Nacional

Publicado el martes, 27 de octubre del 2026 a las 12:20
Ciudad de México.- En la red de complicidades que Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo, tejió a lo largo de su trayectoria criminal, hay un hombre que resalta por el papel que jugó para consolidar el poderío del capo y, años más tarde, hundirlo ante autoridades de Estados Unidos.
Se trata de Dámaso López Núñez, alias El Licenciado, un culiacanense que, después de trabajar en las instituciones de seguridad, se desempeñó durante más de una década como uno de los principales operadores del Cártel de Sinaloa.
El primer acercamiento entre ambos personajes es rastreable hasta finales de la década de los años noventa, cuando El Chapo estaba preso en el Centro Federal de Readaptación Social (Cefereso) Número 2 de Puente Grande, Jalisco, y El Licenciado era subdirector de seguridad y custodia del recinto.
Después de su primera captura en 1993, Guzmán Loera cumplía una sentencia de 20 años y nueve meses de prisión por delitos como asociación delictuosa, homicidio y narcotráfico.
Según datos revelados por el Órgano Administrativo Desconcentrado Prevención y Readaptación social (OADPRS), El Licenciado entró a trabajar al penal de Puente Grande sin ser sometido a exámenes psicométricos ni de confiabilidad debido a que no eran pruebas comunes en esa época.
Documentos de la extinta Secretaría de Seguridad Pública federal refieren que Dámaso López Núñez trabajó como alto mando del área de Seguridad Interna del penal entre 1999 y finales del año 2000. Durante ese tiempo, según los reportes disponibles, recibió regalos de El Chapo a cambio de favores relacionados con su vestimenta e incluso con el ingreso de mujeres al centro penitenciario.
El 19 de enero de 2001, apenas unos meses después de la renuncia de El Licenciado, Guzmán Loera se evadió del penal jalisciense escondido en un carrito de lavandería, según la versión oficial. Uno de los principales artífices de dicho escape habría sido, precisamente, Dámaso López Núñez.
Detalles presentados en la serie documental Operación Cisne Negro, estrenada en la plataforma ViX, sugieren que El Licenciado pudo haber sido relevante también en la segunda fuga de El Chapo, ocurrida en el Cefereso Número 1 del Altiplano, en el Estado de México, en julio de 2015.
Lo anterior se debe a que la arquitectura del penal del Altiplano es idéntica a la que tenía el centro penitenciario de Puente Grande, según reconoció el excomisionado nacional de seguridad, Monte Alejandro Rubido García.
El conocimiento que El Licenciado tenía sobre la prisión jalisciense y la distribución de las celdas habría sido clave para orquestar su evasión del Altiplano. “Suponemos que cuando se fugó de Puente Grande, ahí se llevaron los planos“, expuso Rubido García en una entrevista para la serie.
Las investigaciones iniciadas en Estados Unidos contra el Cártel de Sinaloa señalan que la participación activa de El Licenciado en labores vinculadas al tráfico de drogas son rastreables al menos hasta el año 2003.
En esa época, según una acusación radicada en el Distrito Este de Virginia, Dámaso López Núñez y su hijo, Dámaso López Serrano (El Mini Lic) confabularon para orquestar el trasiego de cocaína a través de diversos países, incluidos Colombia, Costa Rica, Honduras, Guatemala, Panamá y México.
Un expediente distinto, pero alojado en la misma Corte, reveló que la influencia de El Licenciado también se había extendido a Perú y contemplaba no sólo el tráfico de cocaína, sino también operaciones para transferir recursos monetarios de Estados Unidos a otros países.
Con el paso de los años, El Licenciado y El Chapo forjaron una relación de compadrazgo, fortalecida por la cercanía entre El Mini Lic y los hijos de Guzmán Loera, conocidos como Los Chapitos.
Como informó MILENIO en su momento, Dámaso López Núñez reveló que aceptó colaborar en las actividades criminales de El Chapo debido a la imposibilidad de encontrar trabajo tras su salida del penal de Puente Grande.
Inicialmente, se encargó de conseguir casas y ranchos para facilitar las operaciones del capo, pero eventualmente asumió el liderazgo en la logística y negociaciones con proveedores de droga colombianos.
Tras la última captura de El Chapo en enero de 2016, el liderazgo que ostentaba dentro del cártel recayó en sus hijos y en sus socios, incluidos El Licenciado e Ismael Zambada García, El Mayo.
Aquel vacío de poder provocó una ruptura en el grupo criminal que no tuvo arreglo. Joaquín Guzmán López, uno de Los Chapitos, reconoció en diciembre de 2025 que él y sus hermanos lograron incrementar su control dentro del Cártel de Sinaloa a punta de violencia y amenazas contra Dámaso López Núñez, su familia y colaboradores.
En julio de 2018, más de un año después de su arresto, El Licenciado fue extraditado a Estados Unidos, en donde posteriormente participó como uno de los testigos clave que hundieron a Guzmán Loera y lo llevaron a enfrentar una sentencia de cadena perpetua.
Documentos del juicio contra El Chapo consultados por MILENIO refieren que, entre otras cosas, El Licenciado habló sobre el uso de submarinos para las operaciones de narcotráfico coordinadas por El Chapo y El Mayo, así como de la orden que Guzmán Loera dio para asesinar a uno de sus primos, Juan Guzmán Rocha, al darse cuenta de que le había mentido.
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