste colorido traje en el que están representados los colores de la bandera nacional: verde, blanco y rojo, según se afirma en la revista “Relatos e historias de México”, en su número 17, impresa en este mes.
Ambas imágenes son anteriores a 1821, fecha de la consumación de la Independencia y de la adopción de la bandera, cuyos colores han permanecido como símbolo nacional.
La China Poblana fue hija de un rey mogol, y durante una guerra con un país vecino, la niña fue apresada como esclava; en Filipinas la compró un mercader, quien luego la vendió a otro comerciante y éste la trajo a México en la Nao de Manila en el siglo XVII.
Más tarde, en la adolescencia, se casó con un mercader de la ciudad de Puebla de los Angeles, donde vivió 70 años.
Sus trajes de fuerte colorido y la originalidad en el corte y el estilo, llamaban la atención en una sociedad que sólo tenía tres modelos en el atuendo femenino.
Ellos eran: los vistosos trajes indígenas, elaborados de algodón y bordados a mano; la vestimenta importada de España, pletórica de sedas y terciopelos para las clases dominantes, y la moda ruda y burda para las mayorías desposeídas.
La revolución en el campo de la moda que inauguró la China Poblana fue audaz: vestía chalinas y sayas de seda de colores fuertes, adornaba su cabeza con peinetas y alamares hasta entonces desconocidos en la Nueva España.
Además, llevaba camisa de raudas y deshilados, y bordaba sus enaguas con sobrepuestos en chaquira y lentejuela.
Con el tiempo, el traje de China Poblana se estilizó y se convirtió en la vestimenta nacional por excelencia; así, consta de una camisa blanca de manga corta, escotada en el pecho, confeccionada en fino algodón bordado con diversos motivos vistosos.
La falda es una saya larga de tela gruesa en color rojo oscuro, con bordados al frente que reproducen los símbolos patrios: el águila devorando la serpiente posada en un nopal, o bien, el calendario azteca.
Completan el atuendo un fino rebozo de seda en los tonos de los colores de bandera, un chongo trenzado con moños tricolores, varios collares de cuentas de papelillo y grandes arracadas de oro.
Desde entonces, las cantantes de música ranchera del siglo XIX y las intérpretes de la canción bravía en el siglo XX vistieron con grabo el traje de China Poblana y lo estilizaron de acuerdo con el gusto de las diversas regiones del país y de cada época.
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