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Creyente de un oficio en extinción; zapatero

  Por Rodolfo Gutiérrez

Publicado el miércoles, 30 de julio del 2008 a las 14:00


Los años lo situaron en la ciudad donde a sus 80 años continúa siendo zapatero y viviendo de ello

Saltillo.- En el mercado Blanca Estela, en la colonia del mismo nombre, se encuentra don Agustín Mendoza, de oficio zapatero, que a sus 80 años continúa trabajando en esta labor que le dio para sacar adelante a cuatro hijos.

Desde niño, don Agustín, originario del Valle de Santiago, Guanajuato, descubrió el gusto por el trabajo de la zapatería, pues su padre, contaba con una y fue ahí donde él aprendió sus primeras lecciones de cómo reparar zapatos, oficio que dice, debió traer en la sangre.

“Cuando estaba joven yo cortaba la piel, hacia zapatos a la empresa American Smelting, a las empresas en Nueva Rosita, tengo mi maquinaria. Después le hice a la empresa Zarco, le trabajé a la Minera Nacional de Agujita los zapatos de trabajo, los cintos, las cartucheras, pecheras, cepas, las julietas, las botas; todo eso era mi oficio de la zapatera”.

Establecido en Nueva Rosita, don Agustín dedicó gran parte de su vida a esta labor, lo que le permitió formar una familia y darles educación a sus cuatro hijos con lo que ganaba de zapatero.

“Cuando joven me dio para mantener a mis hijos, me dio para el “pedo”, me dio para divertirme, pasearme y todo y sigo siendo el mismo, que más. En mi familia el que quiso se educó y el que no ni modo, no todos somos parejos, los dedos no son parejos, unos agarran una cosa, otros otras, pero creo que eduqué a mi familia nomás hasta donde se pudo, el que quiso jalar adelante y el que no, pues ni que hacerle, ya están grandes”.

De la labor de zapatero, al menos uno de sus hijos se interesó, pero con el paso del tiempo el interés cayó, y el oficio familiar parece que se queda con él, pues sus hijos optaron por estudiar o trabajar en otras cosas.

Ahora ya que sus hijos crecieron, don Agustín ya no tiene compromisos, pero como quiera él hace la lucha para conseguir el pan de cada día, pero como en todo trabajo hay días bueno y hay días malos, lo que es un hecho es que a él le interesa seguir trabajando mientras se pueda.

“Los días buenos son los sábados y domingos, le hago la lucha a ver que cae. Hay veces que no gano ni pa´ comer, cuando no hay nada. Hoy (ayer) agarré 10 pesos ¿tú te imaginas que con 10 pesos me voy a mantener aquí? y para el chupe, menos. Aquí no tenemos un promedio, hay veces que agarro 100, 150, 200 pesos, pero como ya se educaron mis hijos, agarraron su camino, ya no tengo compromisos”.

De lo que saca, le es posible sacar la renta del local y comprarse dos que tres cositas, y aunque su oficio cada vez es menos común, dice que todavía hay gente que le lleva los zapatos para cambiarle las tapas o los tacones, aunque batalla un poco, pues ya no ve bien y se le dificulta manejar los clavos pequeños.

“Ya ahorita qué quiere que haga, no me queda de otra, es lo que sé hacer. Ahora, me distraigo aquí y a mi edad me la paso bien contento. Yo creo que cuando ya no pueda me echo una pastillita ¿no? … mejor, ¿Para qué quieres tantos años? Yo le digo a Chuy, no la riegues, ya estuvo bueno, que más hacemos a esta edad. Yo quisiera seguirle echando ganas más tiempo, pero creo que ya no”, finalizó.

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