Coahuila
Hace 8 meses
Durante décadas, la orientación vocacional universitaria se ha abordado como un trámite más dentro del sistema formativo: pláticas, una entrevista, un cuestionario, el resultado que encasilla los intereses en cinco o seis profesiones posibles y elegir una carrera. Sin embargo, esa fórmula ya no responde a los desafíos del presente. Hoy, con un mercado laboral cambiante y una juventud cada vez más consciente de sus aspiraciones personales, se vuelve urgente replantear los esquemas tradicionales y abrir paso a modelos más reales, vivenciales y con significado.
La semana pasada inició la 5ª edición del Taller de Juicios Orales en materia penal de la Facultad de Jurisprudencia y el Poder Judicial del Estado de Coahuila, en alianza con los bachilleratos de Saltillo de Universidad Autónoma de Coahuila, una experiencia diseñada para los aspirantes a estudiantes de Derecho que exploran su futuro profesional y se inclinan al llamado hacia el derecho, la justicia y el compromiso social. Se diseña en material penal, porque se tiene claridad que es la materia preferida de los estudiantes de Derecho durante sus estudios de licenciatura. En la casa de estudios de las y los abogados de Coahuila estamos convencidos de que más allá de los muros físicos, las fronteras se rompen con ideas, con preparación y con pasión, por eso se abren las puertas para conocer de primera mano el funcionamiento teórico y práctico del sistema penal acusatorio.
La vocación no se encuentra en una hoja de papel. Se descubre en la práctica, en el contacto con la realidad profesional y en el enfrentamiento con los dilemas cotidianos de una disciplina. En este nuevo paradigma, las instituciones educativas que verdaderamente apuestan por la formación integral de sus estudiantes han comenzado a implementar esquemas innovadores de orientación vocacional que colocan la experiencia al centro, ya no se trata sólo de hablar sobre una carrera, sino de vivirla, de encantarse o desencantarse de ella.
Programas como talleres inmersivos, audiencias reales, clínicas jurídicas, visitas a las instituciones o diálogos con egresados han cobrado fuerza como herramientas clave para el estudio del Derecho. Estas estrategias permiten que los jóvenes de bachilleratos no sólo escuchen qué hace un abogado, sino que lo vean y lo experimenten en carne propia en una de sus facetas. En muchos casos, estos primeros acercamientos son determinantes para confirmar una vocación o, incluso para descubrir que la carrera ideal es otra completamente distinta.
La importancia de estos nuevos esquemas radica en que permiten que el proceso de elección sea más informado, más reflexivo y más auténtico. Al vivir de cerca las dinámicas reales de una profesión, los estudiantes comprenden tanto sus retos como sus satisfacciones. Dejan de idealizar la carrera y comienzan a verla como lo que es: una ruta de vida que exige compromiso, pasión y sentido.
La orientación vocacional, desde la práctica también contribuye a combatir uno de los principales males del sistema universitario: la deserción. Muchos jóvenes abandonan sus estudios porque eligieron una carrera que no comprendieron y la desconexión entre las expectativas y la realidad profesional provoca frustración y desapego. Pero cuando se toma la decisión a conciencia, se reducen estos riesgos y se fortalece el vínculo vocacional.
En suma, la orientación vocacional debe evolucionar. Es tiempo de dejar atrás los modelos estáticos y dar paso a una formación dinámica, abierta al descubrimiento. Los jóvenes no necesitan que se les diga qué estudiar; necesitan espacios para explorar, para equivocarse, para sorprenderse. La verdadera vocación no se impone: se encuentra y sólo puede encontrarse en el terreno de lo real
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