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Agencias
Publicado el miércoles, 2 de marzo del 2011 a las 09:31
MADRID.- A un mes de la desaparición de las mellizas suizas Alessia y Livia, el caso está como inició, sin pistas.
Las pequeñas desaparecieron el 30 de enero en casa de su padre, en la localidad helvética de Saint-Sulpice, y las autoridades desconocen qué ocurrió durante ese día y el 3 de febrero, cuando su progenitor, Matthias Schepp, se suicidó en Italia.
Previo al suceso, los padres de Alessia y Livia, Matthias Schepp e Irina Lucidi, tramitaban el divorcio.
Una nota póstuma de Schepp para Lucidi dice:
“Nuestras hijas descansan en paz, no han sufrido. No las verás más”.
Las autoridades temen lo peor, pues durante el misterioso recorrido de 3 mil kilómetros del padre de las mellizas, que pasó por Francia e Italia, éste no dejó rastro alguno.
Schepp desconectó su teléfono móvil al inicio del periplo y se tiró a unas vías de tren junto con el GPS de su auto, para que nadie pudiera localizar la ruta que siguió.
Una versión de una testigo, la más confiable hasta ahora, indica que Alessia y Livia abordaron con su padre un ferry hacia Córcega.
La policía ya buscó en Suiza, Francia e Italia, pero todo en vano, pues las investigaciones no rinden frutos.
Investigadores de tres países, decenas de testimonios y muchas hipótesis siguen rodeando, un mes después, la desaparición de las mellizas suizas. El caso de Alessia y Livia es el más complejo desde el de Madeleine McCann, en mayo de 2007.
Lo único claro en este caso es que el ingeniero de 43 años tenía una mente maquiavélica, propia de los mejores guionistas de thrillers de Hollywood.
Diseñó todos y cada uno de los pasos que dio para que encontrar a sus hijas fuera un objetivo inalcanzable. En los cinco días transcurridos desde el secuestro de las mellizas hasta su suicidio, Schepp recorrió más de 3 mil kilómetros en un viaje que le llevó a Marsella, Córcega e Italia, país que cruzó en coche de norte a sur.
Antes de quitarse la vida, envió a su ex mujer ocho sobres con los más de 5 mil euros que había retirado de varios cajeros en las jornadas anteriores, así como dos cartas.
Y se aseguró de no dejar ninguna pista.
Cada día que pasa sin noticias de Alessia y Livia, los investigadores tienen más claro que su padre no mintió en la misiva y que las pequeñas no están vivas. Por eso han buscado a orillas del Lago Léman, en Suiza; en varias playas de Córcega; y en los alrededores de la localidad de Cerignola, en Italia.
En una entrevista con el diario ’24 heures’ el pasado viernes, el fiscal de Marsella Jacques Dallest, mostraba su convicción de que Matthias lanzó a las mellizas por la borda del ferry que tomó hacia Córcega.
“Es más simple que matarlas y enterrarlas”, opinaba. En el coche del ingeniero no se encontraron rastros de sangre.
Es una de las hipótesis que más fuerza tiene, sobre todo desde que se conociera que el ingeniero había consultado en internet información sobre envenenamiento, suicidio y armas de fuego, así como los horarios del ferry a la isla francesa. No obstante, la policía tampoco descarta que las niñas fueran asesinadas en territorio suizo, ya que no aparecen en ninguna cámara de seguridad en las que sí aparece Matthias en Marsella.
En estas cuatro semanas, han surgido decenas de testimonios que aseguran haber visto a padre e hijas en diversos puntos de Francia, Suiza e Italia, algunos incluso en compañía de una misteriosa mujer. Los investigadores toman las declaracuines de los testigos con pinzas, especialmente las de aquellos que han ido apareciendo a medida de que el caso cobra fuerza en los medios de comunicación.
Hasta el momento, la revelación de la mujer que dijo ver a las mellizas a bordo del ferry es la más fiable.
La madre de las pequeñas, Irina Lucidi, todavía se aferra a la idea de que su marido las dejara al cuidado de una tercera persona y sigan con vida. Pero cada día que pasa desde su desaparición, y ya van 30, esa posibilidad es más improbable.
En recientes apariciones ante los medios, Irina ha querido llamar la atención sobre algunos elementos que podrían esconder algunas pistas sobre el paradero de Livia y Alessia. Las maletas de Matthias no estaban en su domicilio, pero tampoco en su coche. Además, en casa de su ex marido se encontraron unas botas militares llenas de barro, a pesar de que nunca las utilizaba. La policía investiga ahora si ese fango coincide con el encontrado en los neumáticos de su vehículo.
Todo un caso. Que estremece a Europa.
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