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Publicado el domingo, 15 de junio del 2025 a las 21:23
Ciudad de México.- Los zapatos pueden acumular cientos de miles de bacterias por centímetro cuadrado, de acuerdo con Jonathan Sexton, microbiólogo de la Universidad de Arizona.
Las suelas, en contacto constante con el entorno, actúan como superficie recolectora de microorganismos, incluidos agentes potencialmente patógenos.
Investigaciones recientes han demostrado que hasta el 96% de las suelas analizadas contenían Escherichia coli, una bacteria fecal que, en algunas de sus cepas, puede provocar diarrea, infecciones urinarias e incluso meningitis.
Otros estudios también han hallado la presencia de Staphylococcus aureus, relacionada con infecciones resistentes a antibióticos, y Clostridium difficile, una bacteria de larga duración vinculada a problemas intestinales severos.
Un estudio publicado en Anaerobe en 2014 examinó 30 hogares en Houston, Texas, y encontró que los zapatos acumulaban más C. difficile que otros objetos domésticos, incluida la taza del inodoro.
A pesar de estos hallazgos, los expertos coinciden en que para la población sana el riesgo de enfermedad es mínimo.
Kevin Garey, profesor de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Houston y autor del estudio, señala que el peligro es mayor para personas inmunodeprimidas o pacientes recién hospitalizados, quienes podrían ser más susceptibles a infecciones por estos microorganismos.
Aunque las bacterias del suelo podrían mezclarse con vapor de agua y llegar al aire, la exposición directa en adultos sin condiciones médicas no representa un motivo de alarma, recalcan los investigadores.
Para personas con sistemas inmunológicos comprometidos o familias con bebés, los expertos sugieren tomar algunas medidas:
Dejar los zapatos en la entrada.
Limpiarlos regularmente con toallitas desinfectantes o una mezcla de vinagre blanco y agua aplicada con paño.
Usar sprays con clorhexidina o alcohol isopropílico si hay personas vulnerables en casa.
Colocar un felpudo afuera y una alfombra absorbente adentro, sacudiéndolos y aspirándolos con frecuencia.
Sexton concluye que no hay necesidad de obsesionarse, pero sí conviene adoptar buenas prácticas básicas de higiene.
“Siempre es bueno tomar precauciones, pero no creo que haya que obsesionarse con ello”, añade.
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