Tradicionalmente, los padres de familia tenían sus roles muy bien precisados, identificados y definidos; el papá primordialmente se encargaba de trabajar y proveer en lo económico para lograr satisfacer las necesidades básicas de la familia y la madre, por su parte, se encargaba de atender las labores domésticas y de dar funcionalidad al hogar.
La honra y el reconocimiento que se da a la madre es alta, sin embargo, muy poco o nada se reconoce la labor y el esfuerzo que hace el papá. Es fácil advertir una tendencia social cada día más acentuada, a menoscabar el rol del hombre en su papel de esposo y por su puesto en su rol como padre de familia.
¿Es esto correcto? Si escudriñamos en las Escrituras encontramos que en el diseño original que Dios dio a la humanidad, fue al varón a quien le concedió responsabilidades de gobierno, señorío y autoridad; el libro de Génesis capítulo 1, versículos 26 a 27 a la letra enseñan: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra”; Además, Dios le asignó al varón (al padre de familia) la responsabilidad de ser el sacerdote de su casa y ser el responsable de dar enseñanza, corrección y guianza a su esposa y a sus hijos, en todo lo relativo a conocer y estudia la Palabra de Dios.
Lucifer, aquel ángel caído que fue expulsado del cielo, sabe muy bien estos principios y como odia a la humanidad, hace todo lo necesario para que no se cumplan los propósitos de Dios en el hombre, convenciendo a las personas de sobajar, demeritar y desprestigiar la figura del varón, primordialmente frente a su propia familia, por eso fechas como el día del padre pasan casi desapercibidas para la mayoría de las personas, como un hecho de menor o nula importancia.
Colectivos que promueven la “Ideología de Género” recientemente presentaron ante el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) de la Ciudad de México, una serie de iniciativas que pretenden que se prohíba en todas las escuelas la celebración del Día del Padre, ya que (según sus opiniones) esos eventos “apoyan la existencia de estereotipos en el aprendizaje de los alumnos que impiden visibilizar la diversidad de las familias”, en otras palabras, dichos colectivos sostienen que celebrar el Día del Padre en las instituciones educativas, provoca que se estigmatice a las familias que no se ajustan al patrón tradicional de la existencia de un papá (varón) en ellas, afectando a las familias, estigmatizándolas y provocando una exclusión que genera violencia y discriminación en contra de los alumnos que no viven con su papá.
Dicho de otra manera, las autoridades están revisando el mecanismo legal para poder eliminar la celebración del Día del Padre en las escuelas, para no afectar a las “familias” formadas por “padres” del mismo sexo o por madres solteras, divorciadas o viudas, en general, todo aquel grupo familiar en donde no exista la presencia de un papá varón.
La otra alternativa que proponen esos grupos, es que el Día del Padre se abra para celebrar a todo tipo de persona, independientemente de la manera en como ésta se auto perciba, que ya no importe si sea hombre o mujer, homosexual, lesbiana, transexual, travesti, y porque no, de una vez incluir también a los trans-género y los trans-especie, para no afectar los derechos de nadie.
No hay duda que vivimos el tiempo de los absurdos, tiempos en lo que la sociedad humana y su sabiduría demandan la celebración del Día del Padre, pero sin varones.
“Honra a tu padre y a tu madre, para que seas feliz y vivas una larga vida en la tierra”. Que Dios bendiga a todas las familias de Saltillo, de Coahuila y de México.
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