Seguridad
Por
Grupo Zócalo
Publicado el miércoles, 11 de marzo del 2026 a las 23:16
Chiapas.- La confianza de una familia se rompió de la forma más violenta posible en el municipio de Ángel Albino Corzo. En la comunidad de Ciudad Rural, el silencio no es de paz, sino de un estupor que pesa en el pecho. Rubí, de 13 años, y su pequeño hermano Carín, de apenas 7, fueron arrebatados de este mundo en el lugar donde debían estar más seguros, a manos de su propia sangre.
El pasado fin de semana, la ausencia de sus padres —quienes se habían trasladado a la comunidad de La Montaña— dejó a los menores bajo el cuidado de su tío, Damián “N”, de 19 años. Lo que debió ser una jornada de custodia familiar se transformó en una escena de horror cuando el presunto estado de ebriedad y los instintos más bajos del agresor colisionaron contra la inocencia de los niños.
De acuerdo con las investigaciones, el detonante de la tragedia fue un intento de abuso sexual contra la adolescente. En un acto de valentía que hoy estruja el corazón de los vecinos, el pequeño Carín se interpuso, intentando defender a su hermana con la única advertencia que conoce un niño: que lo iba a acusar con su mamá. Esa frase desató una furia irracional.
Al verse acorralado por su propio crimen, el agresor utilizó un arma blanca y objetos contundentes para atacar a ambos niños. El dictamen pericial es frío pero revelador: ambos murieron por traumatismo craneoencefálico. Los golpes silenciaron sus voces, pero despertaron un grito de justicia que hoy recorre todo Chiapas.
La rápida intervención de las autoridades impidió que Damián “N” lograra escapar. Tras ser capturado y trasladado al Ministerio Público, el fiscal Jorge Luis Llaven Abarca confirmó que enfrentará cargos por feminicidio y homicidio calificado. La autoridad ha sido tajante: no habrá grietas por donde se escape la impunidad en un caso que vulneró la vida de dos menores con todo un futuro por delante.
Hoy, las veladoras encendidas en la vivienda de las víctimas no solo lloran a dos niños; denuncian una violencia que no conoce límites. Mientras el proceso legal avanza, queda el vacío de dos sillas vacías y la memoria de un hermano que, hasta su último aliento, intentó ser el escudo de su hermana.
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