En la aurora, la Armada de México se alza como guardiana de la costa. Sus buques cortan la sal y rompen el silencio del horizonte. Bandera en alto y el pulso del mar marcando la jornada. Corbetas, patrulleras y lanchas rápidas cruzan la bruma. Protegen puertos, vigilan rutas y rescatan a navegantes perdidos.
Cada 23 de noviembre en nuestro país se celebra el Día de la Armada de México, conmemorando la rendición de las tropas españolas en la fortaleza de San Juan de Ulúa en 1825. El capitán defragata Pedro Sainz de Baranda, obtiene la victoria sobre el último reducto español que se negaba a reconocer la Independencia de México.
Esta memoria se vuelve brújula y recordatorio de que la soberanía se sostiene gracias a quienes navegan entre la disciplina y la fragilidad del oleaje. Hoy, el sonar de la sirena de los buques del país parecerá un latido en el que la Nación, una vez más, se reconoce a partir de su mar.
La historia de la Armada de México se remonta, como institución, a la consumación de la independencia en 1821, cuando se fundó el Ministerio de Guerra y Marina. Ahí nace la necesidad de defender el territorio de la recién nacida nación.
Sus funciones, determinadas por la Constitución y por la misión histórica de proteger la vida y la navegación, no se limitan a lo que se ve. Se asientan en historias de alerta y de calma, en historias de rescates que no siempre llegan a los titulares, pero que sostienen la fe de las personas cuando el paisaje de sal y viento se vuelve inhóspito.
La vida en el mar es una lección continua de límites: los límites del agua, los límites de la noche, los límites de la tecnología que muchas veces parece querer vencer a la naturaleza, y en esa conversación, emerge la idea de que la Armada no sólo protege el territorio, también protege a las familias que esperan en calma el regreso de quienes zarparon con la promesa de volver.
La Armada ha desempeñado un papel crucial en la defensa del país, desde su fundación hasta la actualidad, y sus obligaciones incluyen la vigilancia de rutas, el rescate de personas en peligro y la cooperación en la seguridad regional.
La salvaguardia de las aguas mexicanas también depende de alianzas: con países vecinos, con organismos regionales y con la sociedad civil. La Armada, en su labor cotidiana, se convierte en puente: entre puerto y ruta, entre tradición y tecnología, entre memoria y futuro.
Hoy, 23 de noviembre, México escucha el rumor del mar y se detiene a contemplar a su Armada, con la mirada que se reserva para los guardianes de la costa, pero la Armada es, de cierto modo, acercarse a la memoria y a la cultura ancestral de la navegación en nuestro país, pues los mayas y los mexicas llegaron a ser conocidos como extraordinarios navegantes y combatientes navales.
Por ello, el Día de la Armada de México es una oportunidad para reflexionar sobre la importancia de esta institución en la historia y la seguridad de la patria. La Armada ha demostrado su compromiso con la defensa de la soberanía y la protección de la vida y los bienes de los mexicanos.
Pero también nos obliga a reconocer a quienes navegan en la niebla y ya no están para contarlo, a agradecer a quienes viven entre la sal y la miel de las primeras luces del alba, a entender que la seguridad no se da por garantizada, sino por construida día a día, con valentía, con ética y con protocolos, que no admiten excusas cuando la vida de alguien está en juego.
Que el Día de la Armada de México nos recuerde quién cuida las aguas del país, pero que además nos haga conscientes de que ese cuidado es una promesa compartida de mirar hacia adelante sin perder de vista lo esencial de lo que es la vida en comunidad y que el bien común sólo se puede sostener desde la costa, desde el puerto y desde el corazón de cada mexicano.
Más sobre esta sección Más en Coahuila