Coahuila

Publicado el sábado, 18 de julio del 2026 a las 04:40
Saltillo, Coah.- Los secretos mejor guardados del cretácico quedaron expuestos a través del excremento y el vómito fosilizado de dinosaurios y otros animales que habitaron Coahuila hace 72 millones de años.
En el Laboratorio de Paleontología de la Benemérita Escuela Normal de Coahuila (BENC), la especialista Belinda Espinosa Chávez sostiene el pasado entre sus manos: fósiles, clasificados como bromalitos, que representan una ventana en el tiempo.
A través del análisis de 252 ejemplares se logró reconstruir parte de la vida cotidiana de los animales que habitaron en la región, poco antes de la extinción de los dinosaurios.
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Son los desechos orgánicos producidos por organismos del pasado. Algo súper interesante porque nos ayuda a reconstruir desde qué comían, con quiénes vivían, qué vegetación estaba alrededor, e incluso, al parecer, ciertos padecimientos que tenían”, detalló.
La especialista informó que localizaron heces y regurgitaciones con distinto tamaño, textura, forma y composición. Algunas lisas, otras alargadas, con estrías o enrolladas.
Estas características permitieron determinar que provenían de diferentes organismos como antiguos tiburones, rayas, peces, cocodrilos, tortugas, lagartijas y pequeños dinosaurios terópodos.

Único en el mundo
Entre los hallazgos destaca la identificación de nuevas formas de coprolitos (excremento fosilizado) jamás descritas en el mundo.
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Dentro de estos diferentes morfotipos, se encuentran tres de ellas que no han sido descritas en ninguna lugar del mundo. Son tres nuevos morfotipos de Coahuila para el mundo en Coprolitos específicamente”, puntualizó.
Son piezas únicas, aportación de Coahuila para la ciencia global, y como si fuera poco, las entrañas de
una de las piezas estudiadas guardaban un misterio microscópico, lo que parece ser el huevo de un parásito intestinal prehistórico.
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Dentro de uno de los coprolitos hay algo que parece ser el huevo de un parásito, pero estamos en proceso de corroborarlo”, especificó con cautela la especialista.

Un análisis detallado
Para reconstruir el entramado ecológico no bastó una mirada superficial. Fue necesario realizar láminas delgadas de los fósiles para observar su intimidad bajo el microscopio.
Lo que permitió observar interacciones ecológicas complejas, como marcas de mordeduras y restos orgánicos, que aportan información sobre la cadena alimenticia de la época.
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Tenemos incrustaciones de semillas que se ven muy claramente, tenemos incrustaciones de huesos, tenemos incrustaciones de partes de plantas porque se les hicieron láminas delgadas”, indicó.

Buscan las piezas
Este viaje al pasado no ocurrió de la noche a la mañana, fue fruto de más de 20 años de recolección de material fósil en la Formación Cerro del Pueblo.
Este material permaneció resguardado en la colección del Museo de paleontología de la Benemérita Escuela Normal de Coahuila (BENC) hasta tener una muestra significativa para garantizar la relevancia científica de las conclusiones.
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El material pertenece a la formación Cerro del Pueblo, que sabemos que está localizada aquí alrededor de las áreas de Saltillo, General Cepeda, alguna partecita de Ramos Arizpe, que es donde se han encontrado la mayor parte de restos de dinosaurios y de fauna”, manifestó.
Estos descubrimientos quedaron plasmados en el artículo científico Explorando la paleoecología y la tafonomía de las bromalitas del cretácico superior de la formación Cerro del Pueblo, norte de México.
Participaron investigadores de distintas instituciones como la Universidad de Sonora, la Universidad Autónoma de México (UNAM), y la Benemérita Escuela Normal de Coahuila (BENC).
Los autores del trabajo son Paula Eglé Mungarro González, Claudia Inés Serrano Brañas, Belinda Espinosa Chávez, María Cristina Peñalba, Iván Espinoza-Encinas y Armando Varela-Romero.

A través del tiempo
Los bromalitos, que incluyen excrementos y otros restos digestivos fósiles, son auténticas cápsulas del tiempo, pues permiten reconstruir ecosistemas antiguos y cadenas tróficas complejas mediante evidencias directas:
Diversidad de productores: a través de 18 morfotipos (cilíndricos, espirales, sinuosos y estriados), se identificaron posibles rastros de dinosaurios terópodos, tiburones, cocodrilos y tortugas.
Interacciones ecológicas: las inclusiones óseas y restos vegetales evidencian relaciones directas de depredador-presa y hábitos herbívoros.
Comportamientos insólitos: las marcas de bioerosión sugieren que algunos organismos se alimentaban de excrementos (coprofagia), mientras que la identificación de un probable regurgitalito aporta luz sobre materiales vomitados por animales prehistóricos.
Ubicación: la coloración, fragmentación y preservación de estas piezas indican que se depositaron en planicies de inundación y zonas deltaicas, bajo un clima tropical y húmedo.
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