Queridas personas lectoras, en este espacio hablamos mucho, entre otras cosas, de amor, felicidad, sueños y magia. Quien me lee sabe que no me refiero a nada de esotérico. Más bien, comparto en estas líneas la firme convicción de que todas las personas tenemos el derecho a vivir una vida plena y feliz.
Nuestras vidas son las plumas que nos permiten, a todas y todos, escribir la historia más bonita de todas: la nuestra. Sin embargo, si queremos escribir nuestra mejor historia, necesitamos fuerza, disciplina, honestidad, empatía y compromiso, valores que nos permitan superar los obstáculos, las adversidades y los desafíos que se nos crucen en el camino.
Hoy quiero dedicar este espacio a contarles la historia de un gran sueño hecho realidad: me refiero al sueño morado; es decir, la creación y consolidación de la Academia Interamericana de Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de Coahuila, que este año cumple sus primeros 10 años de vida.
Cada gran historia empieza con un sueño. El sueño de nuestro fundador, el Dr. Luis Efrén Ríos Vega, fue muy claro. Desde el principio, su visión era la de crear una institución pública y accesible para todas las personas, capaz de transformar la realidad en la que vivimos con la herramienta más poderosa que tiene la humanidad: la educación.
Invertimos nuestros esfuerzos en nuevas formas de entender, enseñar y aprender el derecho y los derechos humanos, con el objetivo no sólo de fomentar la profesionalización, especialización y alta calidad académica de nuestros programas educativos, publicaciones y eventos, sino también de concebir y vivir el derecho como una medicina social con la capacidad de mejorar la calidad de vida de las personas y la salud de nuestras sociedades.
Todo nuestro quehacer académico se ha guiado por estos valores. Sin embargo, realizar un sueño no es como correr una carrera de 100 metros. Si seguimos con la metáfora deportiva, convertir un sueño en realidad es más como correr una carrera de relevos: hay etapas, avances y retrocesos.
Y ahora, ¿cuáles son los siguientes capítulos de esta gran historia que comenzamos a escribir hace 10 años? En primer lugar, el sueño morado continuará con la consolidación de la familia morada. Pertenecer a ella significa formar parte de un espacio en el que se comparten los valores más profundos e importantes de los derechos humanos.
La familia morada es un espacio de diálogo y apertura, pero, sobre todo, de inclusión y respeto. Aplicamos el concepto de ohana, tomado de la película Lilo y Stitch. Ohana significa familia, y en la familia nadie es abandonado ni olvidado. Esto es lo que pasa en la familia morada: nadie es abandonado ni olvidado. Somos un espacio donde nos preocupamos de que cada persona esté bien y pueda desarrollar el proyecto de vida —personal, profesional, académico, cultural, deportivo o social— que le brinde felicidad y paz interior.
El segundo escalón en la construcción del sueño morado es la consolidación de nuestra institución en el estado. Sí, nuestra historia comenzó como una respuesta a la grave crisis de derechos humanos en la región. A pesar de que todavía existen violaciones graves a los derechos humanos, los avances han sido importantes y son evidentes.
Quizá el camino por recorrer aún sea largo, pero el compromiso de la Academia es seguir transformando la realidad social y fortaleciendo una institucionalidad sólida y democrática, comprometida con los derechos de todas las personas, mediante la formación de agentes de cambio social preparados, empáticos y sensibles que luchan por que la dignidad de todas las personas sea respetada y protegida.
Finalmente, el sueño morado no sería posible sin mirar más allá de las fronteras. No vivimos aislados. Nunca antes el mundo había estado tan interconectado. La globalización, las redes sociales, la Inteligencia Artificial y los nuevos desafíos tecnológicos han derribado fronteras, acercando a las personas y sus realidades, tanto para bien como para mal. En estos tiempos, la internacionalización es clave para crear redes, alianzas y equipos y, lo sabemos muy bien, la unión hace la fuerza. Y hoy, en tiempos tan desafiantes, lo necesitamos más que nunca.
Hoy, 10 años después de su creación, la AIDH es ya un sueño hecho realidad. ¿Fue magia? Yo creo que sí. Pero quizá no es la magia que podrían imaginar. No hubo ninguna varita mágica como la de Harry Potter. Entonces, ¿cuál fue la receta? Compromiso, esfuerzo, disciplina, trabajo, honestidad y lealtad a la causa. Esos fueron los ingredientes “mágicos” que nos permitieron convertir ese sueño en realidad.
Gracias a ellos, sí, hicimos magia. Pero no cualquier magia: hicimos magia morada.
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