Internacional
Por
AP
Publicado el domingo, 28 de diciembre del 2008 a las 04:48
Afganistán.- Hace dos meses, recuerda Mohamad Anuar, el Talibán hizo que un grupo de ladrones desfilara en su aldea, para darles un escarmiento público. Llevaban las caras manchadas de petróleo, y tras ser vistos por todos los habitantes, fueron encerrados en la cárcel.
Semejante castigo público representó una señal clara para los aldeanos de que el Talibán era el grupo que tenía el control de la zona. La provincia que tomaron está a unos 50 kilómetros (30 millas) de Kabul, justo sobre la autopista principal del país.
Durante mucho tiempo, el Talibán ha operado su propio gobierno en las sombras dentro de las zonas más peligrosas de Afganistán, pero su poder se ha extendido ahora hasta el mismo umbral de Kabul, justo al norte, de acuerdo con entrevistas realizadas por The Associated Press a una decena de funcionarios, analistas, comandantes del Talibán y aldeanos afganos.
Más de siete años después de la invasión encabezada por Estados Unidos, la milicia islámica intenta, al menos de manera nominal, reconstituir un régimen como el que dominó Afganistán a finales de la década de 1990.
Durante el último año, tan sólo en la provincia de Wardak, los combatientes del Talibán se han apoderado de los centros distritales, han instalado retenes en las carreteras rurales y han capturado a soldados afganos.,
El Talibán en Wardak tiene su propio gobernador y jefe militar, su propio sistema de “tribunales” y sus líderes religiosos que actúan como jueces. Las bandas de milicianos armados recorren en camiones las áreas rurales, aplicando su concepto de justicia a presuntos espías y ladrones.
“Cuando cae la noche, ningún policía conduce por aquí”, dijo Anuar, de 20 años, quien instó a un periodista de la AP a que regresara a Kabul antes de que lo vieran los milicianos.
A unos tres kilómetros (dos millas) de recorrido por la carretera, un policía llamado Fauad ocupaba un retén, usando la túnica tradicional denominada shalwar kameez, de modo que pudiera fingir que era un simple aldeano en caso de un ataque del Talibán.
“Hay más y más miembros del Talibán este año”, dijo Fauad, quien al igual que muchos afganos se identifica sólo con un nombre. “La gente de las aldeas no acude a las cortes gubernamentales. El Talibán ha advertido que nadie puede ir ahí”.
En un número creciente de regiones, los insurgentes han efectuado varias acciones.
—Han emplazado a comandantes que fungen como autodenominados gobernadores, jefes policiales o comandantes militares en las provincias.
—Han establecido un “impuesto” del 10% –un pago obligatorio a punta de pistola, según funcionarios occidentales–, a las familias ricas. Las familias pobres han debido dar alimentos o refugio a los combatientes.
—Han impuesto un reclutamiento militar que obliga a los hombres en edad y condiciones de combatir a unirse al Talibán por periodos de meses.
—Han administrado un sistema judicial paralelo, a cargo de religiosos que imponen castigos como las manchas de petróleo en el rostro, la humillación pública o la amputación de las manos.
—Han cerrado escuelas afganas o las han obligado a sustituir los estudios científicos por los religiosos.
—Han instalado retenes ocupados por el Talibán o por milicianos para exigir peaje y registrar vehículos, en busca de empleados gubernamentales o extranjeros.
La “Talibanización” creciente se observa en áreas amplias y rurales, donde Estados Unidos, la OTAN o el gobierno de Hamid Karzai no tienen fuerzas suficientes para ejercer una presencia permanente.
Estados Unidos ha reconocido esto, y planea enviar en enero su grupo más reciente de soldados a Wardak y Logar, muy cerca de Kabul. Entre 20.000 y 30.000 efectivos estadounidenses adicionales llegarían a mediados del año próximo.
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