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Publicado el martes, 30 de diciembre del 2008 a las 04:16
Bogotá, Col.- El ex gobernador del departamento colombiano del Meta, Alan Jara, uno de los políticos que la guerrilla de las FARC prometió liberar, encontró en la enseñanza una forma de enfrentar siete años de cautiverio en la selva.
Jara, ingeniero de profesión, se convirtió en profesor de inglés y ruso de sus compañeros de cautiverio, a quienes alentó a mantener la esperanza de recuperar algún día la libertad.
Los dos idiomas que aprendió en su estadía en Ucrania le sirvieron al ex gobernador para sobrellevar su vida en la selva, lugar en el que fue internado el 15 de julio de 2001 por un comando de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
El ex gobernador del Meta, zona golpeada por el conflicto interno colombiano, fue bajado de su vehículo por guerrilleros tras asistir a un evento del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en la localidad de Lejanías.
De tener un bajo perfil, este político saltó a las primeras páginas de los principales diarios del mundo luego de ser incluido en una lista de rehenes que las FARC buscaban canjear por rebeldes en prisión.
Como impulsor de un diálogo de paz con los grupos armados que actuaban en el departamento al cual dirigió, Jara fue sometido entonces a un largo cautiverio, que podría llegar a su fin en enero próximo.
La semana pasada, las FARC anunciaron que dejarán libre a Jara en los próximos días, junto con el ex diputado Sigifredo López y cuatro uniformados, en una fecha y sitio por definir.
Su esposa Claudia Rujeles, quien encabezó una cruzada para conseguir la libertad de quienes están en cautiverio, afirmó que la liberación de su marido “es una respuesta (de las FARC) al clamor continuo de la sociedad civil”.
Al igual que sus compañeros de cautiverio, Jara, de 51 años, ha defendido el canje humanitario como salida al drama que viven decenas de civiles y militares retenidos por las FARC, algunos desde hace 10 años.
El grupo rebelde mantiene a unas 750 personas, incluidos 28 políticos y uniformados, que esa guerrilla busca canjear por unos 500 insurgentes colombianos presos en su país y Estados Unidos.
Jara, considerado un estudiante brillante, siempre guardó la esperanza de regresar a la libertad con vida para reencontrarse con su hijo Alan Felipe, al que dejó de ver cuando tenía siete años, por culpa de su secuestro.
En las pocas pruebas de supervivencia que llegaron a los medios de comunicación desde el momento de su plagio, en la zona suroriental colombiana, el político dio muestras de fortaleza para enfrentar su tragedia.
Las pocas noticias que se conocieron sobre su vida en cautiverio cuentan que Jara intentó hacer huelga de hambre y que padeció enfermedades propias de la selva, que afectaron su apetito y ánimo.
Pero la entereza para sobrellevar su largo secuestro, le permitirá muy pronto retornar al lado de su familia, una vez que las FARC definan el modo, tiempo y lugar en el que se producirá su anunciada liberación.
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