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Cruzar sin fronteras: historias que unen a Coahuila y Texas

  Por Luis Esteban Esquivel Cortés

Publicado el sábado, 22 de febrero del 2025 a las 04:00


La frontera de hoy es una cicatriz que separa vidas, familias y culturas.

Saltillo, Coah.- La frontera de hoy es una cicatriz que separa vidas, familias y culturas.

Históricamente, la gente cruza la línea; cada día, miles de personas intentan cruzarla, ya sea por necesidad o por comercio. Retenes, muros, documentos en regla… Todo parece un recordatorio constante de que este límite no sólo es geográfico, sino también humano.

Pero no siempre fue así. Hubo un tiempo en que esta división era sólo polvo y viento y los caminos no conocían fronteras.

En 1824, la joven República Mexicana dio forma a un territorio llamado Coahuila y Texas, un estado que unía las extensas llanuras texanas con las agrestes sierras coahuilenses. Era una tierra sin líneas claras, donde los ríos fluían libres y los caminos conectaban pueblos dispersos. Aquella época vio nacer un intercambio natural entre culturas, un ir y venir que marcó a quienes vivieron esa breve unión.

Hermandad memorable

En los años en que Coahuila y Texas formaban un solo estado, personajes como José María Vázquez, un comerciante coahuilense, eran protagonistas de la vida cotidiana. José María viajaba regularmente desde Monclova hasta San Antonio llevando pieles, sal y tejidos.

En sus memorias, recopiladas en un archivo parroquial, cuenta cómo los caminos de tierra eran transitados también por colonos anglosajones que traían herramientas y armas desde el este.

“ No había diferencia entre nosotros, éramos todos parte de la misma tierra”, escribió. Un ejemplo de este intercambio cultural era la Misión de San Bernardo, cerca del río Bravo. Ahí, Fray Juan Martínez organizaba mercados donde indígenas tlaxcaltecas, mexicanos y texanos anglosajones comerciaban productos y compartían tradiciones.

Las crónicas de la época narran cómo estos encuentros estaban marcados por una convivencia pacífica, aunque también con tensiones latentes. El clima político comenzó a cambiar a finales de los años 1820, cuando personajes como Stephen F. Austin promovieron la inmigración masiva de colonos estadounidenses a Texas.

Las tensiones crecieron debido a las diferencias culturales y religiosas entre los mexicanos católicos y los colonos protestantes. En 1835, la ruptura fue inevitable con el inicio de la Revolución de Texas. El general Martín Perfecto de Cos, comandante militar mexicano en Texas, intentó mantener el control del territorio, pero la derrota en la batalla de San Antonio lo obligó a retirarse.

Poco después, la independencia texana, en 1836, separó para siempre a Coahuila y Texas. Este hecho, consolidado por el Tratado de Guadalupe Hidalgo, en 1848, transformó una región de convivencia en una zona de división.

Lo que queda

Hoy, la frontera que separa a Coahuila y Texas es una de las más vigiladas del mundo. Pero, a pesar de los muros y las divisiones, las raíces compartidas siguen vivas.

Las historias de personajes como José María Vázquez, Fray Juan Martínez y don Pedro Garza nos recuerdan que hubo un tiempo en que cruzar no significaba elegir entre dos mundos porque ambos eran uno solo.

En las calles de Ciudad Acuña y Piedras Negras, en la música que cruza el río y en las familias que insisten en mantenerse unidas a pesar de todo, queda un vestigio de aquellos tiempos en que la frontera era sólo un concepto, no una realidad.

Cotidianidad

Don Pedro Garza, un ranchero coahuilense que vivía cerca de Piedras Negras, relataba cómo cruzar el río Bravo era tan común como cambiar de mercado:

En una carta escrita en 1834, describió su asombro al ver cómo los colonos texanos adoptaban costumbres mexicanas como las vaquerías y las celebraciones religiosas.

No somos tan diferentes como pensamos”, escribió.

Sin embargo, con la llegada de las tropas estadunidenses y la implementación de límites claros, don Pedro y su familia tuvieron que adaptarse a una nueva realidad: ahora necesitaban permisos para visitar a parientes que habían quedado del otro lado.

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