Saltillo

Publicado el miércoles, 2 de septiembre del 2026 a las 04:40
Saltillo, Coah.- Apenas amanece y la jornada escolar comienza mucho antes de llegar al salón de clases. Para al menos una decena de estudiantes del CBTA 208, estudiar significa recorrer cerca de 20 kilómetros desde el ejido El Moral, en Saltillo, hasta General Cepeda, en condiciones que exhiben las dificultades de movilidad que enfrentan a diario los jóvenes de las comunidades rurales.
Emprenden carretera
Su transporte no es un autobús escolar ni una unidad acondicionada para pasajeros, es una camioneta pick up. Mochilas al hombro, los estudiantes se acomodan como pueden dentro de la cabina y, cuando ya no hay espacio, suben a la caja para emprender por carretera el trayecto hacia la escuela.
Así, entre el frío de la mañana, el viento y los riesgos propios del camino, estos jóvenes recorren kilómetros con tal de no faltar a clases: una travesía cotidiana en la que el derecho a estudiar también implica encontrar, cada día, cómo llegar.
Se turnan padres para llevarlos
No existe una ruta escolar que llegue por ellos, tampoco una unidad destinada exclusivamente al traslado de los estudiantes. La solución ha salido de las propias familias.
Cada semana, los padres de familia se organizan y se turnan para poner una camioneta y llevar al grupo, un día le corresponde a uno y al siguiente a otro. Los jóvenes simplemente llegan, suben y se acomodan donde todavía quede espacio.
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Nos vamos todos juntos en una camioneta y a veces vamos muy apretados, a unos compañeros les toca irse atrás”, relata Alicia Hipólito, estudiante de 16 años.
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Irse atrás” significa viajar en la caja de la pick up, expuestos a las condiciones del clima y a los riesgos de transitar por carretera.

Piden un transporte digno
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Que nos apoyen con un transporte, porque sí batallamos mucho. A veces los papás no tienen gasolina o les falla el transporte y no podemos ir”, explica una de las jóvenes.
Las dificultades aparecen incluso cuando los estudiantes deben transportar trabajos escolares. Una maqueta tiene que compartir espacio con mochilas, pasajeros y el movimiento de una camioneta por varios kilómetros de recorrido.
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A veces se nos deshace ahí”, cuenta Andrea, de 13 años, sobre los trabajos que deben llevar hasta la escuela. Llegan, explica, pero “no tan bien hechos”.
Son pequeños inconvenientes frente al riesgo mayor que representa viajar en la caja de una camioneta, pero reflejan hasta qué punto la falta de transporte condiciona una actividad tan cotidiana como asistir a la escuela.
A repetir la rutina…
Mientras ese apoyo llega, cada mañana volverán a repetir la misma rutina. Algún padre pondrá la camioneta; los estudiantes llegarán con sus mochilas; ocuparán primero los espacios disponibles en la cabina y el resto tendrá que subir a la caja.

¡Una gran petición!
Frente a esta situación, los estudiantes tienen una petición concreta: contar con una unidad que les permita viajar juntos, protegidos y en condiciones seguras.
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Un vagón”, responde Alicia cuando se le pregunta qué necesitarían para dejar atrás los viajes amontonados en una pick up.
Las familias, aseguran los propios estudiantes, incluso estarían dispuestas a cooperar para solventar parte del gasto de combustible si contaran con una unidad destinada a realizar el recorrido.
Lo que buscan es dejar de depender diariamente de cuál padre tiene camioneta, cuál puede llevarlos, si el vehículo funciona o si alcanzó el dinero para cargar gasolina.

Nuevas generaciones
La petición también mira hacia quienes vienen detrás, pues al hablar de las generaciones venideras hay quienes aseguran que desean mejores condiciones de transporte para los más pequeños del lugar.
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Sí me gustaría que tuviera su transporte para que no batallara”, dice una de las adolescentes al pensar en su hermano menor y en la posibilidad de que, cuando llegue el momento de continuar sus estudios, tenga que enfrentar las mismas dificultades.
Por eso el llamado de los jóvenes es sencillo: “Que nos puedan apoyar con un transporte para ya no estar batallando”.

A veces hay… a veces no
Desde El Moral deben recorrer primero alrededor de 4 kilómetros para alcanzar la carretera y después continuar hasta General Cepeda. El trayecto completo puede representar cerca de una hora antes de llegar al plantel.
El sistema improvisado por las familias depende de que cada día exista una camioneta disponible, que se encuentre en condiciones de circular y, sobre todo, que haya dinero para ponerle gasolina.
Cuando alguna de esas piezas falla, quienes terminan pagando las consecuencias son los estudiantes.

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