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Coahuila

De la protoescritura a la escritura

Por Jorge de Jesús 'El Glison'

Hace 8 meses

Retomando el serial de columnas sobre el desarrollo del conocimiento, recordemos que en el texto anterior se desarrolló el tema de la protoescritura, el antecedente de la escritura como un sistema de comunicación escrita.

La invención de la escritura marca la frontera entre la prehistoria y la historia, un salto cognitivo que transformó en muchos sentidos la transmisión del conocimiento humano. La diferencia con la protoescritura reside en que esta se conforma por sistemas simbólicos no lingüísticos, y la escritura como tal, es el registro completo del lenguaje hablado.

Lo interesante y enigmático de este suceso, es el comprender cómo algunas sociedades antiguas superaron la mera representación visual —como sucede con la protoescritura—, para codificar gramática, sonido y abstracción, sentando las bases de la civilización moderna.

Los sistemas protoescriturales surgieron de forma independiente en múltiples culturas, respondiendo a necesidades prácticas y simbólicas. En la Europa paleolítica (20,000 a.C.): Se registran marcas en cuevas como Lascaux (Dordoña, Francia) o Nerja (Málaga, España) registraban ciclos animales mediante líneas, puntos y símbolos “Y”, funcionando como calendarios lunares para la caza. Estos signos, estudiados en 400 cuevas, carecían de vínculo con el lenguaje oral, pero transmitían información fenológica (la fenología es el estudio de las fases o actividades periódicas y repetitivas del ciclo de vida de las plantas y su variación temporal a lo largo del año).

Jiahu, en China, fue un asentamiento neolítico basado en la llanura central de la antigua China, cerca del río Amarillo (6,000 a.C.). Ahí se encontraron inscripciones geométricas en caparazones de tortuga, halladas en tumbas neolíticas, que evocan los posteriores huesos oraculares. Su relación con la escritura china es controvertida: algunos arqueólogos ven un vínculo, mientras otros los consideran meros diseños decorativos.

Los tokens mesopotámicos (8,000 a.C.) eran fichas de arcilla encerradas en “bullae” (envoltorios sellados) que representaban bienes como ovejas o trigo. Las marcas externas en estos contenedores anticiparon el uso de tablillas planas con pictogramas, que fue el puente hacia el estilo cuneiforme.

Los procesos de transición tuvieron que evolucionar de lo concreto a lo abstracto, la transformación de la protoescritura en escritura plena requirió innovaciones conceptuales clave como las siguientes:

a) Mesopotamia: Contabilidad y abstracción fonética (3,400-3,100 a.C.)

Los pictogramas sumerios evolucionaron desde los registros de transacciones, en los que -como comentamos la anterior columna-, un estilete redondeado imprimía números en arcilla (“estadio protocuneiforme”), mientras uno afilado añadía pictogramas de bienes. En el período Jemdet Nasr (3,100 a.C.), estos símbolos adquirieron valores silábicos: el dibujo de una boca (“ka”) pasó a representar el sonido /ka/ en palabras no relacionadas. Este salto de logograma a fonograma permitió codificar gramática y nombres propios, dando nacimiento al cuneiforme.

b) Egipto: Iconografía y poder real (3,250 a.C.) Los jeroglíficos surgieron de etiquetas de marfil en tumbas reales que identificaban bienes funerarios con símbolos de poder: coronas, halcones de Horus. Aunque su estructura difiere de la cuneiforme, el contacto con Mesopotamia pudo transmitir la idea de escribir. Sin embargo, la iconografía profundamente africana (flora/fauna local) respalda un desarrollo autónomo.

c) China: De la adivinación a la lengua (1,250 a.C.) Los símbolos de Jiahu no evolucionaron directamente. La escritura madura emergió en huesos oraculares de la dinastía Shang, donde signos como (árbol) o (sol) combinaban valor pictórico y fonético. A diferencia de Mesopotamia, aquí la escritura nació vinculada a lo religioso, no a la economía.

Los factores habilitantes de la transición fueron varios elementos que catalizaron el cambio hacia la escritura plena:

Necesidad administrativa: En Uruk (Mesopotamia), templos y palacios requerían registrar tributos y redistribuciones. Los tokens y tablillas estandarizaron la contabilidad, centralizando el poder.

Complejidad social: El crecimiento urbano demandó contratos, leyes y genealogías. La escritura egipcia, por ejemplo, consolidó la autoridad faraónica al inmortalizar decretos en piedra.

Innovación técnica: La arcilla mesopotámica y el papiro egipcio fueron soportes dúctiles. El estilo en forma de cuña (cuneiforme) aceleró la escritura, favoreciendo la simplificación de pictogramas a signos abstractos.

Impacto cultural: Más allá de un simple registro, la escritura verdadera revolucionó la cognición y organización humanas

Memoria externa: Textos como el Poema de Gilgamesh o los Textos de las Pirámides trascendieron la oralidad, preservando literatura y mitos.

Control del tiempo: Calendarios egipcios y registros dinásticos crearon conciencia histórica lineal, frente al tiempo cíclico de las sociedades ágrafas.

La transición de protoescritura a escritura no fue lineal ni universal. Mientras en Mesopotamia fue impulsada por el comercio, en Egipto respondió al ritual funerario y en China a la adivinación. Lo crucial fue el salto de símbolos sueltos a sistemas vinculados al lenguaje, capaces de reconstruir enunciados completos. Este proceso transformó la naturaleza del poder, la memoria y el pensamiento abstracto.

 

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