El desarrollo de la escritura no apareció como un destello súbitamente del día a la noche, más bien fue como un lento y extenso amanecer, un largo camino entre la necesidad humana de recordar, comunicar y trascender, y la búsqueda de símbolos que capturaran ese pensamiento. Trascender la fugacidad del sonido oral, (como coloquialmente se dice, “a las palabras se las lleva el viento”), para fijar esas palabras y esas ideas, en un soporte tangible y duradero, fue una de las revoluciones más profundas de la humanidad, sentando las bases de la historia, la administración, la religión organizada y la literatura.
El salto decisivo ocurrió cuando los símbolos empezaron a representar no solo objetos, sino también sonidos del lenguaje hablado.
Entre los años de 3300 a.C. a 1500 a.C., aparecieron los primeros Sistemas Logofonéticos, que combinaban elementos fonéticos (representando sonidos) e ideográficos (representando ideas o conceptos). En este sistema, cada glifo o carácter puede representar tanto una sílaba completa de la lengua como una idea o un concepto
En el imperio Sumerio, en Uruk, Mesopotamia, entre los años 3300 a 3200 a.C., se desarrolló la escritura cuneiforme. Evolucionó de pictogramas dibujados con punzón sobre arcilla húmeda, hacia signos abstractos inicialmente logográficos (un signo=una palabra), rápidamente incorporó principios fonéticos (signos para sílabas) y determinativos (signos que aclaran categorías).
En Egipto, entre el 3200 al 3100 a.C., surgió casi simultáneamente un sistema logofonético sofisticado que combinaba Jeroglíficos Egipcios; Logogramas: Signos que representan palabras enteras (sol, casa); Fonogramas: Signos que representan sonidos consonánticos (unilaterales, biliterales, triliterales). Su creación se atribuye a una élite sacerdotal y administrativa cercana al faraón, posiblemente inspirada por el contacto con Mesopotamia.
En China en el 1500 a.C., los primeros testimonios claros son inscripciones logográficas en huesos oraculares y bronces rituales. Cada carácter representaba generalmente una palabra o morfema monosilábico. Su evolución, basada en principios pictográficos, ideográficos y fonéticos compuestos, es única y continua hasta el chino moderno.
El tiempo exacto del nacimiento de los alfabetos más organizados, es cuestión de polémica todavía. El gran salto hacia la eficiencia y accesibilidad fue la reducción del número de signos al mínimo esencial: los sonidos básicos (fonemas) del habla. En esa época aparece el que es considerado el eslabón crucial. Trabajadores semíticos y/o cananeos que trabajaban en minas egipcias del Sinaí, adaptaron un conjunto reducido de jeroglíficos egipcios, pero les asignaron valores basados en la primera consonante de la palabra semítica para ese objeto (Principio del Acrófono; la acrofonía es un sistema en el que las letras de un alfabeto se nombran con palabras que comienzan con la misma letra, donde la letra inicial de la palabra coincide con la letra que se está nombrando). Así, el jeroglífico egipcio de “casa” (pr) se usó para el sonido /b/ porque “casa” en semítico es bayt. Este sistema, con unos 30 signos puramente consonánticos, fue el primer alfabeto verdadero. Su simplicidad lo hizo revolucionario.
Los fenicios, grandes navegantes y comerciantes del Levante mediterráneo, en 1050 a.C., perfeccionaron y estandarizaron el alfabeto proto-cananeo. Crearon un sistema de 22 signos consonánticos, simple, eficiente y fácil de aprender y escribir. Fue su herramienta comercial por excelencia, difundiéndolo por todo el Mediterráneo a través de sus colonias y rutas mercantiles. Su impacto es incalculable: es el padre directo de casi todos los alfabetos modernos.
En 800 a.C., Los griegos adoptaron el alfabeto fenicio, pero realizaron una innovación fundamental: añadieron vocales. Tomaron algunos signos fenicios que representaban consonantes que no existían en griego y les asignaron el valor de vocales (A, E, I, O). Esto creó el primer alfabeto completo que representaba tanto consonantes como vocales, capturando el sonido del habla con una precisión sin precedentes. Este alfabeto, con sus variantes (occidental/oriental), fue la base de la gran literatura, filosofía y ciencia griegas, y el ancestro del alfabeto latino, cirílico y copto.
Ventajas y aportaciones que nos brinda la invención de la escritura:
Estandarización: La escritura fijó formas gramaticales y léxico, reduciendo la variación dialectal y ayudando a estandarizar las lenguas.
Preservación y Evolución: Permitió conservar lenguas antiguas (sumerio, egipcio) mucho después de dejar de hablarse, y proporcionó un registro para estudiar la evolución lingüística.
Creación de Registros: Dio origen a registros escritos formales distintos del habla coloquial.
Literatura: Posibilitó formas narrativas y poéticas complejas que difícilmente podrían existir solo en la tradición oral.
La invención de la escritura fue un proceso colectivo, anónimo en sus inicios, impulsado por necesidades prácticas (contar, administrar, legislar) y espirituales (adorar, conmemorar).
Los alfabetos, especialmente el fenicio y su descendiente griego, democratizaron relativamente la escritura, haciéndola accesible más allá de una casta sacerdotal o burocrática. Esta tecnología cognitiva fundamental transformó para siempre la organización social, la transmisión del conocimiento, la expresión artística y la propia conciencia histórica.
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