Internacional
Por
AP
Publicado el domingo, 13 de marzo del 2011 a las 22:32
Washington, EU.- El viaje de la secretaria de Estado norteamericana Hillary Rodham Clinton al Oriente Medio subraya la profunda preocupación del gobierno de Barack Obama con los acontecimientos en Libia, así como los temores de que los disturbios que sacuden el mundo árabe pudieran no producir los cambios demandados por los manifestantes antigubernamentales.
Si no son satisfechas esas demandas de mayores libertades políticas, sociales y económicas, ello pudiera desatar más caos y complicar la posición de Estados Unidos en una de las regiones más críticas del mundo.
Clinton se dirigía el domingo a Europa y seguidamente a las primeras conversaciones estadounidenses a nivel de gabinete con la oposición libia. Asimismo, sostendrá discusiones sobre reformas democráticas con líderes transicionales en Túnez y Egipto.
Mientras Libia parecía al borde de una guerra civil, y Washington y sus aliados de la OTAN estaban divididos sobre una posible intervención militar, Clinton va a discutir opciones con funcionarios europeos el lunes en París, donde además planea un encuentro con oponentes del líder libio Moamar Qadafi para evaluar sus capacidades e intenciones.
La reunión se produce en momentos en que los rebeldes incrementan llamados al establecimiento de una zona de restricción de vuelos para impedir los ataques aéreos de fuerzas del Gadafi que ayudaron al gobierno a recuperar importantes áreas.
Pese a esos llamados y a las exigencias de algunos congresistas a respaldar a los rebeldes con armas y cobertura desde aviones, el presidente Obama y sus asistentes de seguridad nacional han objetado las solicitudes hasta ahora, temiendo que una acción así añadiría presiones a sus fuerzas armadas y enredaría a Estados Unidos en un conflicto de una forma que pudiera verse como intromisión.
El gobierno insistido en que cualquier intervención necesitará la autorización de la ONU y el consentimiento de la Liga Arabe y otros grupos.
La Liga Arabe informó el sábado que respaldaba una zona de restricción de vuelos sobre Libia, diciendo con un lenguaje sorprendentemente agresivo que el gobierno libio había “perdido su soberanía” y pidiéndole a la ONU que “asuma su responsabilidad” e imponga la restricción. La Casa Blanca reaccionó con cautela en una declaración que no mencionó la zona de exclusión de vuelos, pero elogió la unidad de la comunidad internacional en la preparación “para toda contingencia”.
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