Espectáculos

Publicado el viernes, 20 de febrero del 2026 a las 04:04
Ciudad de México.- Esa tarde, en una pequeña sala, los directores Maïlys Vallade y Liane-Cho Han se comían las uñas. Mostraban su ópera prima.
Estaban distribuidores y exhibidores. Pero quien los ponía nerviosos era la escritora Amélie Nothomb, quien vería una proyección de Amélie y el Secreto de la Lluvia.
La aclamada belga había escrito sobre sus primeros años en su exitosa novela Metafísica de los Tubos y ellos habían trasladado aquella extravagante infancia en Japón al cine animado.
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Esta función fue para determinar si íbamos a poner que el filme adaptaba el libro o estaba libremente inspirado en él. Dependíamos de ella”, recuerda en entrevista Han.
La impredecible Nothomb, evoca Vallade, se acercó… y reconoció haber llorado. Unos meses atrás, su madre había muerto, y un par de años atrás, había perdido a su padre. Verlos en pantalla fue catártico y conmovedor.
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Nos dijo que resucitamos a sus padres. Después de eso, supimos que fue a ver la película en cines como dos veces. Es una locura”, dice la codirectora.
La novelista, quien ha criticado otras adaptaciones de su obra, no es la única rendida ante esta pequeña obra independiente francesa, producida por la mexicana Nidia Santiago. En los Oscar está nominada a Película Animada.
Sensorial y filosófica, Amélie y el Secreto de la Lluvia llega hoy a cines para mostrar su potencia. Fue rodada con unos 9 millones de euros, en un 2D artesanal, rebosante en colores pastel y estilo gouache.
Su historia busca hacer reflexionar a todos los públicos. Hija de un diplomático, la pequeña Amélie nace en Japón. Superinteligente y sensible, se autoproclama Dios y decide vivir “vegetando”, sin mostrar emociones.
Aprenderá, no obstante, que el mundo se mueve sin pedirle permiso. Ella no controla el dolor de la vida (la muerte), pero sí puede disfrutar de sus placeres (como el chocolate o la amistad).
Los niños deben enfrentar un viaje y comprender que son parte del mundo y no el mundo. Esta película habla de eso, del luto, de dejar ir y de ser feliz con uno mismo.
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Si eres Dios, no puedes conectar. En una burbuja no puedes sentir empatía por los demás”, reflexiona Han al respecto.
Además de sus padres, dos figuras marcarán esta etapa temprana, de maravilla y curiosidad, de Amélie. Su abuela paterna y Nishio-San, empleada doméstica de su familia.
La joven nipona representa el Japón cicatrizando las heridas de la Segunda Guerra Mundial. Será una maestra para Amélie, le hablará de lo cruento de los bombardeos y de lo importante de la resiliencia.
El lazo entre ambas abonará a que la niña se sienta más japonesa que belga. La confusión cultural, o el percibirse de muchos lugares, es parte de la obra de Nothomb.
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Nishio considera a Amélie una persona real, no sólo una niña. Esta película es también sobre entender que un niño no es sólo una pequeña cosa”, dice Vallade.
La película bifurca su camino del de la novela en varios aspectos.
La incorporación de una ceremonia de linternas flotantes para despedir a quienes partieron tocó de manera especial a Nothomb, detalla Han con orgullo.
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Ella nos dio toda la libertad que necesitábamos. Cree que sus libros son como sus hijos, pero las adaptaciones al cine serían como sus nietos, así que dijo que no quería interferir con la educación de sus nietos”, detalla.
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