Tecnología

Publicado el lunes, 4 de agosto del 2025 a las 19:41
Ciudad de México.- Un equipo de investigación de la Universidad Northwestern, en Estados Unidos, ha identificado la existencia de estructuras clandestinas que operan como redes organizadas para falsificar el proceso científico, según un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences. Estas agrupaciones, descritas como equivalentes a organizaciones criminales, actúan de forma coordinada para insertar en el circuito académico miles de artículos fabricados, erosionando la credibilidad de la producción científica.
El análisis fue liderado por el investigador Luís A. N. Amaral, quien advirtió que el fenómeno ha crecido a tal velocidad que el volumen de publicaciones fraudulentas ya comienza a superar al de los estudios legítimos. Esta dinámica, señaló, representa una amenaza para la integridad científica, sobre todo en un escenario donde la inteligencia artificial generativa puede aprovechar esos contenidos falsos para replicarlos y multiplicarlos.
Los investigadores examinaron bases de datos de artículos retractados, registros editoriales, metadatos, revistas eliminadas de índices por razones éticas y casos de manipulación de imágenes, entre otras fuentes. A partir de ello, detectaron la operación de las llamadas “fábricas de papel”, empresas que producen textos científicos por encargo, muchas veces con información inventada, plagios o afirmaciones imposibles, que luego son vendidos a académicos con fines de promoción profesional.
Una de las prácticas más comunes incluye la venta de puestos de autoría, con tarifas diferenciadas según el lugar que se ocupa en la lista de autores. En algunos casos, también se detectaron mecanismos para garantizar la aceptación automática de artículos mediante sistemas de revisión por pares fraudulentos. Estos esquemas han sido utilizados para simular reputaciones científicas construidas sobre trabajos inexistentes.
El investigador Reese Richardson, primer autor del estudio, explicó que estas redes aprovechan brechas en los sistemas de control editorial, especialmente en áreas de conocimiento poco vigiladas, y recurren incluso al secuestro de dominios de revistas que han dejado de operar. Un caso ilustrativo es el de la revista HIV Nursing, cuyo dominio fue comprado por un grupo que comenzó a publicar miles de artículos ajenos a su área original.
Los autores consideran que este fenómeno representa un reto urgente para la comunidad científica. Amaral subrayó que no se trata de una crítica a la ciencia, sino de un esfuerzo por defender su valor frente a actores maliciosos. Afirmó que si no se toman medidas, el riesgo es que la confianza pública en el conocimiento científico se vea seriamente comprometida.
El uso de inteligencia artificial agrava el problema. Si los modelos se entrenan con datos contaminados por publicaciones fraudulentas, podrían convertirse en reproductores automáticos de falsedades con apariencia de rigor académico, advirtió el equipo.
Lejos de ser un fenómeno marginal, las redes detectadas muestran un funcionamiento sofisticado, resiliente y en expansión, lo que convierte esta alerta en una advertencia de alcance global. Para los investigadores, el desafío no es solo técnico o editorial, sino ético y estructural.
“Este ha sido el proyecto más desmoralizante en el que he trabajado, pero si creemos que la ciencia es importante, tenemos que luchar por ella”, concluyó Amaral
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