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Grupo Zócalo
Publicado el jueves, 9 de diciembre del 2021 a las 04:30
Ciudad de México.- “I amar prestar aen”. El mundo, como dice la elfa Galadriel en el prólogo del filme, ha cambiado mucho desde hace 20 años, cuando se estrenó en cines La Comunidad del Anillo y nueve héroes partieron rumbo al Monte del Destino para salvar la Tierra Media. Pero el impacto del colosal filme de Peter Jackson permanece.
No solo cambió el cine de fantasía para siempre, sino la manera de ver, hacer y entender películas épicas, grandilocuentes, con efectos especiales a reventar.
Es cierto que la novela de J.R.R. Tolkien de 1954 ya había sido adaptada al cine animado en 1978 (El Señor de los Anillos), pero La Comunidad del Anillo recalibró Hollywood. Un libro mítico, más una meditación sobre el bien contra el mal y la corrupción del poder, más el tratamiento de un blockbuster.
Jackson, quien soñó por años con el proyecto sobre el anillo de poder creado por Sauron, decidió filmar la trilogía que compone la historia junta, en su natal Nueva Zelanda. El larguísimo y arriesgado rodaje duró 16 meses.
Fue una labor llena de mimo y pasión por el detalle. La guía de inmersión a la Tierra Media fueron los storyboards que los ilustradores de Tolkien, Alan Lee y John Howe, trabajaron desde 1997.
La compañía Weta hizo magia. Construyó no solo miles de prostéticos (cabezas de orcos, pies de hobbits, orejas puntiaguadas), sino armaduras, espadas, flechas.
También alumbró criaturas digitales que maravillaron a la audiencia, como el demoniaco Balrog y el fiero trol que enfrenta la Comunidad en Moria. En total fueron 540 los efectos especiales del largometraje.
Un inspiradísimo compositor Howard Shore logró varios de los leitmotivs más memorables del séptimo arte. Y la receta se completó con un reparto de mediano perfil que aprendió líneas en idiomas élficos (quenya y sindarin), enano (khudzul) y de Mordor (lengua negra).
Las vidas de todos los involucrados cambiaría tras la premier, el 10 de diciembre de 2001 en el Odeon de Leicester Square en Londres. A México llegó 11 días después.
El largometraje, criticado por algunos puristas por diverger a la simbología y trasfondo de la novela, aterrizó en el momento justo para ser fan. Un año antes había llegado La Amenaza Fantasma, Episodio I de Star Wars, y un mes antes, Harry Potter y la Piedra Filosofal.
Además de aplausos de la crítica, La Comunidad del Anillo hizo casi 900 millones de dólares y fue nominado a 13 premios Oscar, llevándose cuatro (Efectos Visuales, Música Original, Maquillaje y Fotografía).
Indirectamente, reavivó un interés de la industria por la fantasía. Las Crónicas de Narnia, La Brújula Dorada y Eragon fueron intentos fallidos de replicar su éxito. Game of Thrones no existiría sin el filme de Jackson.
También empujó a que otras franquicias, como Matrix o Piratas del Caribe, arriesgaran y rodaran dos películas seguidas.
El mensaje de fondo de la Comunidad del Anillo también caló hondo y es más relevante que nunca. Miembros de razas distintas forjando lazos de amistad, luchando juntos y haciéndose fuertes en la dificultad.
Una película, un evento generacional para fascinarlos a todos.
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