Espectáculos
Publicado el domingo, 17 de junio del 2012 a las 14:04
Saltillo, Coah.- Cuenta Benito Taibo que muchos hijos de padres importantes se quejan de lo que les pesó el nombre de su predecesor. Él no se lamenta en lo absoluto. Al contrario, recuerda su infancia y su iniciación literaria con gran emoción y nostalgia. En su casa se escuchaba siempre el ruido de la máquina de escribir. Los libros eran el tema de conversación y abstraerse de eso fue una tarea imposible. El escritor menciona que su hogar era como un espacio mágico en el que imperaban las letras, una patria en la que se podía ser feliz. “Si pesaba la influencia de papá, siempre pesaba del lado bueno de la espalda”, declaró el autor de “Polvo”.
Hoy, por ser Día del Padre, Zócalo te presenta la historia de Paco Ignacio Taibo II y Benito Taibo, dos escritores destacados que hablan sobre la relación con su “jefe”, como ellos le llaman a Paco Ignacio Taibo I, otra gran figura en el mundo literario. “Conservamos y llevamos con orgullo esa marca, ese destino, esa lógica, esa forma de ser y de ver al mundo porque no solamente mi padre nos influyó en la literatura, sino también en lo social y sobre todo en lo que tenía que ver con las relaciones con los demás, no mirar nunca al otro o a los otros de manera despreciativa o mala, siempre brindar el beneficio de la duda, escuchar antes de opinar, estar del lado de las causas más justas y nobles que se pudiera”, relató Benito.
“Papá era un tipo muy serio en el sentido de que escribía todos los días de manera absolutamente profesional, investigaba todo el tiempo, pasaba larguísimas horas en su estudio escribiendo, investigando, informando, aprendiendo constantemente hasta ya muy avanzada edad y de alguna otra manera soy diferente porque mis condiciones de vida son diferentes. Yo tengo un trabajo de 10 horas diarias más la cantidad de cosas en las que me meto todo el tiempo, lo que sí aprendí de él es la disciplina. Yo me levanto todos los días y escribo por lo menos una hora, hora y media, el tiempo que pueda, cada vez que tengo un rato para escribir. La diferencia esencial es que él era mucho mejor escritor que yo”.
Paco Ignacio Taibo II, por otro lado, comentó a Zócalo que la influencia de su padre fue muy grande. “Él me formó no sólo como escritor, sino también políticamente fue el gran dinamizador. Papá es una figura muy importante en mi vida en cuanto a construir una manera de entender la literatura y del mismo modo la apreciación y análisis de la política. El jefe es el jefe”.
El amor al periodismo como uno de los oficios más bellos del mundo, fue otro de los valores que el padre enseñó a sus hijos. Benito lo define como un vehículo, un pequeño puente para que la verdad y la justicia salieran a la luz, un “ser ojos y oídos de quienes no pudieron estar ahí”. Paco Ignacio Taibo II relató que él empezó a los 15 años a escribir en un periódico haciendo los pies de foto. “Mi padre me dio la primera gran lección, me dijo: ‘lo que se ve en la foto no lo tienes que contar sino lo que no se ve, lo que está detrás’. He sido periodista, he dirigido revistas y he colaborado en periódicos y soy alguien que confía en la infantería de los medios”.
Vida literaria
A los 12 años, Benito Taibo se acercó a su padre y le dijo: “jefe, ya sé que quiero hacer en la vida. Quiero ser lector”. Paco Ignacio Taibo I se rió muchísimo. “Me contestó que es una muy bonita idea pero que de eso no iba a vivir. Entonces me fui a mi cuarto bastante apesadumbrado por ese motivo y me volví media hora después para decirle, ‘ok, entonces quiero ser escritor. Él dijo: ‘Benito, de eso tampoco se va a poder vivir’”, platicó entre risas. “A la larga y con el tiempo nos dimos cuenta que sí se podía vivir”.
El escritor no oculta su nostalgia y el orgullo por su padre. “Siento que está vivo porque sus letras así lo demuestran, siento que sus artículos periodísticos, en estos tiempos difíciles, terribles y vanales, siguen siendo absolutamente vigentes. Mi padre fue mucho más que un liberal y siempre estaba aportando, con lo que escribía, la posibilidad de las cosas dignas y justas que estaban alrededor, de estar en ese lado de la trinchera”.
“Mi padre tenía una referencia literaria y una referencia del mundo, era maravilloso, divertido y espectacular y yo creo que seguimos siendo esa misma familia que con la ausencia de élm lo que ha hecho es simplemente amalgamarse más, convertirse en más fuerte, más sólida. Pensamos todos muy similar, creemos en la justicia social, en la literatura como tabla de salvación frente al naufragio, estamos convencidos de lo que hacemos”.
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