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Publicado el martes, 19 de mayo del 2026 a las 04:14
Saltillo, Coah.- La historia de Emanuel Arzola no comenzó en un gran gimnasio, ni rodeado de reflectores o con instalaciones de primer nivel. Su camino inició en Saltillo, Coahuila, entre colchones de lucha desgastados, pesas hechas con cemento y una mentalidad que desde niño lo impulsaba a competir contra cualquiera. Hoy, ese mismo joven que alguna vez dudó de sí mismo es considerado uno de los mejores exponentes mexicanos del sambo combate y ha logrado posicionarse entre los mejores peleadores del mundo dentro de esta disciplina.
El sambo, deporte de combate originario de la antigua Unión Soviética cuyo nombre significa “defensa personal sin armas”, combina técnicas de lucha olímpica, judo y artes marciales. Actualmente es una de las disciplinas de combate más exigentes a nivel internacional.

Gran representante
Dentro de ese escenario mundial, Arzola ha conseguido abrirse camino representando no solamente a México, sino también a Coahuila. Su ascenso ha sido constante y construido a base de disciplina, sacrificio y resiliencia.
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Mi mamá nunca me dejó pelear”, recuerda Emanuel al hablar sobre sus primeros años. Por eso, encontró en la lucha olímpica una alternativa para canalizar toda esa energía competitiva que llevaba dentro desde pequeño. “Fue como buscar la lucha olímpica, que es un deporte muy noble,pero demasiado fuerte”.
Desde los 10 u 11 años comenzó a entrenar seriamente y rápidamente descubrió algo que terminaría definiendo toda su personalidad deportiva: su obsesión por competir. “Desde niño siempre me ha gustado ser competitivo, no tanto querer pelear, sino querer ganar”, confesó.

Gracias a sus hermanos
Su espíritu competitivo era evidente incluso dentro de casa. Emanuel recuerda cómo constantemente buscaba retos físicos con sus hermanos. “Siempre era como enfrentarlos a los dos juntos. Me gustaba siempre que fueran los dos contra mí”. Esa intensidad fue formando no solamente su carácter, sino también la fortaleza física que hoy lo distingue dentro del combate. “Mi hermano mayor sí es muy grande, entonces me ayudó bastante con la fuerza”.
Años más tarde, Emanuel se consolidaría como uno de los mejores luchadores juveniles del país. Desde muy joven representó a Coahuila y a México en distintas competencias nacionales e internacionales de luchas asociadas. En 2016 logró convertirse en bicampeón nacional juvenil dentro de la categoría de 74 kilogramos, dejando claro que su talento comenzaba a sobresalir dentro del deporte mexicano.
Posteriormente, continuó creciendo dentro de la lucha olímpica y representó a la Universidad Autónoma de Coahuila en competencias universitarias nacionales, donde también consiguió importantes resultados. En 2022 obtuvo medalla de plata en el Segundo Selectivo Nacional de Luchas Asociadas, torneo que reunió a más de 500 atletas de todo el país.

Pensó dejarlo
Sin embargo, hubo un momento donde su carrera parecía apagarse. Emanuel admite que estuvo muy cerca de abandonar completamente el deporte de alto rendimiento. “Mi vida deportiva hubiera acabado en el 2020”, comentó.
Fue entonces cuando apareció una segunda oportunidad que cambiaría todo: el sambo combate. La invitación llegó gracias a amigos con quienes había entrenado lucha olímpica desde pequeño. “Y fue como llegué al sambo, me invitaron mis amigos”, recordó. Aunque al inicio dudaba de sus capacidades dentro de esta nueva disciplina, las personas que lo conocían estaban convencidas de que podía triunfar.
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Yo siempre confié en él, en que le iba a saber y que todo lo que pusiera de lucha iba a aportar”, mencionó uno de sus compañeros cercanos.

Rápido avance
Lo sorprendente fue la velocidad con la que Emanuel se adaptó al sambo. Apenas tres meses después de conocer el deporte ya estaba compitiendo a nivel nacional. Y no solamente eso: ganó el campeonato. “Competí en el nacional y gané”, relató.
Ese triunfo le abrió inmediatamente las puertas al Campeonato Panamericano de Sambo, donde vivió uno de los momentos más importantes de toda su carrera deportiva. “Me aventé un tirazo con Estados Unidos y ver mi hazaña, ver que gané, ver que pude agarrar oro a ese nivel, fue ahí como volví a nacer”.
En 2022, Emanuel Arzola se coronó campeón panamericano de Combat Sambo en Costa Rica dentro de la categoría de 79 kilogramos. Durante el torneo derrotó a rivales de Estados Unidos, Honduras y Costa Rica para quedarse con la medalla de oro representando a México.
Ese campeonato significó mucho más que una medalla. Fue el momento en que comenzó realmente a creer en sí mismo. “Para serte sincero, no me creía tan capaz y ese es un problema que muchos deportistas tenemos”.

Ante todo pronóstico
Incluso recordó un episodio que marcó profundamente su mentalidad. Durante una clase, una profesora preguntó cuál era el objetivo de vida de cada alumno. Emanuel respondió sin dudar: “¿Sabe qué, profe? Yo voy a llegar a un Mundial”. La reacción de muchos fue reírse. Pero el tiempo terminaría dándole la razón.
Años después, Emanuel no sólo llegó a escenarios internacionales, sino que logró posicionarse entre los mejores peleadores del planeta. En el Campeonato Mundial de Sambo 2025 celebrado en Kirguistán, el coahuilense conquistó la medalla de bronce dentro de la división de 71 kilogramos tras vencer a representantes de Túnez, Níger y Turquía.
Ese resultado lo consolidó como uno de los máximos referentes mexicanos del sambo combate a nivel internacional. Además, en 2025 también obtuvo la medalla de plata en el Campeonato Panamericano realizado en Ecuador.

Para su madre
Pero detrás de todas esas victorias existe una motivación mucho más poderosa que cualquier ranking mundial: su madre. “Mi mamá, siempre mi mamá. Ella ha sido el motor desde un principio”, expresó.
Desde niño imaginaba escenarios donde tenía que convertirse en alguien fuerte para protegerla. “Cuando era pequeño yo imaginaba que mamá estaba en problemas y yo la tenía que salvar. ¿Cómo? Ganando esta pelea”.
Emanuel reconoce que nunca fue el mejor estudiante y que eso le generaba cierta frustración al compararse con su madre, quien es maestra. “Nunca fui bueno en la escuela. Ella es muy buena y nunca le pude dar esa satisfacción. Entonces dije: ‘Bueno, pues a mi manera’”.
Esa necesidad de demostrarle orgullo a su familia terminó convirtiéndose en combustible emocional para seguir adelante incluso en los momentos más difíciles.
Y es que el entorno donde creció tampoco era sencillo. Emanuel recuerda perfectamente las limitaciones materiales con las que entrenaban desde pequeños. “Con estos tres colchones de lucha y con estas pesas hechas con yeso y cemento vamos a ganar el primer lugar en la Olimpiada”, les repetían constantemente sus entrenadores.
Aquella mentalidad terminó marcándolo para siempre: aprender a competir sin excusas. Y aunque la disciplina deportiva exige sacrificios físicos, hay algo que jamás cambia: la comida favorita hecha por mamá. “Espagueti poblano, pero el de mi mamá. Es mi favorito”.

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