Nacional

Publicado el domingo, 28 de febrero del 2021 a las 09:24
Ciudad de México.- Desde las pequeñas hasta las grandes, durante la emergencia sanitaria, las escuelas privadas lidian con conservar a su matrícula y, en muchas ocasiones, incluso sus propias sedes para seguir impartiendo clases.
De acuerdo con la encuesta El Impacto de Covid-19 Desde la Voz de los Colegios Particulares, realizada por la Confederación Nacional de las Escuelas Privadas (CNEP), la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México y el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), apunta a que, en promedio, los colegios privados perderán a 18% de sus alumnos.
En entrevista, Luis Medina Gual, coordinador del Doctorado Interinstitucional en Educación de la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, y uno de los coordinadores de la encuesta, especifica que el ejercicio se realizó durante los meses de octubre, noviembre e inicios de diciembre. Fue aplicada a 333 escuelas de la CNEP de diversas entidades de la República y los que contestaron fueron directores o coordinadores.
El especialista señala que, de estos colegios, algunos fueron pequeños (de menos de 100 personas), o grandes (de más de 2 mil personas) y su población va del socioeconómico alto a bajo.
Entre los datos obtenidos de este trabajo conjunto, surge la estimación promedio del 18.4 por ciento de pérdida de matrícula a nivel nacional.
“ Ahora, esto se traduce ponderado por el número de estudiantes que tiene cada institución, se traduce en una cantidad de 38.8 estudiantes en promedio que van a perder los colegios particulares siendo que si tú lo quieres ver, por ejemplo; hay 10% de colegios que van a perder de 82 en adelante de estudiantes”, ejemplifica.
Gual detalla que las pérdidas son diferentes según cada nivel educativo. En el caso de preescolar asciende al 20.5%; el de primaria a 17.7; secundaria 15.9 y preparatoria 13.2 por ciento.
“ Si tú lo quieres ver de alguna manera, las escuelas que tienen mayor probabilidad (de deserción), son pequeñas que atienden a menos de 100 familias y que atienden a preescolares o a primarias, que solamente atienden a un nivel educativo”, dice.
Sobre el destino de los estudiantes que dejan la escuela, comenta que la mayoría contestó que iría a escuelas públicas.
“ En realidad no se están yendo a otras particulares de menores costos o homeschooling o esas cosas, no, sino que la mayoría afirma que se van a instituciones públicas. Ahora, lo curioso es que también mencionan que los alumnos que les están llegando la mayoría vienen de otras particulares similares, entonces también hay una migración digamos de particular en particular”, expone.
Esto, pese a que según la encuesta, el 99.9 por ciento de los colegios privados esté otorgando algún tipo de ayuda económica a su población escolar.
En el limbo
En tiempos de emergencia sanitaria, los alumnos aún no saben cuando regresarán a las aulas. Además de ello persiste la incertidumbre de en qué estado están los planteles tras más de 10 meses de abandono.
A través del programa La Escuela es Nuestra, se pueden destinar recursos a diversas necesidades de planteles escolares.
Desde 2019 tiene como objetivo general asignar subsidios para mejorar las condiciones de la infraestructura y el equipamiento de los planteles públicos de educación básica, priorizando los ubicados en zonas de muy alta y alta marginación y localidades de población indígena.
El 26 de enero en el Diario Oficial de la Federación se emitieron los lineamientos para la operación de éste.
Especialistas aseguran que, pese a ello, quedan diversas dudas sobre cómo se va a operar, sobre todo ante un eventual retorno y diversas necesidades como insumos de protección, gel, jabón, servicios y el necesario mantenimiento ante descuidos, falta de actividad y la reducción de fondos para el programa Escuelas de Tiempo Completo, que además contemplaba fondos para alimentar a alumnos de bajos recursos.
Va más allá
La tragedia va mucho más allá de las cifras con decenas de miles de familias enlutadas y un sector médico, primordial para combatir la pandemia, terriblemente azotado pues se estima que más de 3 mil sanitarios murieron en el primer año de esta crisis.
Mariana Cruz es una enfermera, de 35 años, que tuvo la enfermedad y llegó a requerir oxígeno aislada en su casa.
Se recuperó y hoy atiende a positivos de covid en un quiosco de pruebas gratuitas de Nezahualcóyotl, un municipio tradicionalmente obrero y vecino de la capital mexicana, que es el centro de la tragedia.
“ Ya no quería regresar, tenía demasiado miedo”, contó la mujer, que trabajando en hospitales ha visto gente muy joven sucumbir al virus.
Tormenta perfecta
La economía se desplomó un 8.2% en 2020 como en otros países de la región, aunque lejos de la caída de –tan solo– 3.5% de Estados Unidos.
Pero México ya estaba en recesión en 2019 cuando su PIB cayó 0.1%, por lo que remontar será más complejo. Este 2021 se espera un alza de entre 3 y 5%, alrededor de la mitad de la caída del año anterior.
Aunque el Gobierno federal nunca decretó la cuarentena obligatoria para no afectar a millones de trabajadores informales se cerraron todas las actividades no esenciales en abril y mayo.
Y con la “nueva normalidad” de junio arrancó una cautelosa apertura económica que ha sido una montaña rusa.
Dirección errática
La falta de pruebas, el subregistro de casos y la ausencia de una cuarentena estricta preocuparon a parte de la ciudadanía desde el principio.
También las salidas de tono del presidente Andrés Manuel López Obrador y, sobre todo, unas estimaciones que hoy parecen de muy mal gusto. A fines de abril del 2020, el zar contra el coronavirus, Hugo López-Gatell, llegó a hablar de un máximo de 8 mil muertos.
López Obrador enfermó de Covid-19 el 24 de enero y, tras pasarlo en casa (en el Palacio Nacional) con síntomas leves, regresó sin mascarilla y dejó algunas frases muy criticadas: “¿Por qué me contagié? Porque tengo que trabajar como millones de mexicanos, ni modo que me quedara todo el tiempo encerrado”.
Quizás por esta máxima presidencial, buena parte del Gabinete de López Obrador se contagió. El almirante Rafael Ojeda, secretario de Marina, incluso dos veces.
Con información de Agencia Reforma, EFE y El Universal
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